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CRÓNICA

Los omaticayas cobran vida en el Sant Jordi

El Cirque du Soleil recrea el universo 'Avatar', en un espectáculo de gran impacto visual que transporta al público al mundo de Pandora

Natàlia Queralt

Un momento del espectáculo Toruk en el Palau Sant Jordi.

Un momento del espectáculo Toruk en el Palau Sant Jordi. / MARTÍ FRADERA

El Palau Sant Jordi se tiñe de azul. La voz en ‘off’ de un narrador omaticaya comienza a hilvanar la historia –en español y con subtítulos en inglés– que el Cirque du Soleil ha venido a contar. Y, de repente, los omaticayas toman el escenario: bajan por las lianas, chillan en su lengua Na’vi y se mueven como si los personajes del filme de James Cameron hubieran cobrado vida. Con un espectacular número de percusión y contorsionismo empieza 'Toruk. El primer vuelo', que sitúa su acción 3.000 años antes de la llegada de los humanos a Pandora.

Los personajes principales son Ralu, Entu y Tsyal quienes deberán encontrar los cinco talismanes para salvar a su pueblo de una inminente catástrofe natural. Ya sea por la fusión de efectos especiales con una escenografía de última generación o por el gran trabajo de mimetización llevado a cabo por los artistas, el espectador se zambulle de lleno en el ‘show’, que produce un gran impacto visual.

Se suceden los números de contorsionismo, equilibrismo y acrobacias que, por primera vez, incluyen manipulación por parte de los intérpretes de cometas que vuelan (sin aire) y boomerangs luminosos que retornan al lanzador de forma, aparentemente, mágica. Sin embargo, la verdadera protagonista del espectáculo es la historia que cuenta el narrador. Toruk. El primer vuelo es probablemente el primer ‘show’ en que la compañía canadiense se dedica a explicar una historia con un principio, cuerpo y desenlace.

Dragón volador

Uno de los momentos estelares es precisamente el primer vuelo de Toruk, una especie de dragón anaranjado, que mide más de 12 metros con sus alas desplegadas y que planea sobre el escenario. Los más devotos de la taquillera ‘Avatar’ reconocerán la trascendencia del momento en que ‘toruk makto’ logra conectarse con la criatura. Con menos acrobacias y más peso del hilo argumental y los efectos visuales, el Cirque du Soleil recrea vívidamente el mundo de Pandora en el Sant Jordi.

Lo de la aplicación interactiva ya es otra historia. Mientras una pequeña parte de los espectadores interactuaban con el ‘show’ cuando recibían las notificaciones, el resto intentaba descargarse la aplicación lo más rápido posible para no perderse parte de lo que sí estaba sucediendo (en el mundo real, no digital). Moraleja: descárguense la aplicación antes del espectáculo.