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ENTREVISTA

Ajo: "Me falta un milímetro para coger una metralleta"

La micropoetisa madrileña se alía con Judit Farrés, Min, en 'Soy mujer que tú', un espectáculo "contra el miedo" y "con discurso feminista", en el Antic Teatre

Jordi Bianciotto

La micropoetisa Ajo (izquierda) y la actriz, disyóquey y multiinstrumentista Min, en una imagen reciente.

La micropoetisa Ajo (izquierda) y la actriz, disyóquey y multiinstrumentista Min, en una imagen reciente.

Micropoetisa y, por tanto, defensora del arte de la condensación, la madrileña María José Martín de la Hoz abrevia su nombre a Ajo, identidad pública que la acompañó ya en los años 90, cuando era la cantante del grupo de rock vanguardista Mil Dolores Pequeños. En tándem con Min, que no es otra que la actriz, ‘discjockey’ y multinstrumentista Judit Farrés, cómplice habitual de los espectáculos de Albert Pla, muestra desde este jueves hasta el domingo, en el Antic Teatre, ‘Soy mujer que tú’, un ‘microshow’ que ha viajado por España, México y Argentina.

Es una micropoetisa pionera.
Cuando empecé no había nadie: al poner ‘micropoetisa’ en Google me salía “usted anda buscando microporosa”, y con ‘micropoemas’ ponía “micropenes”. Pero la micropoesía no es un invento mío: existe desde que existe la brevedad. Lo que no existía era el concepto de micropoetisa, porque nadie se quiere llamar menos: siempre todo el mundo se quiere llamar mega-ultra-lo que sea.

Empezó, tras el final de Mil Dolores Pequeños, con sus microlibros de micropoemas.
Sí, creo que por el 2003, cuando saqué el librito rosa. Solo sacamos 100 copias y las vendimos todas. Y pusimos el reclamo “¡más de 100 copias vendidas!”. Ahora ya llevamos como 18.000.

¡Microfenómeno!
Pues sí, está fuera de la actualidad y ese es un lugar bastante interesante. Yo siempre he transitado el presente, excepto cuando nos adelantamos con aquellas cosas de Mil Dolores Pequeños. Adelantarte no te conduce a nada más que a equivocarte un poco antes. Practicando el presente nadie te quita de en medio, lo que una decide es lo que hace, la cagas a tiempo real.

El espectáculo con Judit Farrés comenzó a andar hace algunos años.
Pues hará unos diez: comenzamos en Olot, en el Orfeó ‘Nolotil’, le llamábamos. Decíamos: “qué raro que le pongan el nombre de un medicamento”. Ella es música de formación y me preguntaba: “¿cuándo vamos a ensayar?”, y le dije: “Judit, pero si ya estamos ensayando, cuando recogemos los huevos de las gallinas, cuando vamos a la compra, cuando estamos tomando el té...” Es un ‘show’ que se construye a tiempo real. Yo tengo los micropoemas escritos, pero a veces improviso, o los cambio de sitio... Es todo un desbarajuste.

Muy bien, pero, ¿es posible explicar a nuestros lectores qué es ‘Soy mujer que tú’?
Es un espectáculo en clave de presente, a partir de la conversación, de la escucha abierta. Depende de las circunstancias: a veces me siento súper-alta y otras, una gusana, y me da pena todo, y lo mismo hasta lloro. Judit hace música, a veces canta, hace voces... Ella vive en Girona, y yo en Madrid, así que ensayar, tirando a nada. Es una forma de estar en la intimidad, pero con público. Lo mismo lo hacemos en una capilla que en un local para 20 personas que... en un estadio. Bueno, estadios todavía no, pero ¡estamos dispuestas!

¿Algún mensaje de fondo?
Hay uno claro contra el miedo, que es una enfermedad que padece nuestra sociedad, por la que nos tienen agarradísimos y que coarta todas nuestras libertades. Hay un discurso feminista, por supuesto, y a favor del amor, y de la risa, y del absurdo.

¿Defienden asumir riesgos?
Por ejemplo. Dedicamos mucho tiempo al miedo, hay muchísimo más miedo que peligro, y no sale a cuenta. Nos regalan miedo para vendernos luego seguridad. Y hay un mensaje de sorodidad, esa palabra nueva que me encanta.

¿Sororidad?
Sí, la alianza transversal entre mujeres, un entendimiento casi instintivo e instantáneo. Ese espíritu de colaboración, de comunicación verbal y de generosidad. Está todo ese mensaje que es tan contemporáneo, tan de presente, porque estamos en un momento de una revolución muy bonita. Es un espectáculo poético y político.

¿Se plantean grabarlo?
No sabemos qué hacer. Hay un proyecto de disco, pero los planes si los cuentas no dan más que disgustos. No dan más que disgustos en general, y si encima los cuentas... Pero Albert (Pla), que hace un poco de mánager espiritual, nos propone cosas.

¿Diría que su conciencia política se ha intensificado desde los tiempos de Mil Dolores Pequeños?
Nosotros siempre tuvimos un cariz político, o al menos eso creíamos, aunque orientado a la despenalización de las drogas. Pero ahora, con lo que está sucediendo, es imposible no implicarse. Como ciudadana no te queda otra.

¿Tiende a la indignación o a la distancia irónica?
Yo tiendo muchísimo a la indignación. A mí me falta un milímetro para coger una metralleta y liarme a bofetadas. Estoy muy enfadada. La ironía también funciona y tal y cual, pero a veces es una forma de cinismo. Estoy más indignada que otra cosa, soy más vehemente. Y en el ‘microshow’ se nota, como también las contradicciones propias del ser humano llamado persona.