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NOVEDAD EDITORIAL

El 'rock català' de los 90: ¿la movida de Pujol o un fenómeno espontáneo?

El libro 'Tocats de l'ala' ahonda en las claves de la escena que emergió en los años 90 a partir de los recuerdos y opiniones de una sesentena de entrevistados, tanto músicos como mánagers, gestores culturales y periodistas

Jordi Bianciotto

El histórico concierto de rock català en el Sant Jordi de 1991

El histórico concierto de rock català en el Sant Jordi de 1991 / MARC BUTXACA

El ‘rock català’ de los primeros años 90: ¿fenómeno trascendente o banal? ¿Espontáneo o orquestado desde los despachos del poder? ¿Moderno o anacrónico? ¿Artístico o lingüístico? El libro ‘Tocats de l’ala. Història oral del rock català' (Ed. Contra), del periodista musical Oriol Rodríguez, se mete sin miedo en semejante jardín dejando que el micro corra de mano en mano: músicos, mánagers, gestores culturales, programadores y periodistas construyen, con visiones a veces contrapuestas, el retrato coral de una escena que movió multitudes y levantó ampollas.

Grupos que, discusiones al margen, dejaron un legado de himnos que “forman parte de nuestra herencia cultural popular”, como destaca Rodríguez en el prólogo. ‘L’Empordà’ (Sopa de Cabra), ‘Boig per tu’ (Sau), ‘Bon dia’ (Els Pets)... Los símbolos de una era que, más de dos décadas después, es desmenuzada, con posiciones tan favorables como críticas, a lo largo de 364 páginas de intensa lectura.

LAS RAÍCES
Unos chicos clásicos marcados por los Beatles

A lo largo de una treintena de capítulos, el libro recorre la peripecia de esa escena tomando como punto de partida a los cinco grupos más populares: Sopa de Cabra, Sau, Els Pets. Sangtraït y Lax’n’Busto. Bandas que bebían de sonidos rockeros clásicos, con una coincidencia en el legado ‘beatle’. El primer disco adquirido por Gerard Quintana fue el debut del grupo de Liverpool; el de Pep Sala, el sencillo ‘The ballad of John and Yoko’; el de Lluís Gavaldà, ‘A hard day’s night’... Quim Mandado, de los ‘heavy’ Sangtraït, se desmarca citando a la banda hard rock setentera Nazareth.

Carles Sabater y Pep Sala, en una imagen promocional de Sau.

Todos vivían fuera de Barcelona, pero ‘bajaban’ o ‘subían’ a la urbe para asistir a conciertos que les cambiaron la vida, como el de Bruce Springsteen en el Palau d’Esports, en 1981, en el caso de Els Pets. “Teníamos 17 años y flipamos”, recuerda Gavaldà. “Salimos diciéndonos que debíamos montar un grupo que tuviese aquel punto de apasionamiento”.


LA INEXPERIENCIA
Ritos iniciáticos con margen para las novatadas

La tecnología y las escuelas superiores de música han hecho que hoy los discos de artistas debutantes suenen requetebién, pero entonces la inexperiencia y el acomplejamiento causaban estragos. El primer álbum de Sopa de Cabra “no sonaba a Sopa de Cabra”, denuncian ahora sus miembros. Josep Thió lamenta que las guitarras se grabaron “enchufadas a la mesa de mezclas sin pasar antes por un amplificador”. Por eso no tardaron en publicar un disco en directo, ‘Ben endins’ (1991).

Els Pets recibían muchas influencias: soul, rockabilly, pop, punk... Y su debut discográfico fue “exageradamente ecléctico”, estima el autocrítico Gavaldà. Pasaría un tiempo hasta que supieran fijar su estilo y modular el clima de un disco. Lax’n’Busto tampoco quedó satisfecho de su primer álbum: les pusieron “coristas, piano, saxo...”, lamenta Jimmy Piñol. Luego, Los 40 Principales les pidieron que hiciera el favor de quitar el “collons” de la letra de ‘Miami Beach’, demanda que se pasaron por el arco del triunfo. Duble Buble, en cambio, grupo precursor de la escena, tuvo que moderar su fogosidad: el título original de su éxito ‘Clava’t’ (letra de Maria Jaén) era más preciso si cabe, ‘Clava-te’m’, como revela Quim Monzó.


EL ENTORNO
La fiesta mayor, un circuito asumido con orgullo

Uno de los estigmas del ‘rock català’ es su asociación al circuito de fiestas mayores, con los peajes artísticos que ese entorno puede conllevar. Acusación ante la cual Els Pets salen al paso sacando pecho. “El rock and roll es música de baile y de fiesta mayor, ¿o es que los pioneros del rock en los años 50 no iban actuando de feria de ganado en feria de ganado?”.

El grupo de Constantí apeló al humor desde sus primeros tiempos, acogiendo sin disgusto la etiqueta de ‘rock agrícola’ y prestándose a posar en sesiones fotográficas manejando azadas en lugar de guitarras.


LAS CRÍTICAS
El baile de la subvención, los pros y los contras

El ‘rock català’, ¿prosperó gracias al riego de dinero público? Xavier Bru de Sala, entonces director general de Promoció Cultural de la Generalitat, es rotundo: “aquella fue una generación subvencionada”. Sobre todo, añade, a raíz del encierro de cantautores en la Conselleria de Cultura, en 1988, para pedir más presencia de música en catalán en los medios públicos. A su juicio, el acuerdo final no revirtió tanto en la canción de autor como en el pop-rock, encajado como sonido del momento.

Punto de vista discutido por Joan Carles Doval, de la discográfica Picap, para quien “la falacia de las subvenciones se la inventaron Loquillo, Los Rebeldes y gente frustrada como ellos”. Tratando de desentrañar el fondo de la cuestión, tenemos: una inversión en la radio y la televisión pública para apoyar la música en catalán, una subvención para grabar vídeoclips (cinco millones de pesetas, cifra que permitió a Sau ambientar ‘És inútil continuar’ en una playa de la República Dominicana), la receptividad de los ayuntamientos de CiU a programar a los grupos y la compra de algunos centenares de discos de cada lanzamiento por parte de Cultura.

Esta última medida es defendida por Lluís Gavaldà porque “era una herramienta para dar vida a la industria catalana”. El cantante de Els Pets añade que “eso mismo se hacía en el teatro, el cine, la literatura, y nadie decía que Quim Monzó fuera un autor subvencionado ni que Dagoll Dagom fuera una compañía teatral subvencionada”. Gerard Quintana desliza que mucho mayor había sido el apoyo institucional a la ‘movida’ madrileña, “comenzando por Tierno Galván y pasando por todo el circuito de ayuntamientos socialistas y por el apoyo de Radio 3”. Y el mismo Bru de Sala recuerda que “si el público hubiese girado la espalda al ‘rock català’, el movimiento no habría existido por muchos esfuerzos que hubiese hecho la administración”.


EL CLÍMAX
La noche del Palau Sant Jordi, ¿una trampa política?

Otro capítulo espinoso: el concierto del 14 de junio de 1991 en el Palau Sant Jordi, puesta de largo del ‘rock català’. El macroconcierto pactado por los mánagers de cuatro grupos (Sopa, Sau, Els Pets y Sangtraït) adquirió tintes institucionales cuando se sumó la oficina Ressons, de la Generalitat. Los miembros de Sopa de Cabra se enteraron cuando acudían a una sesión de fotos del diario ‘Avui’ con las otras bandas, de la que se ausentaron evidenciando su desmarque.

A Lluís Gavaldà no le molesta la implicación de un agente público. “Era ni más ni menos que su trabajo: ayudar a la cultura autóctona y darle apoyo”. Pero, para Gerard Quintana, a raíz del Sant Jordi, y “a diferencia del rock radical vasco”, la escena catalana se convirtió entonces en “la movida de la Generalitat”. Lo peor para Sopa estaba por llegar, cuando el anuncio de que su siguiente disco sería en castellano puso a la banda en medio de un fuego cruzado.


LA ESCENA
El elogiado encanto de las bandas ‘outsiders’

Así como la mayoría de los grupos bebían de fuentes pre-punk, Lluís Costabella, de Kitsch, se inició a través de ‘God save the Queen’, de Sex Pistols, álbum al que siguieron los de The Smiths, Echo & The Bunnymen o The Jesus and Mary Chain. “Hacíamos las cosas de una manera un poco más original o diferente que los demás, o fuimos más coherentes y afines a la época que vivíamos”, reflexiona en el libro. Costabella defendía lo suyo como “rock en catalàn”, no “rock catalán”, para diferenciarse de sus contemporáneos.

Umpah-pah, con Adrià Puntí debajo, en el centro.

Kitsch es uno de los grupos que merece atención pese a no formar parte del ‘star system’, al igual que Umpah-Pah, cuyo líder, Adrià Puntí, no muestra distanciamiento alguno con la escena y llega a calificarse de “muy sopero”. O Bars, con una de las pocas ‘front-woman’ de la época, Montse Llaràs, que desarrolló un estilo propio en un imaginario rock “asociado a tíos duros”.


EL  LEGADO
Una cosecha de himnos pese a la mala prensa

El papel de la prensa especializada ante la reclamación de contribuir a “fer país” y la función de conciencia crítica ilustra un capítulo con posiciones contrastadas. Periodistas que recuerdan presiones para tratar la escena con benevolencia y que reafirman sus objeciones (“competir contra Led Zeppelin, los Stones y Bob Marley se tendría que haber prohibido por decreto”, apunta Santi Carrillo, director editorial de ‘Rockdelux’), grupos todavía heridos por el desprecio que destilaban algunos artículos y voces que achacan el rechazo a que el estallido del ‘rock català’, desde el ‘rerepaís’ comarcal, les pilló de improviso.

El relato coral no arroja una conclusión unitaria, pero agarrémonos a un balance favorable que apunta a los efectos del ‘rock català’ en la progresiva normalización de la música en esa lengua. “Ahora la gente elige en igualdad a Izal, Jorge Drexler, The Black Keys o Mishima”, recapitula Joan Reig, de Els Pets. “El catalán está en Primavera Sound, Manel hacen giras por todo el Estado, y Txarango, por todo el mundo”.