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ENTREVISTA

Marc Artigau: "Reinventamos los recuerdos para imaginar una vida mejor"

Tras 'Els coloms de la Boqueria', el ganador del Premi Pla reflexiona en 'La vigília', entre el misterio y la metaliteratura, sobre la pérdida de identidad y la capacidad de reescribir la memoria

Anna Abella

Marc Artigau, ganador del Premi Josep Pla 2019 con ’La vigília’, este lunes. 

Marc Artigau, ganador del Premi Josep Pla 2019 con ’La vigília’, este lunes.  / ALBERT BERTRAN

Para Marc Artigau (Barcelona, 1984) las facetas en las que se ha prodigado, la poesía, la dramaturgia, la novela infantil y juvenil, la novela negra -a cuatro manos con el periodista de Rac-1 Jordi Basté, la última 'Els coloms de la Boqueria'-, los cuentos que escribe para la radio... "son vasos comunicantes" que le "ayudan a escribir mejor" y le permiten "explicar historias". En 'La vigília', novela ganadora del Premi Pla, que se publicará en Destino el 5 de febrero, reflexiona sobre la pérdida de la identidad y la capacidad de reinventar los recuerdos.     

Al recibir el premio citó a Pla, que decía que el trabajo del escritor era hallar el adjetivo preciso. ¿Tiene uno para ‘La vigília’?  
Ay, ¿cómo reducir más de 300 páginas a un adjetivo? Hay misterio, parte de metaliteratura... Hay una anécdota en la novela: un joven se acercó a Marguerite Duras y le dijo: ‘Soy el mejor escritor de mi generación, pero no tengo temas. Si usted me da un tema yo haré una novela’. Y ella, muy lista, respondió: ‘Te daré el mejor tema de la literatura universal, pero tú tienes que hacer la mejor novela. Un chico conoce chica y se enamora'. No es el qué, es el cómo. 

¿Y ese chico conoce chica tiene que ver con la anciana que encarga al protagonista, Raimon, que escriba su biografía?
Es Celia, va en silla de ruedas, tiene sentido del humor y es muy segura de sí misma. Y muchos años atrás conoció a un hombre y se enamoró. Me gustaba la idea de que a través de que alguien te encarga su biografía tú reescribes la tuya. En literatura, el autor no sabe que está hablando de su vida, de sí mismo, cuando escribe de otro. Pero yo no soy Raimon, aunque como yo escribe cuentos para la radio y esos cuentos aparecen en la novela en una estructura como de muñecas rusas. 

"La verdad está sobrevalorada. La empatía está por encima de la verdad"

¿Reescribiría su biografía para cambiar lo que no le gusta? 
No. Yo tuve una infancia feliz. Pero Celia pide a Raimon que escriba que su hermano le escribía cartas desde Suramérica cuando la realidad es que se lo llevaron a rastras durante la guerra civil y volvió loco. Cuando ella bailaba la cogía del pelo y le decía que no tenía derecho a ser feliz. Ella no quiere tener ese recuerdo, quiere que la reescritura le cure las heridas. De manera sutil reinventamos nuestros recuerdos para imaginar que hemos tenido una vida más feliz o mejor. Porque, como dijo Espriu, “la verdad es un espejo que se rompió al principio de los tiempos y todos guardamos un trocito”. ¿Qué es la verdad? Está sobrevalorada. Para mí la empatía está por encima de la verdad. 

¿Habla de la pérdida de memoria, del miedo al alzéimer?
De cómo el miedo a perder la memoria nos hace articular nuestra identidad. El alzhéimer te vacía la identidad. ‘La vigília’ habla de quien soy. Yo intento descubrir quién soy a través de la escritura. Hace poco he redescubierto una cinta de mis padres cuando era niño y en ella mi abuela es supercariñosa. Recordaba que lo era pero verla así, joven, guapa, fuerte, besándonos a mí y a mis hermanos mayores, supuso reescribir algo en la narrativa de mi vida. 

"Intento descubrir quién soy a través de la literatura"

¿A qué se refiere la vigilia del título?
La vigilia es el día antes de que pase algo. Siempre estamos en vigilia de algo sin saberlo. La novela empieza en la vigilia de unos hechos que desencadenarán la historia y que pasan cinco años antes de que nazca el narrador. Su padre, su madre y su hermano Blai, un niño normal, van de excursión al bosque. El niño se pierde. Al día siguiente, cuando lo encuentran ha cambiado. No habla, ladra, hace movimientos repetitivos...

¿Trata el tema de los disminuidos psíquicos?
Raimon, con 40 años, debe cuidar a su hermano, de 50. Rompe la ley natural de que debe ser el mayor quien cuida al pequeño. En el TNC hice hace unos años ‘Un mosquit petit’, sobre un padre de 70 años preocupado por quién cuidaría a su hijo disminuido psíquico de 40 cuando él muriera. Aparece esa reflexión. Fui voluntario en una asociación que los cuidaba. Se necesita mucha paciencia y generosidad. Quizá me habría dedicado a la educación especial sino fuera por el teatro y la escritura.