Ir a contenido

CRÓNICA

Dr. Calypso dice adiós desde lo más alto

El grupo barcelonés mostró su vibrante estado de forma en el primero de sus dos conciertos de despedida en Apolo

Jordi Bianciotto

Dr. Calypso, con los cantantes Luismi y Xèriff al frente, este miércoles, en Apolo.

Dr. Calypso, con los cantantes Luismi y Xèriff al frente, este miércoles, en Apolo. / JORDI COTRINA

En plena ebullición del concierto en Apolo, viendo a la afición coreando cada canción de Dr. Calypso como si se acabara el mundo, un asistente se acercó a esta cronista: “Pero, después de esto, ¿seguro que van a dejarlo?”. Es una pregunta razonable: si la desmotivación es la causa de su disolución, el chute de autoestima que el grupo recibe estos días bien podría dejarles una temporada con la cabeza dando vueltas.

No solo eso: nunca la banda había estado tan en forma como en estos conciertos de despedida (el segundo y último, este viernes en la misma sala del Poble Sec), sensual en los ‘tempos’ más ralentizados, frenética en los ‘skatalíticos’, haciendo correr el acento desde el guiño soul hasta el contagio latino, y coronando el pastel con rimas políticas coloquiales sin rasgos de postureo. Noche con más vitalidad que espíritu funerario, la de este miércoles, con Sergi Monleó, el Xèriff, y Luismi López al frente, y salpicada por una buena ración de canciones que han hecho historia.

Goteo de himnos

Con sus 12 músicos en escena, cinco de ellos metales, el repertorio, 26 canciones, fluyó a través del libidinoso aire negro de ‘Special girl’ y el tumbao de ‘Latin soul’ antes de soltar el sarcástico himno ‘2.300 milions’ y el seminal reggae ‘Aquesta nit’ (con su subtexto sobre las guerras internas del entorno skin y sus desviaciones ultra a principios de los 90). Y un ‘Pardalets’ que dedicaron “a Marina Rossell, la gavina voladora”. Estratégicamente colocadas, piezas instrumentales sugerentes como ‘Tribut a Natxo’ (dirigido al desaparecido Natxo Romero, que fue saxofonista tanto de Dr. Calypso como de otro grupo a reivindicar, Skatalà) y ‘Cinecittà’, recuerdo de aquellos días en ‘Barbarossaplatz’.

La catarsis llegó a través de ‘Brigadistes internacionals’, con menciones poco amables al nuevo presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, “y a los fascistas de mierda que tenemos en el país de al lado”, desatando la algarabía entre gritos de “¡no pasarán!”. Más clásicos a todo tren con ‘Tòxic’, ‘Maria’ y ese canto al escepticismo político poéticamente titulado ‘Se’ns pixen’.

En el bis, un homenaje al inspirador Rufus Thomas con ‘The Memphis train’, combinando luego la verbena sin complejos del discotequero ‘Born to be alive’ a ligero ritmo de reggae con el mensaje antirracista de ‘Pole man’. Pero una canción de Dr. Calypso ni siquiera necesita letra para llevarse al público por delante: la instrumental ‘Plan 10’ alentó los últimos cánticos de la tribu a un desesperado ritmo de ska, confirmando que el grupo ha decidido bajar la persiana cuando da lo mejor de sí mismo sobre un escenario.