Ir a contenido

OBITUARIO

Muere Moncho, nuestro rey del bolero

El intérprete de 'Llévatela' fallece a los 78 años dejando como legado un estilo interpretativo emotivo, distinguido y ajeno a las sobreactuaciones

Jordi Bianciotto

El cantante Moncho, en una imagen promocional.

El cantante Moncho, en una imagen promocional.

Era un caso especial, el gitano que cantaba boleros, el crío de 14 años que adoraba a Lucho Gatica y que, en lugar de apuntarse a la rumba promocionada por su primo El Pescadilla, se decantó por cantar al amor a un ritmo más lento, más sentido, encontrando el camino de la emoción honda sin ahogarla ni abaratarla. “Nadie dice los boleros como Moncho”, le elogió Serrat, y como él, tantos otros admiradores de altura, desde el mismo Gatica, que le nombró sin rodeos “rey del bolero”, hasta intelectuales como Terenci Moix, que en las notas que escribió para su segundo álbum escribió que Moncho “destruyó los tópicos sentimentales del bolero” y “venció a lo cursi en su propio terreno”.

Piropos para un gitano de Gràcia al que un profesor de canto aconsejó que se dedicara a otros menesteres y que, erre que erre, a los 16 años tuvo que hacerse pasar por cubano en la orquesta de Ramón Evaristo. “Moncho Batista, el Ciclón Cubano”, así le anunciaban, tratando de que el chico se esfumara después de cada pase y que nadie pudiera oirle hablando en catalán. De ahí a otra identidad exótica, Moncho y su Wawancó Gitano, con la que grabó un primer epé rumbero. Y el alias más certero: Moncho, el Gitano del Bolero, como sería conocido durante décadas el ciudadano Ramón Calabuch Batista, nacido en Barcelona el 26 de julio de 1940 y fallecido este viernes a mediodía, a los 78 años, tras sufrir una parada cardiorespiratoria, en el Hospital de Mataró.

Acompañamiento de lujo

Aquel primer álbum, de 1969, incluía ‘Amor fugaz’, de Benny Moré, y el que sería su buque insignia: ‘Llévatela’, de Armando Manzanero, un bolero de caballerosidad envenenada que arrasó en las sinfonolas, las máquinas de ‘singles’ que funcionaban con monedas. En aquellos primeros discos de boleros, Moncho se rodeó de grandes músicos: Ricard Miralles, Francesc Burrull, el argentino Bebu Silvetti. Y contó con una portada firmada por el escultor Xavier Corberó.

Cuando, en 1972, el cantante cubano Pacho Alonso actuó en Barcelona, Moncho se las apañó para hacerle llegar un álbum suyo, inicio de su intenso vínculo con el país antillano. Cuatro años después debutó en Cuba, cuna bolerística, donde arrasó. Le siguieron otras visitas, una de ellas al Festival de Varadero. Pero una ocurrencia desafortunada truncó durante casi dos décadas su relación con la isla, cuando en un concierto osó improvisar un bolero a partir de unos versos del héroe nacional José Martí. Una frivolidad y una ofensa de la que no salió bien parado, “aunque se disculpó... con la boca pequeña”, explica su biógrafo Jordi Rueda, autor del libro ‘Moncho. Sangre de bolero’ (Ed. Satélite K, 2012).

Cantando a Serrat

El incidente cubano y cierta mala fortuna con las discográficas, con vacíos editoriales de hasta ocho años, complicaron su expansión en las Américas e incluso su proyección comercial en España, aunque sus recitales en salas barcelonesas como la desaparecida Las Vegas sellaron fidelidades hondas con el público. Quedan para los ‘monchólogos’ álbumes como ‘Olvido y camino’ (con canciones de Felipe Campuzano, 1980) y, ya entrados los 90, ‘Conversaciones en tiempo de bolero’, que ofrecía piezas de una ilustre cubana de Miami, Concha Valdés Miranda, así como su primer disco en catalán, ‘Paraules d’amor’, donde se acercó a Serrat, que le cedió una composición inédita, ‘Massa per mi’.

Regresó a Cuba en el 2002 y descubrió allí a una audiencia ingente que se acordaba muy bien de él. ¿'Monchomanía’ de madurez? “Aunque él era el anti-divo, allí iba con guardaespaldas y movía tantas fans que había que irle cambiando de hotel”, revela Yanni Munujos, que le acompañó durante más de una década como mánager. “En el 2006, cuando actuó en el Teatro Nacional de Cuba, hubo que poner pantallas en la calle para la enorme cantidad de público que se quedó fuera”.

En paralelo, su rumbo se asentó con discos tanto en catalán (‘On és la gent?’, a partir de la canción de Joan Isaac) como en castellano (‘El tío Moncho. El arte del bolero’, con Diego el Cigala y Jorge Pardo). Y sus recitales subieron un escalón y accedieron a salas como el Palau, el Auditori o Liceu (fue, en el 2006, el primer gitano en cantar en el Gran Teatre), asentando el vínculo con un público ansioso de estremecerse con sus asaltos a ‘Bravo’, ‘Usted’ o ‘Ni tú ni mil mujeres’.

Perfección interpretativa

Su forma de “decir” el bolero atesoraba “mucha emoción sin ser fingida”, destaca su biógrafo, Jordi Rueda. “Moncho podía llegar a hacerte llorar valiéndose de una perfección interpretativa absoluta, sin sobractuar y con una afinación única”. Un estilo que conservó siempre, aunque un desgraciado episodio clínico, del que resultó la pérdida de una cuerda vocal, le distanció de los escenarios en el 2014, dejando el disco ‘Mis queridos boleros’ (grabado en el 2010) como muestra final de su arte.

Calificado a menudo como “el cantante de los cantantes”, un favorito de los profesionales, hombre de trato cordial y exquisito, Moncho, que en el plano político simpatizó públicamente con el PSC, no destacó por sus declaraciones estridentes. El homenaje que sus amigos (como Serrat, Diego el Cigala, Antonio Carmona y sus sobrinas segundas Lolita y Rosario) programaron para el 14 de enero en el Auditori, con las entradas agotadas, se mantiene en pie. Será una ocasión última para rendir honores a nuestro rey del bolero.