04 jul 2020

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CRÓNICA

Rosendo, en su penúltima noche

El rockero de Carabanchel ofreció un fogoso concierto en el primero de sus dos conciertos de despedida en el Sant Jordi Club

Jordi Bianciotto

Rosendo, durante su primer concierto de despedida en el Sant Jordi Club, en diciembre del 2018.

Rosendo, durante su primer concierto de despedida en el Sant Jordi Club, en diciembre del 2018. / MAITE CRUZ

Aunque últimamente el adjetivo ‘urbano’ se aplique a otras músicas y ritmos, durante largos años se ha asociado sobre todo a una forma de rock con gran predicamento en España y que ha tenido en Rosendo a uno de sus popes. Y el rock urbano, fenómeno que cubre desde los pioneros Burning hasta Extremoduro, vive estos días unas jornadas de reconocimiento y melancolía con la puesta en escena de los que, en apariencia, son los últimos conciertos del que fuera líder de Leño.

La retirada de Rosendo ha cogido por sorpresa a sus seguidores: sus 64 años no son una edad provecta si la comparamos con los 75 de Mick Jagger (que sigue tan campante correteando por los estadios). Pero él alega cansancio de las rutinas y de la proyección pública. “Barcelona, son muchos años, esto se tenía que acabar en algún momento”, deslizó al final de su concierto de este sábado en el Sant Jordi Club, donde repetía el domingo como estación final. Sí, el rockero de Carabanchel se despidió hace unos días de su público madrileño, pero las fechas últimas de su agenda han caído en Barcelona.

Cerrando filas

Ahí le tuvimos, con su estampa milenaria a lo Rory Gallagher, clavado ante el micro y rascando la Fender Stratocaster en un escenario que, como siempre, le quedaba grande. Al frente de su trío, con Rafa J. Vegas (bajo) y Mariano Montero (batería), tiró del guion fijo de su gira ‘Mi tiempo, señorías’ abriendo con la estampida de ‘Aguanta el tipo’ y siguiendo con el tacto hard rock de ‘Por meter entre mis cosas la nariz’.

Momento de reconocer que, si bien en el campo musical, Rosendo nunca ha sido el no va más de la originalidad, sus versos siempre han hecho arquear las cejas. Sin ir más lejos, el último disco, del que recuperó dos canciones, lleva por peculiar título ‘'De escalde y trinchera’. Y en el Sant Jordi hizo botar al público con estrofas como “miel sobre hojuelas, triquiñuelas y al zurrón / y que muela la muela del molino del patrón” (‘Muela la muela’). Rosendo es ese poeta que rima “berberecho” con “satisfecho” y “picaporte” con “no va a haber un dios que te soporte” (‘Masculino singular’).

Recordando a Antonio Flores

Se abrió paso el rocanrolero de trofeos como ‘Cosita’ y el sentimental que hace de tripas corazón en la versión acelerada de ‘No dudaría’, de Antonio Flores. Resistiéndose a las baladas pero rebajando un poco la tensión en el ecuador de la noche con el medio tiempo ‘No son gigantes’ y la cadencia ‘bluesy’ de ‘Mala vida’.

Rosendo ha representado siempre una idea de integridad en la que tiene que ver, por ejemplo, su rechazo a las ofertas sustanciosas para reflotar Leño. Ni siquiera en sus conciertos abusa del legado del grupo: en esa noche de despedida solo acudió a tres de sus clásicos: ‘El tren’, ‘Maneras de vivir’ y ‘¡Qué desilusión!’.

Se cruzaron, en ese tramo final de la noche, con hitos personales como ‘Flojos de pantalón’, ‘Navegando’, ‘Agradecido’ y ‘Loco por incordiar’, reflejos de aquel rock urbano un poco fatalista, aferrado a valores nobles y a una ética de la resistencia, que Rosendo ha encarnado durante 40 años. Hasta hoy. “¡Tendréis noticias mías, ahora o en la próxima vida, yo qué sé!”