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CRÓNICA

'La Bohème' en Palo Alto

El centro cultural del Poblenou acogió una estimulante velada lírica con Mariola Cantatero en el rol principal

Pablo Meléndez-Haddad

Un momento de la representación de ’La Bohème’ en formato ópera garaje. 

Un momento de la representación de ’La Bohème’ en formato ópera garaje.  / MORENO ESQUIBEL

Con una aplaudida reducción de ‘La Bohème’ de Puccini se presentó en Barcelona la compañía Ópera Garage. La fórmula, una adaptación para voz y piano escenificada en espacios nada convencionales de una obra de repertorio ligada a las temporadas de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera –ciudad en la que se estrenó la iniciativa–, permite disfrutarla desde una perspectiva diferente al tener a los intérpretes muy cerca del público. En Barcelona se vio esta semana en una antigua nave de Palo Alto, reconvertida en centro cultural de Poblenou. Teatralmente el atractivo es innegable, con una producción compleja y que no escatima en gastos e ideas para conseguir un discurso cercano y atractivo.

El título escogido, además, no podía ser más adecuado, ya que se trata de una obra popular, con una trama casi ‘camerística’ salvo por el aquí extirpado segundo acto –irrealizable en este formato al estar lleno de escenas corales–, del que se mantuvo toda una escena: la de Musetta en el Café Momus. Está realizada en el bar durante el entreacto, ofreciendo así un aplaudido efecto teatral, un golpe escénico que no se esperaba. Y aunque versionar a Puccini sin orquesta puede llegar a ser un pecado, la verdad es que la reducción e interpretación de Borja Mariño desde el piano resultó ser pura poesía al estar en todo momento pendiente de las voces y del ritmo de la acción.

Pros y contras

Si bien la dirección de escena de Ana Garay y del propio Emiliano Suárez estaba llena de felices logros, también es cierto que podría mejorarse para evitar situaciones repetitivas –el pobre Marcello limpiaba el coche sin parar– y para dotar a los intérpretes de más herramientas para su actuación –Colline sin su ‘zimarra’–, sobre todo en los dúos o, incluso, en la muerte de Mimì, sin un triste cojín en el que sentar a la moribunda. La disposición del escenario, aun cuando algunas escenas de conjunto acusaron falta de cohesión vocal al situar a los cantantes diseminados por el espacio escénico, brindó al público un efecto envolvente muy eficaz.

Esta Bohème alternativa contó con un grupo de cantantes entregados al proyecto, jóvenes pero con muchas tablas y con años de trayectoria a sus espaldas liderados por el fogueado Stefano Palatchi, un lujo como Colline. Una lluvia de aplausos premió el poderío de Mariola Cantarero (Mimì) de agudos y pianísimos impresionantes, acompañada de un voluntarioso e inestable Pancho Corujo (Rodolfo) como protagonistas. El sonoro y detallista Marcello de Borja Quiza encontró en la Musetta de Ruth Terán un complemento perfecto, bien secundados por Javier Galán (Schaunard) y Pedro Quiralte (Benoît).

Temas: Ópera