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ENTREVISTA

Dyango: "Si me ha de pasar algo, que sea en el escenario"

El cantante barcelonés celebra su 50º aniversario de carrera en el Palau tras ganar un Grammy latino y dejando atrás su anuncio de retirada de los escenarios

Jordi Bianciotto

Dyango, fotografiado en Barcelona

Dyango, fotografiado en Barcelona / JORDI COTRINA

José Gómez Romero, Dyango, titán de nuestra canción romántica, conmemora su 50º aniversario de carrera con un concierto este jueves en una sala que conoce bien, el Palau de la Música. Hace cuatro años anunció su adiós a los escenarios, decisión que rectificó un tiempo después, y que ahora parece fuera de lugar después de haber recibido, hace unas semanas, un premio Grammy latino a la excelencia musical.

¿Cómo fue lo de reconsiderar su retiro de los escenarios?
En el 2014 tenía el nervio ciático enganchado, calcificado, y por eso dije que me retiraba. Pero me operaron y me dejaron nuevo. Y, bueno, no me costaba decir “me he equivocado” y lo dije. Pensaba que podría vivir sin la música, pero veo que no, que la música lo es todo para mí. Si me tiene que pasar algo, que sea en el escenario.

Usted es hijo de músico y tiene formación de conservatorio.
Primero tocaba la trompeta y el violín, pero acabé decantándome por el instrumento más bonito de todos, la voz, con la que puedes expresar no solo melodías sino también poesía.

¿Qué cantantes le gustaban?
Mis padres aquí en Catalunya fueron Josep Guardiola, Ramon Calduch, Rudy Ventura, Salomé... De fuera, Gardel. En Argentina, dos periodistas dijeron: “Solo nos queda un cantante de tango, y es catalán: Dyango”.

"Creo que soy, y lo digo con toda la modestia, de los pocos que han triunfado en todos los países de América. Menos en Brasil"

A Argentina viajó ya en 1968. ¿Por qué cree que su música se proyectó antes allí que aquí?
Con Argentina siendo una afinidad desde que mi madre me enseñó los tangos de Gardel. Yo tenía cuatro o cinco años y cantaba tangos maravillosamente. Y en Argentina comenzó mi éxito: mi primer Disco de Oro me lo dieron allí. Luego fui saltando a todos los países de América, hasta Estados Unidos. Con el disquito bajo el brazo, de país en país, de ciudad en ciudad, de radio en radio... Creo que soy, y lo digo con toda la modestia, de los pocos que han triunfado en todos los países de América. Menos en Brasil. Lo intenté cantando en portugués. Y en inglés: lo hacía bastante mal.

Con el tiempo llegaría a trabajar con el gran tanguero ‘Polaco’ Goyeneche.
Era íntimo amigo mío. Él tenía una peculiaridad: decía la canción más que cantarla. El tango es eso, como los ‘chansonniers’. Sinatra igual, con ese swing que llevaba dentro. De los franceses, el que más me gusta és Bécaud. Y las cantantes italianas: Mina, algo fuera de lo común.

¿Le ha quedado la sensación de que al otro lado del Atlántico ha tenido un mayor reconocimiento que aquí?
Sí, sobre todo en los primeros años mi país era difícil. Yo tenía discos de oro en América y cuando venía aquí tocaba con mi grupo en salas de fiestas como Don Chufo o Las Vegas. Hasta que gané el Festival de Benidorm.

Con ‘Si yo fuera él’, en 1976. ¿Un punto de inflexión?
Sí, aunque gané con la sensación de que alguien me quería mal. Durante mi actuación había empleados que paseaban por el escenario sacando una luz, o moviendo una silla... Y aunque gané con mucha diferencia de puntos, y me dieron el premio de la crítica, la gente comenzó a gritar “trampa”, “tongo”... Y era la canción más bonita del festival, de Rafa Gil, que firmaba como Ray Girado. Me quedó cierto rencor con Benidorm.

‘La radio’, ¿era una jugada maquiavélica para ganarse a todos los programadores radiofónicos del país?
No, no, ocurrió que yo soy muy amigo de Josep Cuní, que entonces hacía un programa en Radio Barcelona, ‘Solos en la madrugada’. Lo hacía muy bien. Yo escuchaba cada noche a José María García y luego me enganchaba a Cuní. Y una noche se me ocurrió una idea y me levanté de la cama para ponerme a escribir la canción de la radio. La letra y la música.

En 1994 grabó ‘Un loco como yo’ con Armando Manzanero. ¿Qué descubrió trabajando con él?
Que tenia una gran facilidad para hacer composiciones, sobre todo su parte poética. Es uno de los mejores. Aunque es curioso: él es incluso más fan mío que yo suyo. El sueña con Dyango. Dice que se va a dormir con mis canciones.

Y bien, le acaban de dar un Grammy latino en Las Vegas. ¡Después de tres intentos!
¡Juré que no iría más! Una de las veces estaba segurísimo que me lo daban. Estaba ahí sentado, con el esmoquin, a punto de levantarme... y dicen: “¡el premio, para José... Feliciano!” Luego me lo explicaron: él era el único americano y el único al que conocían en la Academia. Ni siquiera vino a buscar el premio. Pero este año me lo han dado finalmente y es bonito porque es el premio a la excelencia musical.

Hay otro cantante de aquí, de su misma generación y que hizo también las Américas, Moncho, al que se rendirá pronto homenaje con un concierto en el que usted tomará parte (el 14 de enero en el Auditori). ¿Se ha cometido una injusticia con él?
Hombre, totalmente. Pero quizá él no lo ha sabido hacer del todo bien. Porque triunfó en Cuba, pero Cuba apenas paga. Vas allí a cantar y ya está. Moncho se olvidó del resto de América. Pero se ha hecho gran injusticia. Para mí, él ha sido el mejor del bolero.

¿Del bolero de aquí?
¡No, en general! Bueno, pongamos entre Moncho y Dyango (ríe). Lo ha cantado maravillosamente bien. Sí, el día 14 iremos a cantar para él los que lo queremos: Serrat, El Cigala...

"Sobre el proceso soberanista, estoy decepcionado. Pero soy de los que piensan que algún día yo ya no lo veré, pero mis nietos sí"

En estos últimos años ha apoyado el proceso soberanista y tomó parte en el Concert per la Llibertat, en el Camp Nou. ¿Está decepcionado?
Entristecido. Tenemos un carácter muy raro. Cuando se está luchando por algo se pone toda la carne en el asador y se dice “venga, vamos todos a una”. No sé si se lograría o no, pero tendríamos más fuerza. Pero aquí, antes de salir ya nos peleamos. Esto es lo peor que hay. No podemos ir a ninguna parte. Estoy decepcionado, sí, como muchos catalanes. Pero soy de los que piensan que algún día, yo ya no lo veré, pero mis hijos o mis nietos, sí lo verán.

Su posición política, ¿le ha pasado factura en el resto de España?
La música no tiene nada que ver con la politica, pero siempre hay algún exaltado, alguien que te dice que te pone en el punto de mira... Quizá sí que me he alejado un poco y que he hecho menos conciertos, pero no importa.

Y después de este 50º aniversario, ¿Dyango sigue?
¡Hasta el 120º! Estoy totalmente recuperado, y con ganas de seguir, de cantar y de pintar, como siempre he hecho.