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ANIVERSARIO DOLOROSO

Así fue 'la toma' del Museu de Lleida para requisar las obras de Sijena

Las imágenes, inéditas hasta ahora, fueron tomadas hace un año cuando la Guardia Civil irrumpió de madrugada en busca de las piezas del monasterio aragonés

Natàlia Farré

El interior del Museu de Lleida el 11 de diciembre del 2017, noche en la que la Guardia Civil irrumpió en el centro en busca de las piezas de Sijena que custodiaba el museo. 

El interior del Museu de Lleida el 11 de diciembre del 2017, noche en la que la Guardia Civil irrumpió en el centro en busca de las piezas de Sijena que custodiaba el museo. 

"Buenas noches, venimos a ocupar las salidas de emergencia del museo". Con esta frase se presentó un numeroso grupo de agentes de la Guardia Civil en el Museu de Lleida hace un año. Lo hicieron de madrugada y con exhibición de poderío: "Armados, con cascos y con chaleco antibalas", según Josep Giralt, director del centro. Y lo hicieron bajo el amparo del 155 y con Íñigo Méndez de Vigo como ‘conseller’ de Cultura, para custodiar a los técnicos del Gobierno aragonés con el objetivo, cumplido, de requisar, por orden judicial, 44 bienes (al final se llevaron 45) del monasterio de Sijena que el centro de la capital del Segrià custodiaba desde hacía décadas. La comitiva se marchó 14 horas después, no sin antes formar para cargar contra las personas concentradas fuera, cosa que al final no hizo. "Quiero verte yendo a Sijena a recoger estas obras y trayéndolas de regreso al Museu de Lleida" fue la frase a modo de despedida que Giralt le espetó al guardia civil que ejercía de comandante de la policía judicial.

Y un año es el tiempo que ha tardado el Museu de Lleida en mostrar qué pasó dentro de la institución durante las 14 horas que la policía y los técnicos aragoneses estuvieron allí. Este martes se ha presentado el libro 'Operació trasllat. Art de Sixena' (Pagès Editors) que, con texto de Marga del Campo, responsable de comunicación del centro, reúne las imágenes inéditas que tomó Jordi V. Pou la noche de autos. Seis mil instantáneas, 160 publicadas,  y siete horas de vídeo (filmadas por Laia Navarra y editadas en 4 minutos). Y lo ha hecho pese a los intentos infructuosos del municipio de Villanueva de Sijena de prohibir su publicación: en una providencia del 23 de noviembre el juzgado número 1 de primera instancia de Huesca dictó que la actuación estaba "plenamente legitimada" y que por lo tanto las imágenes se podían difundir. 

6.000 imágenes y siete horas de video

El pasado 11 de diciembre, Del Campo y el director del museo fueron los únicos que permanecieron desde el primer minuto hasta el último dentro del centro. Ellos recibieron a la policía judicial. Y ellos flanquearon la entrada a los efectivos de la Benemérita que ocuparon el museo. A las 3.21 horas. Desde mucho antes temían su llegada, pero no supieron de la inminencia de esta (el plan de trabajo hablaba de las 8.00 de la mañana) hasta que un vigilante del museo oyó a un 'mosso' (no entraron en el museo pero sí perimetraron la zona) oír que la comitiva estaba en el peaje de Soses. A partir de aquí empezó lo que fue una "noche dura y traumática", según la autora, llena de "frialdad en el trato", en la que hubo "sutiles provocaciones" que desde el museo obviaron.

Del Campo narra los hechos en primera persona y cronológicamente, pero recoge las sensaciones y sentimientos de todos los trabajadores del centro: "Tenía claro que no sería solo mi relato, sino el pequeño drama que vivió cada uno de nosotros". Quince personas por parte dde Lleida, entre trabajadores y representantes de la Generalitat, por unas 80 de la comitiva aragonesa, entre técnicos y guardias civiles. El "miedo" era tal que el museo tuvo la precaución de solicitar la presencia de un notario que dio fe de todo lo acontecido. Y lo acontecido, según se desprende del relato visual y textual del libro, es un traslado "demasiado rápido" aunque "profesional", policías haciéndose fotografías junto a las cajas sepulcrales que partieron, y guardias civiles por todas partes: "Había muchos. En cualquier rincón oscuro encontrabas un agente. Fue muy bestia", explica Pou. 

La Guardia Civil entrando en el Museu de Lleida la madrugada del 11 de diciembre del 2017. / JORDI V. POU

Esperpéntico sin guerra de por medio

Todos los presentes coinciden en cuáles fueron los peores momentos de la noche. Entre ellos, tener que entrar en el museo con el carnet en la boca, la llegada del despliegue de la Guardia Civil -"recuerdo que flipábamos y que lo que nos vino a la cabeza fue la canción de Maria del Mar Bonet 'Què volen aquesta gent que truquen de matinada'"- explica Del Campo. Y cuando se abrieron las puertas y el personal del museo vio la multitud que estaba fuera apoyándolos. Tampoco fue fácil el trabajo: "Desde Aragón tenían la consigna de ir rápido y esto no es bueno para el patrimonio, no es lo mismo trasladar obras de arte que trasladar jamones". De aquí, algunas de las quejas sobre el trabajo que se hizo, tan rápido que provocó ciertos problemas, como que los aragoneses llegaran con cajas que no tenían las medidas adecuadas y que las obras no viajaran todo lo inmovilizadas que es deseable.

Las fotografías tomadas por Pou marcharon con la comitiva, la policía judicial alegó que había que evitar su manipulación, máxima que no fue válida para la parte aragonesa, que no entregó las imágenes hasta días después. Imágenes y letras que son la crónica de "un hecho inaudito. Nunca antes un museo había sufrido una situación como esta. El hecho de que fuerzas policiales armadas entren en una institución cultural, sin estar en guerra, es, como mínimo, esperpéntico". 

Pendientes del Tribunal Supremo

El de este martes es el enésimo capítulo de un conflicto que arrancó en 1995 con la segregación de los municipios aragoneses del obispado de Lleida tras ocho siglos de convivencia y que enfrenta a Catalunya y Aragón por los bienes de las parroquias escindidas. El conflicto tiene diversos frentes judiciales abiertos. El presente, que afecta a las piezas que las últimas monjas del monasterio oscense llevaron consigo en su traslado a Catalunya, en la década de 1970, y que en los 80 y 90 vendieron al MNAC y a la Generalitat. Las sentencias de primera instancia y de la Audiencia Provincial fallaron a favor de Aragón, que esgrimía la indisolubilidad del monumento, patrimonio protegido desde 1923, y reclamaba el retorno de las obras. Así, la comunidad vecina pidió una ejecución provisional de la sentencia, resolución por la cual la policía entró en el museo hace un año.

Catalunya alegaba las leyes de patrimonio catalanas, la extrema fragilidad de las piezas y el hecho de que no haya todavía una sentencia en firme para negar su traslado. Pero las cosas dieron un vuelco con la aplicación del 155 y con Iñigo Méndez de Vigo ejerciendo de 'conseller'.  Queda pendiente la resolución de los dos recursos, uno por parte de la Generalitat y otro realizado por el consorcio del Museu de Lleida, ante el Tribunal Supremo, que aún no los ha admitido a trámite. Si la sentencia de este es favorable a Catalunya, las obras deberán tomar el camino de vuelta con todos los riesgos que conlleva mover piezas tan antiguas y delicadas.

La sala capitular y la Franja

El otro frente abierto es por las llamadas pinturas murales de Sijena, unos frescos muy singulares pintados en la sala capitular del cenobio en el siglo XII y que se conservan en el MNAC. Llegaron al Palau Nacional después de que en una campaña de salvaguarda del patrimonio durante la guerra civil, Josep Gudiol rescatara lo que quedaba de unas pinturas quemadas que estaban a la intemperie (el techo no se reconstruyó hasta la década de los 90) tras el incendio que sufrió el monasterio durante los inicios de la contienda. Las pinturas murales tienen un fallo en primera instancia favorable a Aragón y una ejecución provisional en suspenso. Queda por saber la sentencia de la Audiencia Provincial, que ya ha avisado de que no tiene prisa en resolver, y la posibilidad de recurrir al Supremo.

Dos operarios de la empresa de transporte contratada por Aragón empaquetando una de las obras del museo. / JORDI V. POU

Finalmente están los llamados 111 bienes de la Franja, obras procedentes de diferentes parroquias cuyo primer juicio, por 83 de estas piezas, tendrá lugar en mayo, en Barbastro. Pero habrá más frentes, pues Aragón amenaza con reclamarlo todo. Está por ver si aplicará la misma política a las obras del monasterio que están en Toledo o Madrid, por ejemplo, cuyos museos conservan partes del retablo mayor del cenobio.

Sobre lecciones de conservación

El aniversario de la ejecución provisional de la sentencia ha servido para ahondar en las diferencias entre Catalunya y Aragón. Mientras en Lleida se presentaba el libro que recoge las imágenes inéditas, el Gobierno aragonés festejaba la  fecha celebrando la reunión semanal de su Ejecutivo en el monasterio.  La ocasión ha servido para que Javier Lambán, presidente de Aragón, criticara las dudas vertidas desde Catalunya sobre el estado de conservación de las obras en el cenobio: "Estuvieron pesimamente conservadas en Catalunya. Es Aragón quien podría dar lecciones de cómo conservar las obras del pasado a los colegas catalanes que se dedican a estos menesteres".

A lo que la 'consellera' de Cultura, Laura Borràs, ha contestado esta noche desde el propio museo:  "Nosotros no pretendemos dar lecciones, pero tampoco recibirlas. No criticamos pero sí pedimos explicaciones sobre el estado de conservación de las obras, la humedad es obvio que no va bien a las obras. Lo que queremos saber es qué estado están y no obtenemos respuesta.  Lo hemos pedido, lo pedimos y lo seguiremos pidiendo. Nos preocupa".

El juez ha denegado por dos veces al Museu de Lleida supervisar el estado de conservación de las piezas en el monasterio porque considera que es algo que no corresponde al centro.