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CAMBIOS EN LAS REGLAS DEL JUEGO DE UNA INDUSTRIA MUY MASCULINIZADA

Las directoras asaltan el nuevo cine español

En el 2018, y siguiendo la pauta de los últimos años, se ha producido una explosión de óperas primas femeninas

Beatriz Martínez

Mertixell Colell, directora de ’Con el viento’

Mertixell Colell, directora de ’Con el viento’

En los últimos años hemos asistido a una explosión de óperas primas dirigidas por mujeres. El año pasado Carla Simón ganó el Goya a la mejor dirección novel por ‘Estiu 1993’, convirtiéndose en la representante de una nueva generación que viene dispuesta a cambiar las reglas del juego y plantarle cara a una industria profundamente masculinizada.

No nos engañemos, los datos siguen siendo desesperanzadores. En el último informe CIMA, se apuntaba que tan solo un 12% de mujeres habían liderado una producción, frente a un avasallador 88% de hombres. Sin embargo, que en el 2018 se hayan estrenado más de diez debuts femeninos, no deja de ser una buena noticia.

Si hace unos años asistíamos al surgimiento de nombres como el de Leticia Dolera, Lara Izaguirre, Marina Seresesky, Elena Martín o el colectivo formado por Laila Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen responsables de ‘Les amigues de l'Àgata’, así como al asentamiento de figuras fundamentales como Mar Coll o Paula Ortiz, ahora es el momento de hablar de Celia Rico (‘Viaje al cuarto de una madre’)Arantxa Echevarría (‘Carmen y Lola’), Meritxell Colell (‘Con el viento’)Anxos Fazáns (‘A estación violenta’), Andrea Jaurrieta (‘Ana de día’)Marta Díaz (‘Mi querida cofradía’)Carolina Astudillo (‘Ainhoa, yo no soy esa’), Ana Asensio (‘Most Beautiful Island’, esta bajo bandera estadounidense), Carmen Blanco (‘Los amores cobardes’), Sara Gutiérrez Galve (‘Yo la busco’)Clara Martínez Lázaro (‘Hacerse mayor y otros problemas’) o Diana Toucedo (‘Trinta Lumes’).

La mayor parte de ellas se apartan del modelo industrial y por eso late una enorme libertad y personalidad expresiva

“Me parece que estábamos ahí desde hacía mucho tiempo y por fin se nos ha dado el permiso a entrar”, reflexiona Meritxell Colell. “Veníamos de la una tradición de un cine muy jerárquico donde la figura del director era algo hegemónico. Y de repente se abre la posibilidad de hacer cine desde la duda, desde el compartir, trabajar en equipo y se demuestra que otro tipo de películas son posibles, que tenemos muchas historias que contar y que esto es un movimiento que no se va a quedar aquí”. 

Celia Rico comparte la misma opinión en lo que respecta a la institucionalización de la figura del director como tótem con el que era difícil identificarse. “Ha pasado muy poco tiempo para hacer un análisis riguroso, pero el surgimiento de muchas de las nuevas voces coincide con el 15 M, un momento en el que se empiezan a cuestionar las estructuras establecidas a nivel social y político”, continúa Colell.  

Anxos Fanzás, la benjamina del grupo con 26 años piensa que, aunque todavía hay muchas barreras por derribar, cada vez se van abriendo más puertas y oportunidades que dejan a un lado la discriminación de género. “En ningún momento me planteé que no podía ser directora por ser mujer. Nosotras llegamos, lo hacemos y quien no lo quiera ver, se va a quedar atrás. Aunque me sigue pareciendo lamentable que me pregunten que cómo me siento por ser joven, mujer y hacer cine”.

Arantxa Echevarría, directora de 'Carmen y Lola' / david castro

Sin duda, el panorama ha cambiado mucho con respecto a la generación de Arantxa Echevarría, que ha debutado en la dirección con 50 años. “Cuando le dije a mi padre que me quería dedicar a esto me dio dos palmaditas en la espalda. Hay que recordar que no hace tanto tiempo la mujer no podía tener una cuenta corriente y mucho menos dirigir una película, por eso es tan importante seguir avanzando en la lucha feminista”.

Ya no se tiene tanto miedo a la juventud. Celia Rico piensa que ahora se pone más el foco en los nuevos creadores, que interesa más la mirada de las generaciones jóvenes, pero también le preocupa que se trate de una mera impostura, un “afán por ver quién descubre el último talento”, algo que no debería estar reñido con una carrera a largo plazo. En ese sentido, este año encontramos un dato preocupante: tan solo se han estrenado dos segundas películas de mujeres, ‘Penélope’, de Eva Vila y ‘Les distàncies’, de Elena Trapé.

Celia Rico, directora de 'Viaje al cuarto de una madre' / ACN / VIOLETA GUmÀ

Echevarría tiene claro que esta confluencia de óperas primas femeninas tiene que ver con las ayudas institucionales y el nuevo sistema de puntos que favorece la introducción de mujeres en los distintos departamentos. Todas las directoras con las que ha tenido oportunidad de hablar EL PERIÓDICO están a favor de las cuotas para alcanzar la paridad. “Por desgracia las leyes son necesarias porque el sector está muy cerrado, se repiten esquemas y se contratan hombres casi por inercia”, comenta Anxos. Celia Rico piensa que no se trata de una “discriminación positiva, sino de una acción necesaria”.

Las ayudas continúan siendo fundamentales, pero también, como comenta Carolina Astudillo, directora de ‘Ainhoa, yo no soy esa’, el apoyo de asociaciones como Dones Visuals, CIMA y Mujeres de cine, cuyo trabajo a la hora de visibilizar, promover iniciativas, promocionar y difundir, resulta clave. También la participación dentro del proceso de las Universidades y las Escuelas de cine. “Parte de esta generación sale del sector universitario. En el contexto catalán, escuelas como la ESCAC o la UPF tutorizan proyectos de fin de carrera, te asesoran para que consigas un apoyo industrial”, dice Toucedo, jefa del área de No Ficción de la ESCAC.

Elementos en común

La mayor parte de las óperas prima dirigidas por mujeres este año tienen algunos elementos en común. Parten de un impulso íntimo, de una necesidad de dirigir contra viento y marea. Se apartan del modelo industrial y quizás por esa razón en ellas late una enorme libertad y están atravesadas por una contundente personalidad expresiva. Además, películas como ‘Viaje al cuarto de una madre’, ‘Trinta Lumes’, ‘Con el viento’, o incluso una comedia como ‘Mi querida cofradía’ tienen la particularidad de partir de la cotidianeidad, de retratar espacios y sensaciones que pertenecen al ámbito de la privacidad, para hablar de temas universales como son las relaciones materno-filiales o la relación con el entorno que habitamos.

Anxos Fazáns, directora de 'A estación violenta' 

“Algo que compartimos es la necesidad de regresar a nuestras raíces para analizar o cuestionar aquello que tenemos a nuestro alrededor”, dice Diana Toucedo. “Para contar algo al espectador, primero hay que conocerse a uno mismo. Esto da lugar a un cine más honesto, cercano y real. Hoy tenemos muchas pantallas y muchas propuestas y creo que hay que reconectar con el público regresando a lo esencial, a aquello en lo que pueda reconocerse”.

Bajos presupuestos

Sin embargo, como apunta Celia Rico se sigue sin confiar en el valor comercial de una producción hecha por una mujer a pesar de que hayan demostrado conectar a la perfección con el público. “Si pudiéramos analizar los presupuestos de estas películas, veríamos que son muy bajos”, añade Toucedo. “Salen adelante por la necesidad que tienen las creadoras de contar sus historias, como un acto de pura libertad y valentía, pero no es suficiente desde el punto de vista industrial”.

Arantxa Echevarría piensa que mientras los grandes productores sean hombres, preferirán encargar un blockbuster a un director. “Yo puedo hacer perfectamente un ‘Fast and furious’, y seguro que desde una perspectiva totalmente diferente y más interesante’, dice. Porque, al fin y al cabo, el punto de vista de los hombres, ya se han encargado de exponerlo ellos mismos a lo largo de la historia del cine.

Muchas de estas cineasta eluden los referentes patrios y están más próximas a Agnès Varda o Naomi Kawase

Otro de los grandes problemas es la falta de referentes. Mientras que Arantxa Echevarría valora la labor que directoras como Josefina Molina o Pilar Miró, situándolas como pioneras, muchas de las nuevas directoras no sienten cercanas, aunque sí valoran, figuras como las de Isabel Coixet, Icíar Bollaín o Gracia Querejeta. Se sienten más próximas a Agnès Vardá, Chantal Akerman, Naomi Kawase o Claire Denis. “Cuando estaba estudiando me faltaban referentes patrios”, apunta Celia Rico. “Y ahora, sin embargo, mis referentes son las propias mujeres que integran mi generación porque conectan más con mi propia sensibilidad. Si tuviera que hablar de una figura fundamental que es necesario reivindicar es la Mar Coll, ella consiguió abrir muchas puertas”.

En un mundo tan competitivo como es la industria del cine, resulta de lo más gratificante comprobar cómo cada una de las directoras que han participado en este reportaje, valora el trabajo de las demás. “Me gusta pensar que nos apoyamos”, dice Anxos. “Es importante hacer piña. En un sector tan individualista, generar redes entre nosotras nos va a hacer más fuertes”.