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CRÓNICA

Gran debut de Manuel Walser en el Auditori

El barítono suizo se presentó en el ciclo dedicado a Schubert, al que asistió poco público

Pablo Meléndez-Haddad

Manuel Walser (derecha), en una imagen del 2015. 

Manuel Walser (derecha), en una imagen del 2015.  / ARCHIVO

El ciclo dedicado a los Lieder de Robert Schubert que organiza el Auditori de Barcelona contó en su segunda entrega con un fantástico y generoso programa a cargo del barítono suizo Manuel Walser y del pianista alemán Alexander Fleischer, dos representantes de la última generación de intérpretes entregados con convicción al repertorio del Lied, un género que necesita madurez y auténtica pasión por música y literatura. Esta pareja de jóvenes talentos demostró –como sucede con muchos intérpretes actuales de canción– una intensa y detallista preparación; en este caso, ambos se han fogueado en concursos especializados y en prestigiosos escenarios, aportando un discurso en el que quedó patente que comprenden y saben comunicar de la mejor manera tanto las poesías puestas en música –extraordinaria la dicción del cantante– como las hermosas partituras, conformando una velada siempre coherente. Una verdadera pena que un recital de tanta intensidad y calidad mostrara un patio de butacas tan tristemente vacío.

Walser se mostró poderoso y emocionalmente comprometido en todo momento, exhibiendo una voz amplia, recreándose en el fraseo, sin temerle a los forte y controlando tanto un vibrato metálico que aparece de tanto en tanto en sus agudos como en algún grave poco apoyado en determinado momento. Desde el piano Fleischer respondió con flexibilidad y estuvo genial en sus apuntes casi pictóricos en piezas como 'Aufenthalt', 'Im Walde' o en esas cabalgatas traspasadas al teclado tan características de Schubert.

Ambos intérpretes crearon auténtica magia en 'Du bist die Ruh' y en 'Im Abendrot', introspectivas y sentidas, con Walser luciendo frases ligadas y expresivas, pero fue en canciones como 'Nachtstück' y aquellas con la muerte como temática cuando la atmósfera se transformó en teatral por el acento dramático con el que fueron enfocadas: casi dieron miedo 'Der Zwerg' y 'Totengräbers Heimweh'.

Como propina regalaron 'Nacht und Traüme', también de Schubert, sobre un poema de Matthäus von Collin.