ENTREVISTA

Toni Soler: "El humor es una vacuna contra los radicalismos y los autoritarismos"

El periodista y productor de 'Polònia' publica el íntimo y autobiográfico 'El tumor', donde desnuda sus sentimientos ante la muerte del padre cuando tenía 16 años

Toni Soler, este lunes en Barcelona. 

Toni Soler, este lunes en Barcelona.  / JOAN CORTADELLAS

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Toni Soler (Figueres, 1965) tenía 16 años cuando su padre murió de un cáncer cerebral. De esa vivencia surge ‘El tumor’ (Anagrama), un libro que huye del sentimentalismo para afrontar el dolor y el duelo largamente reprimido, donde el periodista, historiador, guionista y productor de ‘Polònia’ y presentador del satírico ‘Està passant’ aparca su faceta humorística brindando, por primera vez, un contenido texto autobiográfico. 

¿No sintió pudor al tratar de algo tan personal?

Escribir algo tan íntimo no es ser valiente, lo es hablar de ello. Con lo exhibicionista y vanidoso que soy, como todos los de mi gremio, sí siento pudor y me salen raptos de timidez en las entrevistas. En la presentación de hace unos días con Gemma Nierga sufrí un ataque de vergüenza. 

¿Fue terapéutico? 

Eso lo asocio al sufrimiento y no fue el caso. Lo escribí para mí y fue fácil y satisfactorio. Ya no me dolía hacerlo. Lo hice cada día en el camerino simultaneándolo con el programa de humor. Pero no habría sido posible si no lo hubiera madurado en mi cabeza durante más de 30 años. El motor para escribirlo fue el pensar que los coetáneos de mi padre empiezan a desaparecer, que mis hijos no lo conocieron y que el recuerdo de una persona empieza a desvanecerse.  

¿Por qué nos da miedo demostrar la tristeza, el duelo?

Los miedos, todos, cuando se convierten en palabra, se desinflaman. Es como una nube que cuando lo verbalizas pierde importancia. Yo estoy a favor, aunque no es saludable pasarse el día hablando de lo que te da miedo. Cuando ya era algo mayor pensé que el no haber hecho el duelo por el padre me saldría tarde o temprano en forma de depresión o problemas de relación con los demás, pero no, no caí en el alcoholismo ni en ningún abismo... Eso no significa que no me influyera.     

¿Vivimos de espaldas a la muerte?  

Sobre todo a los 16 años, cuando no estamos preparados ni para ser adultos. Aunque algunos hagan cosas de adultos y tengan aspecto de adultos emocionalmente son inmaduros y la muerte les resulta algo ajeno, no pueden imaginarla más allá de hacer chistes de humor negro. No son conscientes de lo que supone la pérdida, hay una incapacidad total para afrontar la muerte y así es muy difícil estar preparado. No hay manuales. Por eso cada uno sale como puede. Yo pensé que debía hacer lo propio de un hombre adulto, demostrar y exhibir fortaleza, hacer ver que no me afectaba o como si no hubiera pasado. 

"Un adolescente es incapaz de afrontar la muerte. No es consciente de lo que supone la pérdida"

Era el hijo pequeño. Nadie le dijo que su padre podía morir. 

Estaba sobreprotegido y la familia no me preparó para ello. Nunca me dijeron claramente que mi padre podía morir. Solo cuando ya estaba en coma, para que me despidiera. Aunque yo me culpo también, porque pienso que quizá no quise saberlo.   

Reconoce también algo de culpa por no haberse sentido demasiado triste o no haber llorado. 

Sí, el mismo día del funeral fui a ver un partido de básquet. Primero intentas no celebrar las canastas porque, claro, estás de duelo, pero sin darte cuenta te olvidas y acabas haciéndolo. Y en el instituto igual. Es la incapacidad a los 16 años de procesar algo tan antinatural. Mis compañeros me miraban con respeto y pensaban 'es el primero al que se le ha muerto el padre' y yo no quería ser ese chico, quería ser yo  mismo. 

Su madre, la escritora Carme Guasch, publicó después ‘Trena de cendra’ (1984). 

Fue el 'libro de cabecera de todas las viudas de Catalunya'. En él decía que yo de repente me convertía en el hombre de la casa cuando yo estaba muy lejos de serlo. En la adolescencia tiendes a separarte de la familia, a rechazarla, para reafirmarte. En mi caso, además, porque la familia significaba la omnipresencia del duelo, del padre ausente... y yo quería estar en otra familia. No asumí ningún liderazgo, intenté sobrevivir como pude. 

¿Qué diría su madre de este libro? 

No sé. Ella se desmoronó porque era una pareja muy unida y enamorada. Ella vivió su duelo en nombre de todos, fue muy acaparadora con el duelo. Pero no es ningún reproche, fue así. Yo tuve que vivirlo solo, bloqueé el duelo y ni mi madre ni mi familia lo vieron extraño. Creo que cada uno intentó vivirlo como pudo. Luego, con la muerte de mi madre [en 1998] mis hermanas y yo vivimos un duelo más auténtico y compartido, creo que recuperamos el terreno perdido. 

"Ante tanto fervor nacional hacer broma contra las banderas es muy saludable. Lo grave es que que Dani Mateo pueda ir a prisión por una broma"

Rescata su propio recuerdo del padre. ¿Qué le diría hoy? 

Yo tenía 12 años cuando enfermó. Era importante explicar mi relación con él y lo que significó su muerte para mí. Debía ser sincero y alejarme de la imagen hagiográfica que mi madre daba en su libro. Tampoco hablé sobre él con amigos vivos o con mis hermanas. Hoy seríamos dos desconocidos. Pero sí me planteo que quizá deberíamos haber hecho un esfuerzo cuando estaba enfermo para conocernos mejor porque igual acababa mal, como así fue. 

Dani Mateo ha comparecido ante el juez por el polémico gag en que se sonaba con una bandera española. polémico gag en que se sonaba con una bandera españolaEn ‘Está passant’ se solidarizó con él e hizo lo propio con la ‘senyera’ en otro gag

Ante tanto fervor nacional hacer broma contra las banderas es muy saludable. La gente está muy preparada para la libertad de expresión. Creo que en casos como el de Dani Mateo son los poderes públicos y la justicia los que no están a la altura.

¿Habría imaginado hace unos años polémicas como esta? 

Es dramático. Hemos ido hacia atrás. Hay dos peligros. Uno, la censura de toda la vida, cuando el sistema o el régimen está en crisis, se siente débil y tolera menos las bromas. En España coincide con una crisis de identidad nacional y eso hace que un agravio a la bandera sea más grave que hace 10 años y los poderes públicos, quizá a causa de su debilidad, están reaccionando de manera más autoritaria de lo que convendría. Y luego la censura colectiva, a través de las redes sociales, con el ‘bullying’ contra determinados colectivos y opiniones y con cierto puritanismo a veces de sectores más progresistas. Hacer humor sobre animales, feminismo, razas, gays... hoy es un terreno más resbaladizo que el de la monarquía. Han aparecido pequeños dogmatismos, pequeños ayatolás intolerantes, que nos dicen sobre qué reír y sobre qué no. Pero lo grave e intolerable es que Dani Mateo pueda acabar en prisión por una broma.

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¿Necesitamos el humor más que nunca? 

Antes era un devoto del humor en todo. Ahora creo que es un placebo, un ansiolítico, un autoengaño para no afrontar cosas que nos dan miedo o nos hacen daño. Pero sigo creyendo en el humor como vacuna contra los excesos de solemnidad, los radicalismos, los autoritarismos y tantas otras cosas que son un riesgo latente.