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Viaje al universo de David Lynch con David Lynch como guía

Llega a las librerías 'Espacio para soñar', una mezcla de biografía y memorias de la que extraemos algunas de las mejores historias

Juan Manuel Freire

David Lynch.

David Lynch. / DEAN HURLEY

La bibliografía alrededor de David Lynch no es ni mucho menos escasa, pero no hay un libro igual que 'Espacio para soñar' (lanzado en España por Reservoir Books este jueves), entre diversos motivos por tratarse de las primeras memorias de este pintor metido, de forma casi inconsciente, a cineasta.

Memorias en un cincuenta por ciento. La otra mitad es una biografía al uso, basada en una documentación exhaustiva y entrevistas en su mayoría nuevas (con amigos, familiares, exmujeres, colaboradores, etcétera), a cargo de esa periodista especialista en sujetos complicados llamada Kristine McKenna.

La cosa funcionó así: McKenna escribió un capítulo de biografía pura y dura, solo los hechos, y a continuación, Lynch redactó su respuesta a dicho capítulo, dando su propia visión del periodo temporal cubierto, a veces (no muchas) aprobando o desaprobando las palabras de los entrevistados. Ambos puntos de vista son valiosos, pero en particular el segundo. La voz animada, divertida y directa del director menos directo del mundo.

Mina de anécdotas

Quienes recorran estas más de 700 páginas buscando las claves de la obra de Lynch saldrán frustrados. Sus películas, series y cuadros no son enigmas esperando a ser resueltos, sino enigmas esperando a ser vividos, repetidamente, quizá con resultados diferentes en cada intento. "Me gusta la lógica de los sueños: puede pasar cualquier cosa y todo tiene sentido", escribe Lynch respecto a su flexible visión del mundo y el arte.

Lo que hace el autor de 'Terciopelo azul' es reunir, quizá sin la escritura más depurada del mundo, pero con entusiasmo contagioso y memoria en apariencia prodigiosa, un cúmulo de anécdotas y experiencias difíciles de olvidar. Rescatar tan solo unas pocas del 'maelstrom' es misión complicada. Debajo podrán leer sobre nueve de estas historias; nueve que podían ser noventa y nueve, en realidad.

Al atractivo de leer a Lynch al desnudo se suma la colección de imágenes que recorre el tomo: casi un centenar, en la mayoría del archivo del director, algunas familiares e íntimas, otras durante rodajes; todas épicas. Para quienes habrían querido que el íntimo retrato documental 'The art life' hubiese cubierto toda la trayectoria de Lynch, este será su libro de cabecera. Después de algo así, no habrá espacio en las librerías para más novedades sobre el genio.

1. Una mujer desnuda en Boise, Idaho

McKenna describe la infancia de Lynch en Boise, capital del estado de Idaho, como "bucólica y segura". Pero el director asegura que incluso de niño intuía el terror bajo la superficie: "El rollo de los 50 no siempre es positivo; siempre supe que pasaban cosas".

Estando una noche en la calle con su hermano pequeño, John, vio como surgía de la oscuridad "una mujer desnuda de piel muy blanca", con piel "del color de la leche" y "sangre en su boca". "No podía andar muy bien, y tenía mala pinta y estaba completamente desnuda". La perturbadora imagen, que le siguió de por vida, puede recordar a la Ronette Pulaski de 'Twin Peaks', caminando por las vías del tren en aquel camisón hecho jirones.

2. Una polilla atrapada en la pintura

La parte biográfica de 'Espacio para soñar' arranca con una trivialidad importante: la madre de Lynch era de ciudad, y su padre, de campo. "Este es un buen punto de partida, pues nos hallamos ante una historia de dualidades", explica McKenna.

Sin oscuridad no hay belleza, nos asegura Lynch en cada fotograma y cada lienzo. Jack Fisk, su compañero de piso, amigo y, después, diseñador de producción, recuerda una obra seminal: "Un día vino con un óleo de un barco en un embarcadero. En esa época aplicaba una capa de pintura muy gruesa y una polilla había quedado atrapada en ella, y al intentar escapar había dejado un bonito remolino en el cielo. Recuerdo lo que se emocionó contemplando esa muerte mezclada con la pintura".

3. El pique con Anthony Hopkins en 'El hombre elefante'

En su faceta de productor, Mel Brooks fichó a Lynch como director de 'El hombre elefante' antes de ver 'Cabeza borradora'. El tipo le cayó bien. Llegado el rodaje, incluso los actores de formación clásica cayeron rendidos al novato. Todos salvo uno: Anthony Hopkins, quien no llegó a pedir que lo despidieran, pero casi. Lo veía caprichoso e inexperto.           

"¿Por qué esta dirigiendo este tipo la película? ¿Qué ha hecho? Solo una película insignificante", se quejó al productor Jonathan Sanger. Otro día se enfrentó con Lynch cara a cara. Con razón, dice el director: "Esto es un drama victoriano con grandes estrellas del cine, y lo único que yo había hecho hasta entonces era una cosita que habían ido a ver diez personas... era de locos".

4. "'Star wars' no es mi onda"

Según cuenta Lynch, el único punto positivo de "la pesadilla" de hacer 'Dune' fue conocer al productor Dino De Laurentiis y su familia. Sin aquel contacto, quizá nunca hubiera existido 'Terciopelo azul', un premio de consolación de Dino para David después de la experiencia traumática del anterior filme.

Pero antes llegó a sus manos otra propuesta ambiciosa. No es leyenda: George Lucas se reunió con Lynch para proponerle dirigir 'El retorno del jedi'. "Me sentía en cierto modo halagado, pero no sé muy bien por qué fui, ya que 'Star wars' no es mi onda. En fin, el caso es que mientras él hablaba empecé a sentir dolor de cabeza, y la cosa fue a más".

5. La Dama del Leño

Leyendo 'Espacio para soñar', se puede entrever que 'Twin Peaks', en su primera encarnación al menos, no era un proyecto que Lynch sintiera realmente propio. Más bien, era una forma de ahorrar dinero. Pero la mítica serie le sirvió para dar salida a ideas antiguas, como la Dama del Leño, un personaje que había creado mentalmente para Catherine Coulson a principios de los 70. 

"Ella siempre llevaba un leño encima, tenía un hijo de cinco años o así, y era la estrella de 'I'll test my log with every branch of knowledge', que era una miniserie sobre aprendizaje". En un posible episodio, llevaba el leño al dentista y lo usaba para enseñar a su hijo de cinco años sobre las caries.

6. Ruptura abrupta con Rossellini

Según explica el actor Brad Dourif, en el plato de 'Terciopelo azul' flotaba el amor. "Allí sentado, observé cómo David se enamoraba de ella [Isabella Rossellini]. Cuando ella cantaba 'Blue velvet', él la miraba totalmente prendado, y ella también estaba prendada de él". "Supongo que entre ellos ocurrió algo que podría llamarse química", dice la que era mujer del director por entonces, Mary Fisk, hermana de Jack.

Lynch no dejaba un amor sin haber encontrado antes otro. Cortó con Rossellini por teléfono, sin dar muchas explicaciones, después de enamorarse de su montadora Mary Sweeney, que acabó siendo su tercera esposa. La separación llegó solo un mes después.

7. Una hernia y al hospital por risa

Si quieren echarse unas lágrimas por culpa de la música, no duden en volver a ver en YouTube el fragmento del documental 'Secrets from another place: Creating Twin Peaks' en el que Angelo Badalamenti, compositor fetiche de Lynch, explica cómo crearon juntos el tema de Laura Palmer.

Pero su colaboración ha sido, a veces, histéricamente divertida. En la canción conjunta 'A real indication', grabada para 'Fuego camina conmigo', Badalamenti tenía que improvisar una parte vocal: "Recorrí todo el espectro de la locura, gritando e improvisando, y David se reía tan fuerte que le salió una hernia y acabó teniendo que operarse".

8. Su rato con Jacko

Todos han querido un pedazo de Lynch. Desde George Lucas hasta… Michael Jackson, quien lo quiso como director de un 'teaser' de 30 segundos del álbum 'Dangerous'. Al principio, el director expresó serias dudas al respecto. "Pero fue colgar el teléfono, ir hacia el pasillo, y de golpe me vinieron a la cabeza un montón de ideas".

Visto ahora mismo, aquello parece más un 'teaser' de 'Twin Peaks: The return': cortinas rojas, árboles raros, un montículo con un fluido plateado que hace erupción… Y la cara de Michael Jackson dentro de un orbe flotante.

Lo que más sorprendió a Lynch del ídolo pop: su facilidad para estar maquillado mucho rato. "Es una persona muy crítica con lo que se refiere a su aspecto", dice.

9. La rana-polilla

Para los muchos que se preguntaron qué-diablos-está-entrando-en-la-boca-de-la-niña al final del octavo episodio de la nueva 'Twin Peaks', Lynch tiene, esta vez sí, una respuesta bastante clara.

Tras su fallido intento de estudiar con Kokoschka en Austria, Fisk y Lynch pasaron con el Orient Express por Yugoslavia, "y aquello es muy oscuro, oscuro de verdad". En un momento dado, el tren se detuvo y Lynch se atrevió a bajar. "El suelo estaba cubierto de una capa de polvo como de veinte centímetros de grosor y soplaba viento, y veías saltar del suelo aquella especie de polillas gordas como ranas, que daban un brinco y volvían a posarse. De ahí salió lo de la criatura mutante".

Temas: Libros Cine