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SENTIDO ADIÓS A UNA DIVA

Un emotivo 'Réquiem' de Verdi despidió a Montserrat Caballé

Los cuerpos estables del Liceu interpretaron la obra en el funeral oficiado en la catedral de Barcelona

Pablo Meléndez-Haddad

La orquesta y coros del Liceu en la catedral de Barcelona.  / JORDI COTRINA

La orquesta y coros del Liceu en la catedral de Barcelona. 
Aspecto de la catedral de Barcelona, poco antes de iniciarse el funeral.
Montserrat Caballé, durante una actuación en Viena en el 2011.

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El funeral por el eterno descanso de Montserrat Caballé, fallecida el pasado 6 d octubrese hizo como ella quería: abierto a la gente de su ciudad. El lugar escogido no fue su Liceu, sino la catedral de Barcelona; las entradas se tenían que pedir por internet, agotándose en solo unas horas. Poco más de 450 fueron los afortunados, ya que el limitado aforo del templo debía albergar además a más de 200 intérpretes. Admiradores y amigos acompañaron al mediodía del sábado a la familia de la legendaria cantante que organizó la ceremonia contando con el generoso apoyo del Liceu –que movilizó desde sus músicos hasta la archivera–, del arzobispado y de Televisión Española, que retransmitió en directo un acto en el cual la música se tornó en protagonista, ya que se interpretó el 'Réquiem' de Verdi, una espectacular misa cantada que Montserrat Caballé había elevado a cotas insuperables en sus interpretaciones de leyenda.

Pero hubo más música, ya que la entrada del cardenal Joan Josep Omella, arzobispo de Barcelona, estuvo acompañada por música de Barber. Su intervención no llegó a los 15 minutos, un responso certero en medio de un clima de profunda emoción; la música, sin embargo, consiguió el milagro que Caballé siempre persiguió, abrir el espíritu del público y ya desde los primeros compases, tanto de Barber como de Verdi, la emoción reinó en el templo. Las palabras de Omella –en castellano y catalán– definieron a la cantante como “embajadora de nuestra tierra, una mujer prudente y amable, conciliadora, y siempre con una gran sonrisa. De familia humilde, con esfuerzo y perseverancia llegó a la cúspide de la fama y de su arte. Su canto nos llenó el corazón de belleza”, discurso en el que estuvieron presentes incluso los famosos pianísimos de la Caballé.

Ni Torra ni Colau

Una ola de afecto se hizo presente en este emotivo homenaje que intentaba consolar a su viudo, Bernabé Martía sus hijos, Montserrat y Bernabé, a su hermano Carlos, a sus sobrinas, nietos y demás familia que asistieron al acto desde la banda opuesta en la catedral a la de la delegación de políticos y autoridades. Entre estos últimos se encontraban la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, el ministro de Cultura, José Guirao, la consejera de Cultura de la Generalitat, Laura Borràs o y la directora del Instituto Nacional de Artes escénicas y de la Música, Amaya de Miguel, entre otras autoridades, no así ni el president Torra ni la alcaldesa Colau.   

El director Josep Pons supo adaptar la sonoridad de la obra a la difícil acústica del templo

La soprano Ainhoa Arteta, visiblemente emocionada, fue la encargada de cantar la parte de la 'Messa da Requiem' que interpretaba Caballé, una tarea sin duda muy difícil, pero la cantante vasca pudo con ello imponiendo incluso muchos pianísimos. A ella se unieron las voces de la mezzo Anna Larsson, la del tenor Nikolai Schukoff y la del bajo Alexander Vinogradov –espléndido–, junto a la Simfònica liceísta, al Cor del Liceu y a la Polifònica de Puig-Reig, todos a las órdenes de Josep Pons, quien supo adaptar la sonoridad de la obra a la difícil acústica del templo tanto con la abultada masa coral como con los solistas, teniendo en cuenta la amplia reverberación del espacio.

Fue un 'Réquiem' de voces graves, ya que brillaron especialmente la mezzo Anna Larsson –que tenía que interpretar por la noche 'Das Lied von der Erde' en el Liceu junto al tenor, este último nada cómodo– el joven bajo ruso Alexander Vinogradov, de bellísima voz, potencia y contenida expresividad, quien debutará el curso 2019-20 en el Gran Teatre. El coliseo de La Rambla, además, abrió su sala principal al público.

El público abarrotó el Liceu para seguir la ceremonia a través de una pantalla gigante. / jordi COTRINA

Unas 1.800 personas asistieron desde el coliseo a la ceremonia, proyectada en una pantalla gigante ubicada en la boca del escenario.