FIGURA DE CULTO DEL PERIODISMO MUSICAL

Lester Bangs, el hombre que incendió la crítica rock

Ve la luz en castellano 'Reacciones psicóticas y mierda de carburador', antología de artículos del subversivo periodista estadounidense, fallecido en 1982

Lester Bangs, cuero y cerveza en la playa de Coney Island, en Nueva York, en la década de 1970.

Lester Bangs, cuero y cerveza en la playa de Coney Island, en Nueva York, en la década de 1970.

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Hay que situarse en Estados Unidos, años 70, cuando el rock se había convertido en un objetivo cultural de masas, para entender el alcance de las piezas periodísticas de Lester Bangs, el crítico musical al que 'Rolling Stone' despidió "por su trato poco respetuoso con los artistas" y que representó un modo honesto y ultrasubjetivo, apasionado pero con noción de la distancia, de hablar de la música de su tiempo. Una figura de culto quizá más citada que leída, sobre todo en España, disfunción a la que ahora pone remedio la edición, por fin, en castellano de su primera antología de artículos, 'Reacciones psicóticas y mierda de carburador'.

Se trata de un volumen publicado originalmente en inglés en 1988 por el gurú Greil Marcus y que ve la luz este lunes a cargo de Libros del Kultrum, nueva singladura editorial de Julián Viñuales (Global Rhythm, Malpaso). Textos procedentes, sobre todo, de publicaciones 'underground' como 'Creem' y 'Village Voice'. En el prólogo, Marcus lanza una atrevida hipótesis: ¿fue el mejor escritor estadounidense un crítico de discos de rock? La prosa de Bangs era torrencial y refrescante, llena de referencias culturales y subculturales sin caer en el enciclopedismo, impulsiva y descarada, y ponía un acento extremo al nuevo periodismo esbozado en los 60 por Truman Capote.

Compromiso y distancia

'Periodismo gonzo', así se le llamó, o kamikaze, con el autor enfangándose y saliendo vivo de cada lance con la pluma lista para perforar el ánimo del lector. Artículos en los que Bangs hizo saber que se puede amar a un artista y a la vez destrozar una de sus obras (ahí están sus rifirrafes con Lou Reed). O acompañarlo de gira y luego cuestionarlo. En 1977, siguió a The Clash por el Reino Unido, y en un largo y jugoso texto explica su contrariedad ante el contraste entre lo que el grupo predicaba (ética punk de clase trabajadora) y el trato altivo con los fans, uno de los cuales, según narraba, fue una noche humillado y vapuleado por su chófer sin que los músicos se inmutaran.  

Bangs falleció en 1982, a los 33 años, de las complicaciones de un proceso gripal (hacía poco se había limpiado de las drogas cuando una medicación se le atravesó), y sus artículos quedan como testimonios de su mirada insurrecta, en el fondo romántica, hacia un objeto, el rock, que como él advertía había "comenzado a ir cuesta abajo en 1968", con la creación del supergrupo Cream. En la película 'Casi famosos' (2000), de Cameron Crowe, excrítico musical, el malogrado Philip Seymour Hoffman se ponía en su piel y en su característico bigote en una escena muy simbólica: Bangs tira al suelo ejemplares de álbumes de Jethro Tull y Yes y saliva ante la portada de 'Raw power', de Iggy & The Stooges.

Te quiero y te despedazo

Su primera crítica de discos, de 1969, que no recoge el libro, fue premonitoria de su estilo: admirador de MC5, se cargó su primer álbum, 'Kick out the jams', pese a la aparatosa campaña publicitaria que envolvió el lanzamiento. O quizá, en parte, debido a ella, ya que tanta expectativa chocó, a sus ojos, con las deficiencias de aquella grabación en directo. Bangs practicó el arte de discutir los juicios dominantes: el álbum 'Ziggy Stardust', de Bowie, era poco más que una bagatela, y los buenos eran el soul-funky 'Young Americans' (incomprendido por muchos de sus fans) y su lúgubre continuador, 'Station to station'.

Pero la tentación de tacharlo, a vuelapluma, como un egocéntrico caprichoso o un provocador se va rebajando a medida que uno se deja llevar por esos textos torrenciales en los que revela un fondo cultural sólido, con pilares en la literatura beat y en músicas ajenas al rock’n’roll como el jazz de Coltrane o Davis. Narrativa a veces jeroglífica, que ha hecho de la traducción al castellano, a cargo de un reputado crítico musical, Ignacio Julià, una tarea que infunde respeto. "Su lenguaje no solo era complejo y personal, e incluía 'slang’' sino que incluso se inventaba palabras. Le hice unas consultas a Greil Marcus y su respuesta fue: 'Lo siento, yo tampoco sé qué quiere decir’", explica Julià, que ha procurado "recuperar el argot y la forma de escribir que se utilizaba en la prensa musical española de los 70".

Un hombre con valores

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Para Ignacio Julià, que en aquellos años se introdujo en las páginas de publicaciones como 'Star' y 'Vibraciones', más allá de su estampa de 'enfant terrible' y azote de la industria, Lester Bangs era "un moralista" que asociaba el rock’n’roll a unos valores éticos y que "pedía también al lector que se comprometiese y tomase posición". Todo ello, en contraste, añade, "con la crítica musical de hoy, que apenas emite juicios negativos y que se ha convertido en una parte más de la industria del entretenimiento".

En los 70, una crítica "podía hacer famoso a un artista o hundirle", lo cual le otorgaba un poder que se escapa al periodismo especializado actual. "¿Qué sería hoy Lester Bangs, un 'influencer' de YouTube?", se pregunta Julià, hoy jefe de edición de 'Ruta 66'. Quizá hubiera encontrado el camino para hacer oír su voz, adecuando la realidad a su circunstancia y no al revés. Fuera como fuera, y aunque cambien los tiempos, las músicas y los formatos, su legado, que seguramente él imaginó tan efímero como la vigencia de la reseña en un semanario, pervive y seguirá haciéndolo: Libros del Kultrum tiene previsto publicar el segundo tomo de su antología, 'Main lines, blood feasts and bad taste'.