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LA SITUACIÓN DEL CINE ESPAÑOL

'Matar a Dios': de triunfar en festivales a ser invisible en taquilla

La comedia de Caye Casas y Albert Pintó recaudó menos de 40.000 euros después de haber ganado más de 20 premios, entre ellos el del público en Sitges-2017

Natàlia Queralt

Caye Casas y Albert Pintó, en el estreno de Matar a Dios en Sitges-2017

Caye Casas y Albert Pintó, en el estreno de Matar a Dios en Sitges-2017 / ROBERT RAMOS

Los catalanes Caye Casas y Albert Pintó son los directores de Matar a Dios, una comedia negra, surrealista y buñueliana que, con más de 20 premios internacionales y el aplauso de la crítica, acabó pinchando en la taquilla con una recaudación de menos de 40.000 euros. Su estreno en el Festival de Sitges del 2017 les valió el Gran Premio del Público y la nominación al Méliès d'Argent a la mejor película de cine fantástico y de terror, pero ni eso ni el resto de galardones le permitió durar más de una semana en cartelera, la de su estreno el 21 de septiembre. «La taquilla es la guerra», asegura Casas.

Matar a Dios tuvo que compartir cartelera con Predator Los increíbles 2, entre otros hitos de presupuesto estratosférico, así que la competencia más que feroz era letal. «Esto es como si el Logroñés jugara la Champions», bromea, o no, el codirector del filme.

La película relata las desventuras de cuatro miembros de una familia (Boris Ruiz, Eduardo Antuña, Itziar Castro y David Pareja) que deciden pasar juntos la noche de fin de año en una casa en la montaña. En medio de la noche, un vagabundo enano que dice ser Dios (Emilio Gavira) irrumpe en la velada para comunicarles que cuando salga el sol exterminará a la especie humana y solo habrá dos supervivientes, que deben ser elegidos por ellos. «Es una crítica a saco de la especie humana», explica Casas.

Tráiler de Matar a Dios  (2017)

Una vez terminado el guión de su ópera prima, las subvenciones públicas no llegaron y ni ninguna televisión se interesó por su proyecto. «Aun así, decidimos rodar nuestro largometraje, independiente y de bajo presupuesto, lo que ya supone un gran triunfo teniendo en cuenta la gran cantidad de cine español invisible, que podría constituir un género en sí mismo», asegura el codirector. El tándem Pintó & Caye, autores de los también multipremiados cortos Nada S.A. (2014) y RIP (2018), atribuye esta falta de visibilidad a la escasez de presupuesto y de publicidad, entre otros factores. «Competir en la Champions es un reto en sí, pero si eres un equipo desconocido y con poco presupuesto, las posibilidades de que te vengan a animar se reducen drásticamente y, de ganar el trofeo, aún más». Y, si tenemos en cuenta la dificultad creciente para llenar las salas de cine españolas y la irrupción de plataformas como Netflix o HBO que cada día cuentan con un mayor número de suscriptores, el panorama no es muy esperanzador.

«Durante este año hemos tenido la oportunidad de participar en muchos festivales, como en Corea, donde nos recuerdo especialmente nerviosos para saber qué aceptación tendríamos y, al final, los tres pases resultaron ser un éxito», recuerda el director. «Matar a Dios ha sido nuestra primera película, una historia superpositiva que nos ha dado muchas alegrías y nos ha situado en el mapa del cine, aunque nos hayamos quedado con la espinita de la taquilla». Es la cruel paradoja: una comedia negra premiada en diversos festivales internacionales resulta prácticamente desconocida para el público nacional. Eso sí, Pintó & Caye lo tienen claro: seguirán explicando historias a su manera, a través de la comedia, el humor y el surrealismo.