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CRÓNICA

Joe Crepúsculo, una inquietante 'fábrica de baile'

El músico de Sant Joan Despí arrolló en el primero de los dos conciertos en Sidecar para celebrar diez años de correrías

Jordi Bianciotto

Joe Crepúsculo, en Sidecar, este miércoles.

Joe Crepúsculo, en Sidecar, este miércoles. / CARLOS MONTAÑÉS

Para los seguidores de Joe Crepúsculo, sus canciones representan un ‘hit parade’ paralelo a través del cual explicar emocionalmente la última década. A ello se entregaron con intensidad y algarabía este miércoles en Sidecar, en la primera de dos noches con las que Joël Iriarte celebra el 10º aniversario de su alias como activista electro-pop: himnos y más himnos hasta quemar la noche, amarrados a “la canción de nuestra vida”, que es “como un rayo que atraviesa las heridas”.

Puesta en escena, como siempre, de mínimos: ‘Crepus’ y su cómplice a los teclados y programaciones, que ahora no es Sergio Pérez (Svper) sino Aaron Rux, entregándose ambos a un ‘grandes éxitos’ arrollador que comenzó por el principio de todo, ‘Escuela de zebras’, canción que en el 2008 fue el presagio de todos los cruces de textos raritos y estribillos aplastantes que estaban por venir. A Crepúsculo, el pasado ‘bakala’ le delata graciosamente: “¡Arriba Barcelona!”, iba soltando, cual enloquecido animador de discoteca, arrastrando la erre como lo haría King África. “¡'Arrrrriba' esas manos!”.

Reggaeton y ‘synth-pop’

Fue una fiesta, sí, un poco malograda al principio por problemas de ecualización (“¿cómo suena?”, “¡¡¡mal!!!”), pero encarrilada por la sucesión de clásicos jaleados hasta en los confines de Sidecar, con tralla sónica ochentera, bajos sísmicos con bombo a negras, e incursiones en territorios latinos y ‘reggaetoneros’: de ‘Te voy a pinchar’ a ‘Familia y cigarros’. Textura synth-pop a lo New Order en ‘Ojos de conejo’ y esa voz rematadamente vulgar que da un punto de cercanía abollada a hitos como ‘El día de las medusas’ y ‘Ritmo mágico’.

Canciones que logran transmitir un estado euforizante pese a que pueden incluir peculiares metáforas de insectos (la enrarecida ‘El cráneo’) o esbozar pensamientos filosóficos sobre el gusto y el paso del tiempo (‘Música para adultos’). A su línea lírica más confesional podría acogerse ‘Quizá’, la álgida canción nueva de su recién publicada antología ‘10’, que sonó como preludio de la escalada final, rumbo a ‘Suena brillante’, la versión de ‘Maricas’, de Los Punsetes, ‘La verdad’ y el trote tribal de ‘A fuego’, enlazado con ‘Mi fábrica del baile’. Ante tales monumentos, qué menos que invadir el escenario, imagen última de una sesión que se repetirá este viernes. 

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