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ENTREVISTA

Albert Espinosa: "Para mí, la muerte no es triste. No me da miedo morir"

El creador de 'El mundo amarillo' y 'Pulseras rojas' regresa con los 20 cuentos de 'Finales que merecen una historia'

Anna Abella

Albert Espinosa, hace unos días en Barcelona. 

Albert Espinosa, hace unos días en Barcelona.  / ÁLVARO MONGE

Ha creado una icónica y popular filosofía vital marcada por la superación del cáncer siendo adolescente, experiencia que volcó sobre todo en ‘El mundo amarillo’ y en ‘Pulseras rojas’, la serie que tanto emocionó a Spielberg que decidió producir la versión estadounidense. Con dos millones y medio de ejemplares de sus libros vendidos en 40 países, el escritor y guionista Albert Espinosa (Barcelona, 1973) regresa con los 20 relatos de ‘Finales que merecen una historia’ (Grijalbo / Rosa dels vents). Los ilustra Vero Navarro emulando antiguos carteles de cine, porque, alerta al autor le gustaría, alerta, “convertirlos en 20 películas”. Uno lo será seguro: ya ha firmado el contrato, revela.  

La génesis de los relatos está en el hospital, cuando era niño.
Sí. Hace un año iba a un concierto de Battiato, tropecé, me caí y me rompí la cadera. Y entonces me pasaron dos cosas maravillosas: una, me pusieron un tornillo, a mí, que siempre me ha faltado uno, y me equilibré... La otra fue que me instalé en casa de mi madre para que me cuidara y descubrí muchas cosas de ella. Y me recordó que cuando yo tenía 14 años y estaba en el hospital me dijo que pensara finales que merecieran una historia. Y los rescaté. Me salieron más de 80, me quedé con 21, y al final me guardé uno porque pensé que no estaba preparado para explicarlo. Los he retocado todos excepto el que escribí aún en el hospital, con 16 años, cuando creía que iba a morir. 

Admite que es el más personal.
Sí, era un canto a la vida, un repaso de un niño, por fechas, de lo que pasó [diagnóstico, amputación de una pierna, recaída, extirpación de un pulmón y parte del hígado]. Tuve un final, del cáncer, un final que merecía una historia. Y la ilustración del relato, de un niño gladiador con gotero, casco y espada, simboliza la lucha: el chico soñando batallas, batallas contra la quimio y la pérdida. Que los niños con cáncer digan ‘mis héroes no llevan capa sino pulseras rojas’ me emociona. 

Al inicio de cada cuento recupera una cita distinta de ‘su’ dama de 94 años. 
Era una mujer que conocí en el hospital y fue como mi maestra. Me gustaba su forma de ver el mundo. Según ella, para ser un gran valiente has tenido que ser antes un pequeño cobarde. 

"Mi padre quería morir. Perder tus capacidades, no recordar... nadie necesita ese final si sabes que no vas a vivir. Algún día se comprenderá la importancia de la muerte digna"

Le dedica el relato que usa para el subtítulo del libro, ‘Lo que perdimos en el fuego renacerá en las cenizas’.
Son relatos bajo esa premisa: todos los personajes renacen. También hablan de inconformistas, de luchadores. Como ‘El rugido del león’, que da pie a la tercera temporada de 'Pulseras rojas' (que a la espera de que se materialice el proyecto en España ya se han estrenado versiones en Italia y Alemania). Y enseña que lo importante no es vivir o morir sino luchar. El cáncer te enseña muchas cosas pero si te curas no debes olvidar las lecciones que te dio. También es de luchadores mi cuento favorito, el de una chica en silla de ruedas. Cuando me rompí la cadera y estuve cuatro meses en silla de ruedas me di cuenta de la cantidad de obstáculos que hay. Y decidí no pisar un lugar donde no se pudiera entrar en silla de ruedas. ¡Hasta cambié de gimnasio! Ella me dijo: "O entramos todos o no entra nadie". Si todo el mundo lo dijera las cosas cambiarían. 

Otro cuento lo dedica a Antonio Mercero. 
Sí, porque cuando le diagnosticaron alzhéimer me dijo: ‘Ojalá un día encuentren algo para curarlo y puedas ver cómo te tratan cuando creen que no te das cuenta de nada. Muchos tratan a estos enfermos como objetos. Lo más triste, me cuentan los familiares, es cuando la gente dice que no viene a verlos porque "como no se acuerda de mí...". Pero yo creo que lo sienten todo. Lo último que hice con Mercero fue ver ‘Planta cuarta’. Y se reía. Su muerte y la de mi padre son las que más me han afectado. 

¿Vivimos de espaldas a la muerte? 
Para mí la muerte no es triste, me lo inculcó aquella mujer de 94 años, que decía que lo triste era no vivir intensamente. No me da miedo morir. A los 16 años me dieron un 3% de probabilidades de vivir y si aprendes a morir aprendes a vivir. Yo no esperaba vivir tantos años. Cuando me rompí la cadera, mi médico ya me había advertido de que me pasaría hacia los 45, por los efectos secundarios de 140 tandas de quimioterapia. El 90% de niños con osteosarcoma sufrirá osteoporosis. Me dijo que mis 50 años serían como los 80 de otra persona. 

"El 'bullying' se solucionaría haciendo a los padres del niño acosador corresponsables penales"

¿Por eso en el libro anuncia su “retirada” a los 50?  
Es un retiro para hacer otras muchas cosas de las que tengo ganas. Lo de la cadera fue un aviso. No significa que te vayas a morir pero está bien plantearse el tiempo de forma distinta. Quiero hacer tres libros más y una película y una serie más. Ya lo tengo todo atado. Los libros ya los tengo construidos en la cabeza. Hay un cuarto que está escrito y que saldrá en abril. 

Un relato habla de visitas al tanatorio de les Corts cada domingo...
Allí están las emociones más brutales. La gente solo va cuando tiene un muerto pero si vas un día cualquiera te das cuenta del sentido de la vida. Es el único lugar donde la gente demuestra las emociones a través de la muerte. Como yo no esperaba superar los 17 años lo veo de forma distinta, de ahí mi forma feliz de ver la vida. Debes prepararte para la muerte y convertir las pérdidas en ganancias. La vida es aprender a perder todo lo que has ganado. Es ley de vida. 

En el libro no elude el suicidio, la muerte, las enfermedades terminales, el ‘bulliyng’...
El ‘bulliyng’ me preocupa mucho. Solo se solucionaría haciendo a los padres del niño acosador corresponsables penales. El problema está en la educación en la familia. Me gustaría que el cuento ayudara a cambiar las cosas. Y la eutanasia: qué terrible y qué necesaria es. Tras un mes en la UVI mi padre quería morir y me decía ‘pégame un tiro’. Perder tus capacidades, no recordar... nadie necesita ese final si sabes que no vas a vivir. Algún día se comprenderá la importancia de la muerte digna.    

¿El libro tiene algo de terapéutico?
Un poco sí. No es literatura curativa pero son cuentos para soñar despierto y curar el alma dormida. Para todas las edades. Y son luchas en temas que creo necesario solucionar.