ENTREVISTA AL ESCRITOR FRANCÉS

Sabri Louatah: "Francia es multirracial pero actúa como si solo fuera blanca"

El escritor francés de origen argelino publica 'Una boda francesa', primera parte de su celebrada saga 'Los salvajes'

El escritor francés de origen argelino Sabri Louatah, en Barcelona.

El escritor francés de origen argelino Sabri Louatah, en Barcelona. / JUAN CAMILO MORENO

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Lo primero que lamenta Sabri Louatah, nacido en la Francia profunda (Saint Etienne, 1983), autor de la tetralogía ‘Los salvajes’ de la que acaban de publicarse las dos primeras entregas en un solo libro (la edición en español será, pues, una trilogía), ‘Una boda francesa’ (Penguim Random House), es la falta de relato de los franceses descendientes de emigrantes magrebís en la literatura del país vecino. Sus novelas, divertidas y populares, han sido superventas en Francia, donde se prepara una serie de televisión que estrenará Canal + el próximo año. En la ficción, mientras una familia de origen bereber –como la del propio autor- realiza los preparativos de la boda de su hijo Krim, Idder Chaouch, el primer candidato árabe a la presidencia de Francia se perfila como ganador frente a Nicholas Sarkozy. El peligro de un posible atentado sobrevuela las elecciones.

“Lo que he intentado es escribir una historia nacional desde el punto de vista de una minoría de la que se habla constantemente pero a la que jamás se le da la palabra”, explica el joven autor que hace unos años decidió vivir en Estados Unidos, “un país loco y sumamente violento” en el que, por el contrario, no tiene problemas de identidad. “Francia es un país multirracial pero vive como si solo fuera un país de raza blanca. Y uno no tiene más que pasearse por París o cualquier otra ciudad para darse cuenta de que ahí hay una enorme contradicción”.

Un francés de origen magrebí, en concreto bereber, como Louatah, ha tenido una infancia y primera juventud sin referentes públicos ni en la televisión (“bueno, entre centenares había uno solo”) o en la política. Y lo que no le dio la realidad se lo ha construido él mismo en la ficción. La idea de su candidato a presidente le llegó con aquella famosa imagen en la que Obama se inclinaba ante un niño negro para demostrarle que su pelo era igual que el de él. Con esas buenas intenciones en su interior asegura que ‘Los salvajes’ es más bien un cuento de hadas antes que una sátira. “No estoy diciendo que nos avergoncemos de que difícilmente un candidato árabe pueda ser una realidad en Francia -algo que jamás veremos- sino planteando qué ocurriría si eso fuera posible”. Y lo que pasaría, según la ficción de Louatah, es que un miembro de su misma comunidad prepararía un atentado que canalizaría la rabia que algunos árabes franceses sienten hacia sí mismos.

¿Comunidad, qué comunidad?

“En Francia no existe una comunidad árabe. Cuando se produjeron los atentados de ‘Charlie Hebdo’ y del Bataclan, los franceses dijeron que no oían a los musulmanes, que les gustaría que salieran a la calle y se solidarizaran, pero es que la historia de Francia consiste en prohibir la formación de comunidades, todo debe diluirse en la identidad francesa. Así que no puedes negarlos como árabes y a la vez pedirles que se solidaricen”. Es tal la seriedad que adopta el autor hablando de estos temas, que en un momento dado se siente en la obligación de recordar que ‘Los salvajes’ es una novela cómica, y que solo a través de ese tamiz siente que se pueden hablar de grandes temas, jugando con un lector que en su mayoría va a ser blanco: “Ese lector, con nuestros nombres extraños, nos ve así, como salvajes. Lo que yo he querido explicar es que estos personajes no son exóticos per se”.

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En medio de este debate, poco antes de los atentados de 'Charlie Hebdo' en el 2015, Michel Houellebecq publicaba su novela ‘Sumisión’, que expresaba el miedo de los blancos franceses a ser invadidos por parte de los árabes. “Lo que en realidad contó Houllebecq no fue tanto el miedo general como sus propias obsesiones. Como por ejemplo, el suicidio del hombre europeo, que a mí no me interesa para nada, en tanto que árabe. Pero está bien que sea así porque las novelas no son lugares de virtud. Yo creo que se debe escribir sobre todo, con una libertad absoluta, incluso sobre las cosas que molestan”. 

Si la novela de Houellebecq se vio afectada negativamente por el dolor y los muertos de la revista satírica, también se perdió a decir de Louatah la posibilidad de crear un debate verdadero en la sociedad francesa. Esos ecos también impregnaron al autor en la escritura de su tetralogía, que inició en el 2011, pues durante su elaboración, se sucedían los terribles atentados que en los últimos años han sacudido a la sociedad francesa. En aquellas circunstancias era muy difícil mantenerte dentro de una burbuja escribiendo relatos divertidos. De ahí que, el trabajo del cuarto volumen, que será el tercero en España, haya sido el más difícil para él. “Yo imaginaba que mi presidente al final haría un gran discurso unificador. Pero la realidad, con la sociedad francesa tan fuertemente fracturada, no me lo permitió. Así que lo que hice fue escribir un discurso mucho más maduro pero también mucho más oscuro”. El ciclo de novelas acaba por lo tanto sin respuestas y con un interrogante abierto: “No podemos vivir mezclados, tampoco unos junto a otros, pero en realidad estamos en el mismo barco. ¿Entonces qué hacemos?”. 

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