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ENTREVISTA

Robert Forster: "The Go-Betweens no se construyeron con música, sino con ideas"

Robert Forster, líder del grupo australiano The Go-Betweens, responde a preguntas sobre el documental 'Right here' (que se estrenará este viernes en el In-Edit) y su libro de memorias (aún no traducido en España) 'Grant & I'

Kiko Amat

El músico australiano Robert Forster

El músico australiano Robert Forster

"Este grupo: ni un hit". Lo afirma con vehemencia, y cierto pasmo, Robert Forster, fundador de The Go-Betweens (junto al fallecido Grant McLennan), en el documental 'Right here', que se estrena este sábado en el festival In-Edit 2018. Su frase no era un ejercicio de jactancia 'underground': The Go-Betweens no colocaron un solo éxito en las listas a lo largo de toda su carrera, y no por falta de ganas. 'Right here' intenta comprender por qué uno de los mejores grupos pop de los 80, y de la historia, quedó relegado a banda sublime para listillos del pop y paisanos gremiales. Robert Forster, dandy lacónico de genio y figura, nos ayuda a desentrañar el misterio.

El libro da tu visión, pero en el documental opina hasta el apuntador.
No hay nada que pueda hacer. Muchos de los entrevistados dicen cosas que yo sé que son erróneas. Algunos de los hechos son incorrectos. Un solo ejemplo: un entrevistado dice que en nuestro concierto de debut íbamos con guitarras acústicas, pero yo puedo decirte que eso no es cierto. Jamás en la vida hubiésemos debutado en un concierto de rock’n’roll en plena época postpunk con guitarras acústicas. No éramos Simon & Garfunkel.

Hablando de Simon & Garfunkel. Algunos veíamos a The Go-Betweens como dos cantautores acompañados de una serie de miembros útiles.
Grant y yo nunca pensamos en el resto de la banda como mero acompañamiento. Además, las bandas que nos gustaban, The Velvet Underground o The Byrds, eran grupos de verdad. Nos gustaban los grupos carismáticos y reales, y que funcionaban como grupo. Aspirábamos a ser un grupo de rock.

Erais tan disfuncionales como Fleetwood Mac, aunque no se notase. Divorcios, inquinas, egos…
Fue algo más firme. Cuando Amanda [Brown] y Lindy [Morrison] hablan del pasado en 'Right here', sus palabras están teñidas por la infelicidad que les produjo la disolución de la banda, y eso influye en la idea que dan de nosotros. Las cámaras crean un nuevo relato centrado en lo disfuncional. Los documentales van en busca del conflicto.

En tu libro dices que Orange Juice “estaban consumidos por su propio mito”, algo que podría aplicarse a vosotros.
Sin duda. Cuando empezamos, queríamos ser un grupo tradicional, pero a la vez éramos una banda muy poco común. Yo le enseñé a mi mejor amigo a tocar un instrumento, lo que es una forma bien extraña de empezar una banda de rock’n’roll. Grant y yo no queríamos que el grupo estuviese basado solo en música, así que vertimos en él todas las cosas que nos interesaban: películas favoritas, literatura, shows de televisión… The Go-Betweens no se construyeron con música, sino con ideas.

"Yo siempre estuve impresionado por Grant. Era el joven de 18 años más extraordinario que uno se podía echar a la cara. Era remarcable. Conocerle fue como conocer a un joven Alfred Hitchcock, o a un Picasso adolescente"

Una mujer a la batería, guiños literarios en 'Karen', la dedicatoria “a nuestros padres” del 'Before Hollywood'… Luchabais para sortear los clichés del rock.
La perspectiva anti-rock’n’roll era crucial. A la gente se le olvida que la idea fundamental del punk y postpunk era el Año Cero. Como la revolución francesa: “la historia empieza ahora”. Lo que la gente decía entonces, con mayor o menor sinceridad, era que los Beatles eran basura, que aquello había terminado y teníamos que volver a empezar. Esa mentalidad solo duró unos dos años, pero impregnó a The Go-Betweens, y se quedó con nosotros durante una década.

Dicho esto, os encantaban The Velvet Underground y muchos grupos pop de los 60. Supongo que del postpunk tomaríais más la pasión que el rechazo a la tradición.
Lo que sucede es que la tradición que nos gustaba era Creedence Clearwater Revival. Era The Lovin’ Spoonful. The Monkees. Bandas que no eran nada populares por aquel entonces. No formaban parte del canon “serio”, y no estaba bien visto que te gustaran.

Tu relación con Grant McLennan impregna el libro. Erais dos personalidades distintas, por decirlo rápido.
Sí, pero teníamos muchas cosas en común. Éramos hijos mayores, y nos las apañamos para no realizar las grandes expectativas que nuestras familias tenían de nosotros. Fuimos a la universidad, pero utilizamos los diplomas para formar un grupo de rock. Había muchas cosas sin decir entre Grant y yo, pero a la vez teníamos tantos discos y películas en común que podíamos trabajar juntos sin verbalizarlo. Muchos grupos o parejas creativas se separan porque uno de los dos trata de imponer sus ideas al otro, y quedarse con la atención del público. Nosotros nunca fuimos así.

La admiración que os teníais debió de jugar una parte importante en lo que dices.
Yo siempre estuve impresionado por Grant. Era el joven de 18 años más extraordinario que uno se podía echar a la cara. Era remarcable. Conocerle fue como conocer a un joven Alfred Hitchcock, o a un Picasso adolescente. Me llevaba una delantera enorme en muchísimas facetas del mundo artístico. Sabía tantas cosas…

La “maldición” de Grant es que carecía de “ancla”, mientras que tú tenías a tu familia, hijos, domesticidad…
Cuando nos conocimos yo era un chaval de Brisbane, mientras que él venía de muy lejos, y estaba de interno en la universidad. Yo regresaba cada día a casa de mis padres; llevaba una vida de barrio residencial, mientras que Grant iba a su aire. Eso funciona cuando tienes entre dieciocho y veintiocho años, pero a los treinta y pico necesitas arraigo. Grant era incapaz de echar raíces. Cuando murió a los cuarenta y ocho aún compartía casa con gente. Era una persona muy romántica. Creía a pies juntillas en la vida del artista. Recibía toda su energía de los libros, el cine y la música. Yo siempre necesité un lugar al que regresar: una mujer, hijos, un hogar.

En 'Right here' sorprenden los extremos a los que llevaste tus cambios estéticos. Ejemplo: la pinta que llevas en el video de 'Head full of steam'. WTF.
[ríe] Londres tiene parte de culpa. Fui pobre allí, así que estaba muy delgado. Y todo el mundo en Londres lleva un look extremo. Boy George era una de las popstars de la época. La política del 'New Musical Express' era poner en portada al grupo que llevara la pinta más rara. En Estados Unidos estaban Prince y Madonna, cambiando de imagen cada día. Todo eso conspiró para que me convirtiese en quien viste en 'Head full of steam'. Ser amigo de Nick Cave y The Bad Seeds tampoco ayudó.

En el libro hablas de drogas duras. Sorprende, porque jamás os vi como una banda drogata.
Los fans no tenían por qué saberlo. A mitades de los ochenta los grupos de rock’n’roll llevaban ya más de veinte años haciendo de la drogadicción su imagen. Era algo un poco pasado de moda. Otro cliché. Algunas bandas seguían haciéndolo en los ochenta, pero a nosotros nunca nos gustó publicitarlo. Tomar drogas de gira es una estupidez, y nada divertido.