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ENTREVISTA

Chucho Valdés: "La riqueza en el batá está en crear nuevos toques y adaptarlos a lo que quieres hacer"

El pianista cubano presenta el álbum 'Jazz Batá 2' en el Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Roger Roca

Chucho Valdés. 

Chucho Valdés.  / ALEJANDRO PÉREZ

Hace diez años inauguraba el Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona a dúo con su padre, Bebo Valdés, y desde el 2013 es un nombre fijo en la programación de la cita, que celebra su 50º aniversario. Este viernes en el Palau de la Música (21.30 horas) el pianista cubano Jesús 'Chucho' Valdés estrena un proyecto de mucha carga rítmica al frente de un grupo que completan un contrabajista y tres percusionistas. Será la presentación del álbum 'Jazz Batá 2', que publicará en noviembre. 

En 1972 grabó un disco a trío de piano, bajo y percusión en lugar de batería, 'Jazz Batá', que suena muy vanguardista, incluso a los oídos de ahora. Casi lisérgico. 
Era un concepto muy avanzado para la época, sobre todo en la parte rítmica. Pero poco después, en 1973, empezamos con Irakere y me quité un poco de eso. Después de tanto tiempo decidí retomar la idea y poder enriquecerlo más. Y creo que sí, que lo he logrado.

¿'Jazz Batá' fue el embrión de su grupo de fusión Irakere?
Exacto, porque luego lo que hice fue añadirle una sección de metales, una batería y una serie de instrumentos electrónicos y un cantante, pero el batá siempre estuvo en Irakere presente. Ese grupo reconocido mundialmente. Para mí es uno de mis mayores logros, junto con mi cuarteto para Blue Note, algunas cosas a piano solo y ahora esto. 

¿Qué es el tambor batá y qué papel tiene en la cultura cubana?
El batá son tres tambores de medidas distintas: Iyá, el grande, Itótele, el mediano, y Okónkolo, el tambor chico. Cada mano toca un lado del tambor y produce un ritmo diferente, que se van complementando en una polirritmia afrocubana, por supuesto. Tiene muchos ritmos, mucha variedad y también muchos cantos.

Su origen está en las ceremonias religiosas Yoruba.
Sí, se pueden usar esos toques originales pero también hacer variaciones. Ahí es donde está la riqueza, crear nuevos toques y adaptarlos a lo que quieras hacer. Esa es la forma de buscarle más inventiva.

"El batá siempre estuvo en Irakere"

¿Utilizar un instrumento tan arraigado en la cultura religiosa produce un respeto distinto?
No, se le da el mismo respeto, incluso más, porque lo llevamos a la época en que vivimos. Y además mostramos al público qué es el tambor y qué es lo que hace.

Es cierto que las mujeres tenían prohibido tocar este instrumento?
Sí, pero ya lo tocan.

Su padre ya innovó con estos tambores muchos años atrás, en 1952.
Los utilizó en una orquesta de jazz de 24 músicos que se llamaba Ritmo batanga. Fue un ritmo que él creó, con el batá y una combinación de percusiones.

"El disco es un homenaje a Bebo, mi padre. Incluyo un tema que tocaba cuando yo era niño, que nadie ha oído porque creo que nunca se grabó"

No hay tanta gente que pueda decir que inventó un nuevo ritmo.
Sí, es algo gordo. Bebo lo hizo, aunque aquel proyecto tuvo muy poco tiempo de existencia. Y después, en los años 70, yo decidí retomarlo con otro concepto.

Se cumple el centenario del nacimiento de su padre. ¿De alguna forma este es su homenaje?
Sí, en el disco hay un tema que él tocaba cuando yo era niño, que nadie lo ha oído porque creo que nadie nunca lo grabó. Yo le puse de título '100 años de Bebo'. Todo el disco está dedicado a él.

El año pasado, cuando presentaba su dúo con Gonzalo Rubalcaba en el festival de jazz de Barcelona, anunció que ya tenía en mente este proyecto y que su idea era trabajar con una orquesta. ¿Se ha quedado por el camino?
No, es una continuación. Empezamos así, después seguimos con una sinfónica, y por ahí una variedad de planes que tengo.

Como padrino del festival, sabe que el año que viene tiene que presentar un proyecto nuevo. ¿Ya lo tiene decidido?
Esta vez no, pero hay tiempo.