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MEDIO SIGLO DE UN ACONTECIMIENTO MUSICAL DE REFERENCIA INTERNACIONAL

10 noches históricas de los 50 años del Festival de Jazz de Barcelona

Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Keith Jarrett... Un recorrido a través de la historia de la gran cita del jazz de Barcelona, cuya 50ª edición alza el telón el viernes con un concierto de Chucho Valdés

Roger Roca

Miles Davis y B.B. King, en el Palau de la Música en 1973

Miles Davis y B.B. King, en el Palau de la Música en 1973 / JOSEP MOYA-ANGELER

Con el concierto de Chucho Valdés el viernes en el Palau de la Música, el Festival Internacional de Jazz de Barcelona celebra 50 ediciones. Lo fundó un aventurero, siguió adelante gracias a un grupo de entusiastas, desapareció durante tres años (1977-1979), cambió de manos una y otra vez y  se asentó hasta convertirse en el festival de grandes proporciones que es ahora, con más de 100 actividades programadas al año. Medio siglo de jazz en diez noches para la historia.

25 de enero de 1966. Duke Ellington y Ella Fitzgerald

En 1966, Joan Roselló, que en 1959 había puesto en marcha con éxito el club Jamboree en la plaza Reial, por el que pasaban grandes figuras norteamericanas del jazz, se lanzó a traer por primera vez a España a dos leyendas: el pianista y compositor Duke Ellington y la cantante Ella Fitzgerald. "Como yo había hecho esos discos jazzísticos con Tete Montoliu", recuerda Núria Feliu, "Roselló me pidió que recibiera a los músicos en el aeropuerto. Tenía que darle un ramo a Ella Fitzgerald y decirle 'welcome to Barcelona'. Estuve ensayando una semana. Cuando la vi bajar del avión y la tuve delante fue tanta la emoción que le dije 'tingui'".

El concierto en el Palau de la Música fue un éxito tal que en noviembre de ese mismo año, Roselló organizó allí mismo el primer Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Cuatro días de conciertos en los que actuaron, entre otros, Dave Brubeck, Stan Getz y Astrud Gilberto (era el año del bossanova) y Tete Montoliu, que participó en el festival una decena de veces. A pesar del éxito, en 1968, y vistas las dificultades para conseguir apoyos de la administración local, Roselló lanzó la toalla. El Ayuntamiento, titular del festival, traspasó la responsabilidad al Parc d’Atraccions de Montjuïc, que gestionó como pudo aquella edición.

Núria Feliu, con Ella Fitzgerarld y Duke Ellington, a su llegada al aeropuerto de El Prat, en 1966 / PÉREZ DE ROZAS

24 de noviembre de 1969. Duke Ellington & Coral Sant Jordi

A iniciativa del Hot Club de Barcelona, un grupo de aficionados al jazz que se estrenaba al frente del festival, Ellington presentaba el segundo de sus conciertos de música sacra, con la colaboración de la Coral Sant Jordi que dirigía Oriol Martorell, nada menos que en la Santa Maria del Mar. "Recuerdo el impacto de ver a Johnny Hodges, Paul Gonsalves, Cootie Williams, la coral, Oriol y enmedio Duke repartiendo juego. ¡Era jazz pero con una dimensión distinta!", dice Ricard Gili, por entonces un joven aficionado que aún no había puesto en marcha la Locomotora Negra, pieza fija del festival desde el 2001. “Además, en el concierto estaba el tema 'Freedom', en el que la coral decía "libertad" en todos los idiomas del mundo. Martorell le pidió a Ellington incluir el catalán. Y claro: 'freedom, liberté, libertad, ¡llibertat!'. A todos nos sobrecogió".

Para la ciudad fue la noche más histórica de cuantas ha dado el festival, e incluso Ellington la destaca en sus memorias. Para Gili fue, además, la semilla de un proyecto que alumbró cuatro décadas después. En el 2010, la Locomotora Negra, con la colaboración de la Coral Sant Jordi, estrenó en el festival una cantata con textos de Espriu inspirada en aquel concierto sacro de Ellington. 


12 de noviembre de 1971. Giants of Jazz

"En la gira Giants of Jazz estaban los pioneros del be bop: Dizzy Gillespie, Sonny Stitt, Kai Winding, Al McKibbon, Thelonious Monk y Art Blakey. Era brutal, de esas que ocurren solamente una vez", dice Jordi Suñol, que tuvo el honor de presentar a esos músicos al público del Palau. Al año siguiente, la superbanda de grandes del be bop repitió con éxito. Suñol, veterano promotor de conciertos de jazz, es el único superviviente del Hot Club, que organizó el festival entre 1969 y 1976 y que desde 1947 programó jazz en la ciudad. Actualmente pone en orden el legado del Hot Club para convertirlo en un libro y reivindicar el papel de esos melómanos que trajeron a la ciudad a los más grandes jazzmen de su tiempo. "Alfredo Papo, Pere Casadevall, Raimon Tort, Albert Mallofré... Esos hombres fueron unos pioneros, tuvieron una visión adelantada a su época".


13 de noviembre de 1973. B.B. King con Miles Davis

Miles Davis aparece por sorpresa en escena durante el concierto del bluesman B.B. King en el Palau. "Recuerdo que entró poco a poco, con su abrigo de piel. Tocó un blues y se fue. Fueron poquitas notas pero las puso todas en su sitio, claro", dice el pianista Agustí Fernández. Algo es algo. El día antes, Davis, cabreado porque sus instrumentos estaban retenidos en la aduana y no quería usar la "mierda española" que el festival alquiló para que tocara, dio solo uno de los dos conciertos previstos. Fue suficiente para desatar la polémica entre los asistentes, que se dividían entre defensores de aquella música eléctrica y de pulso funk y nostálgicos del Miles Davis de antes. "Después del concierto los músicos fueron al Zeleste a hacer una 'jam session'. Miles llevaba su trompeta pero ligó, se fue y nos quedamos sin verle”, recuerda Fernández.

Hubo dos conciertos memorables, en 1984 y 1989, pero la relación de Davis y el festival de Barcelona había empezado con torcida: en 1967 dejó tirada a su banda, que tuvo que tocar sin él, y se fue de la ciudad sin avisar. Luego fue el festival el que dió plantón a Barcelona: en 1977 el Hot Club se rindió y no hubo festival de jazz hasta 1980, cuando lo rescató un trío de entusiastas entre los que se encontraba Víctor Jou, de Zeleste, con la ayuda del Consorci del Palau.


5 de noviembre de 1985. Keith Jarrett Trio

Jarrett y el festival empezaron con mal pie. El pianista y su trío creían que les habían contratado para dar un concierto en dos partes pero la organización había vendido entradas para dos conciertos distintos, así que al fin de la primera parte se desalojó la sala para que entraran otros espectadores. Consecuencia: un público furioso que pedía más música y un artista que puso a la ciudad en su lista negra. El pianista Albert Bover asistió al primer pase en el Palau. "No eran circunstancias fáciles y Jarrett tiene muchas manías, pero me gustó mucho. Hizo una introducción bestial de 'My funny valentine' muy parecida a la que apareció luego en un disco en directo de esa época". Jarrett hizo las paces con Barcelona y ha vuelto en muchas ocasiones de la mano de The Project, empresa organizadora del festival. La más memorable, en un concierto a trío en el Auditori en el 2002 que quizás un día vea la luz en disco.


14 de noviembre de 1993. Ray Charles & Maceo Parker

Tras una década de cambios constantes en que el Consorci del Palau de Fèlix Millet mantuvo vivo el certamen, en 1989 la recién creada promotora de conciertos The Project se hizo cargo del festival, que conservó el nombre y pasó a ser de titularidad privada. Entre los primeros aciertos de la joven empresa, que aún hoy organiza el festival, destaca el fichaje en 1993 de un Ray Charles veterano pero muy en forma. Jordi Vidal, fotógrafo 'freelance' que cubre el festival desde 1987, se acuerda muy bien de aquel concierto. En concreto, del primer minuto. "Un tipo de seguridad enorme  que venía con la banda nos dio exactamente 60 segundos para hacer las fotos y luego nos empujó pasillo abajo para que nos fuéramos. Me dio tiempo a tirar un carrete en color y otro en blanco y negro. Fue un gran bolo, pero solo por los teloneros ya valía la pena: Maceo Parker, Pee Wee Ellis y Fred Wesley, ¡los saxofonistas originales de James Brown!".


12 de noviembre de 1998. Brad Mehldau

Brad Mehldau, en su visita al Auditori en el 2005 / MAITE CRUZ

Como otros grandes nombres del jazz del cambio de siglo, el pianista Brad Mehldau publicó sus primeros discos con el sello catalán Fresh Sound New Talent. Pero el pianista más influyente de esos años no debutó en el festival hasta 1998 en la sala Luz de Gas -el festival pasaba estrecheces económicas pero ampliaba escenarios-, en solitario y con piano de no muy buenas prestaciones. Fue la primera de muchas noches de Mehldau en el festival. Jordi Rossy, batería de su trío durante una década, recuerda especialmente la del 2004 en el Palau. "Fue muy emotivo porque no habíamos podido tocar en Barcelona durante los diez años que duró el grupo, cuando Barcelona había sido la ciudad que descubrió a Brad y aquí tenía muchos más seguidores que en otros sitios". Cuatro bises y mucha emoción: era el penúltimo concierto de Rossy, que dejó el trío días después.

Durante esos años The Project amenazó varias veces con echar el cierre al festival, pero su suerte dio un vuelco cuando en 2002 la cervecera Damm se convirtió en patrocinadora.  El certamen vió garantizada su viabilidad y apostó por crecer a lo grande: más espacios, muchos más conciertos y en el 2003, nueva dirección artística con Joan Anton Cararach.


4 de noviembre de 2006. Bebo Valdés & Javier Colina

Bebo Valdés y Javier Colina, en el Palau / RICARD CUGAT

La película de Fernando Trueba 'Calle 54' le rescató del olvido y Barcelona se enamoró de él. Desde 1996, el patriarca del jazz cubano, Bebo Valdés, presentó aquí todos sus proyectos. En el festival dio varios conciertos magistrales, pero ninguno tan emotivo como su duo con el contrabajista Javier Colina en el Palau. Este año, cuando se celebra el centenario de su nacimiento, el festival le rindió un homenaje.


7 de noviembre de 2007. Ornette Coleman

Ornette Coleman, en el Palau, en el 2007 / SANTIAGO BARTOLOMÉ

Tras una década de silencio, el saxofonista Ornette Coleman, padre del free jazz, volvía a la palestra con un disco en directo, 'Sound Grammar' que le valió hasta un premio Pulitzer. Para una música que se estaba quedando sin sus mayores, la reaparición de Coleman fue un acontecimiento, y si además daba conciertos tan conmovedores como el del Palau, su retorno merecía escribirse en letras de oro. "Apenas recuerdo la totalidad, ya no digamos el repertorio, del paso del irrepetible Ornette Coleman por el escenario: esto es buena señal", dice el periodista Ignacio Juliá, que le veía en directo por primera vez. "Significa que el embrujo de verle y oírle, creando presente y futuro en el acto, con humildad y genio, aposentado en su tan fructífera singularidad, magnificó el embeleso del momento, que es algo superior y preferible a la siempre dudosa grabación en la memoria. Ni su senectud podía con ese instintivo olvido de la normalidad que le hizo motor de cambio, irrenunciable personalidad, liberador de cuerpos y mentes. Al final tocó 'Lonely woman', eso sí lo recuerdo. Era la canción favorita de Lou Reed". Dos contrabajos, un bajo eléctrico, su hijo a la batería y en el centro, una leyenda aún muy viva.


2 de diciembre de 2010. La Locomotora Negra, Barcelona Jazz Orquestra & Sant Andreu Jazz Band

Cuando la 'big band' infantil dirigida por Joan Chamorro se estrenó en el festival de jazz de Barcelona junto a dos formaciones veteranas, su tirón popular ya era indiscutible. "La gente que sabía más de jazz me decía que la Sant Andreu Jazz Band era un milagro, y yo me lo creía. Pero en ese concierto lo entendí", confiesa el realizador Ramon Tort, que seguía el proyecto desde hacía años, "porque era palpable la admiración que aquellos niños y niñas y el proyecto despertaban entre los músicos de la Barcelona Jazz Orquestra y La Locomotora". Un año después, la Sant Andreu volvía al Palau en un concierto incluido en el documental de Tort 'A film about kids and music'.

Los organizadores vieron el filón, y desde entonces todos los proyectos de Chamorro pasan por el festival con lleno absoluto, igual que los de Andrea Motis, la primera estrella surgida del plantel de la Sant Andreu. Por ahora no se ve el final de un fenómeno sin precedentes: salas llenas en pleno siglo XXI para ver a niños y jóvenes de Barcelona que tocan jazz.

La Sant Andreu Jazz Band, con Andrea Motis a la derecha, en el 2011 / Michael Weintrob