09 jul 2020

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CRISIS DE PAREJA

El gran 'crack' del amor

Cinco cómodos pasos para seguir el desamor y la ruptura de la brutal nueva novela de Isaac Rosa, 'Feliz final'

Miqui Otero

Escenificación de una ruptura.

Escenificación de una ruptura. / DAVID PEREIRA

De cómo seguir, en cinco cómodos pasos, el desamor y la ruptura de la brutal nueva novela de Isaac Rosa, 'Feliz final'.

1. Os voy a contar la mejor historia de amor del siglo XXI. Acaba mal. Y esto solo es el principio. La nueva novela de Isaac Rosa lleva por título 'Feliz final' porque arranca con la ruptura para volver sobre sus pasos y llegar hasta la primera mirada. Dicho de otro modo, vemos la fruta podrida para asistir a su rejuvenecimiento, en una sucesión de fotografías en 'time lapse' inverso, hasta la pieza original. Todos los finales felices se parecen, pero los felices finales lo son cada uno a su manera.

Si todos los cuentos que nos explicaron acababan con ese “fueron felices y comieron perdices”, imaginen ahora que a sus protagonistas no les gustan las perdices (quizás uno sea vegano) o que se cansen de ese menú más bien pronto o no tengan dinero para comprarlas. Escribe Roland Barthes en una de sus 'Mitologías': ”El problema real no está en encontrar el modo de mechar con cerezas un perdigón, sino en conseguir el perdigón; es decir, pagarlo”.
    
2. De esta historia, pues, conocemos el final, pero eso solo es un problema ('spoiler') cuando hablamos de series policiacas o pelis de multicine y no de buena literatura. Un amigo me explicó que años atrás había ido a ver 'Titanic', lo que entendemos como gran historia de amor a la Hollywood, con un proyecto de amor adolescente. Cuando se dirigían al cine, mi amigo le dijo: “El problema de 'Titanic' es que ya sabemos cómo acaba”. No lo soltó por hacerse el listo, sino porque incluso en los libros de texto de EGB se explicaba lo del iceberg, pero su cita contestó: “¡No me lo digas, no me lo digas!”. El amor no se hizo camino después de la película, pero en realidad la postura de la chica era comprensible: todos, en el fondo, nos acorazamos en ese “no me lo digas”.

El desenamoramiento es sofá pequeño y rutina de lunes. Es mucho más difícil de narrar que el romance e incluso que la ruptura final, porque se nutre de gestos y no de gestas. Porque es estático. Rosa lo logra atendiendo a los detalles cotidianos que laminan una relación, pero también a las lógicas capitalistas que la hacen incompatible con el mercado. 

Como no entienden por qué se separan, los dos protagonistas de esta historia hablan. Desandan su amor como intenta descubrir alguien cómo perdió sus llaves: primero a tientas, torpemente, mirando alrededor y luego reconstruyendo por dónde pasó la noche anterior, por embarazoso que esto le resulte. 

3. De Isaac Rosa me asombra cómo cuenta las cosas. Cómo las explica pero también cómo las contabiliza. Explicaré lo primero. En '¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!', Rosa crea a una especie de crítico literario que pone todo su sarcasmo al servicio de machacar 'La malamemoria', debut del autor. Cuando el narrador de esta se pone demasiado épico o estupendo, el crítico le baja los humos. En 'Feliz final' Rosa emplea un mecanismo similar aplicado al amor, mediante dos puntos de vista en una especie de ping-pong epistolar. Cuando uno de los dos protagonistas interpreta de un modo demasiado fotogénico o autocomplaciente un recuerdo, el otro lo matiza o machaca. Y al revés. Con estrategias como estas, Rosa logra que sus novelas sean tan empáticas como rigurosas. Tan ricas.

Y ahora lo segundo. En su novela sobre el trabajo, 'La mano invisible', el personaje mira un edificio e intenta explicarse cómo se construyó, no en base a sueldos y materiales, sino “en dolores, lesiones, desgastes, vértebras castigadas, articulaciones condenadas a una vejez de achaques” de los albañiles. En 'Feliz final', el personaje masculino le enseña a su pareja un gráfico que asciende como un cohete para luego asentarse en cierta meseta antes de caer a pico. Solo luego le dice que ese gráfico, que tanto se parece a su relación, es el del saldo de su cuenta corriente compartida: cómo lo ascendieron en un diario (es periodista), para luego acabar como colaborador externo. Cómo en el amor, como en la empresa, o te ascienden o mejor que te echen. Cómo, cuando vuelves a estar solo, dices que “estás en el mercado”.
    
4. Explicaba Herzog en sus diarios de 'Fitzcarraldo' que un elefante, después de haber recibido varios balazos, podía aguantar hasta diez días muerto pero en pie. Son muchas las parejas que ya han decidido que lo suyo está muerto, pero que no logran dar el paso. El protagonista de esta novela se desvela a oscuras pensando en columnas de doble contabilidad, porque “divorciarse con hijos es sinónimo de descenso social”. Crecieron con películas de Woody Allen, con divorciados en 'lofts' del tamaño de campos de fútbol sala, pero aquí los separados deben compartir piso o alquilar zulos sin luz. 

"¡Seremos nuestro Estado del bienestar!”, se dicen en un momento de la novela. Fuera, un sistema en el que la gente cambia de pareja como de operador de telefonía y que no ofrece cariño ni seguridad. Un amor no libre, sino liberalizado. Dentro, una pareja autoconsciente que se idealiza demasiado para compensar la competencia que rige la vida laboral y social. Esta contradicción neorromántica donde no falta el ansia de vivir en el campo o la pareja dominada por mecanismos de ficción (canciones de amor, poemas antiguos, comedias románticas con final feliz).

La primera frase de 'Feliz final' es: “Nosotros íbamos a envejecer juntos”. Y ahí palpita toda la novela. Algo así como ese relato de Hemingway: “Se vende: zapatos de bebé, por estrenar”.

5. En 'Ana Karenina' hay una escena mágica en la que Levin intenta seducir una vez más a Kitty. A solas en una sala de juegos, se dicen lo que piensan escribiendo con una tiza en el tapete verde gracias a un idioma cifrado. “CUMCNPSSNOE”, escribe él. Y esto, que suena a siglas de una confluencia de izquierdas, quiere decir: “Cuando usted me contestó no puede ser, ¿significaba nunca o entonces?”. En 'Feliz final', los protagonistas también encriptan lo suyo con el “morse de manos”. Él, durante una cena, escribe con el dedo en la palma de ella: “Quiero que nos separemos”. 

Rosa no solo ha desplazado el centro del nacimiento del amor a su muerte, sino que ha sabido explicar el camino que lleva a esta. La muerte cuesta dinero (y sostiene una gran industria funeraria) y la muerte del amor también. Perdonen el chiste: el amor como “nicho” de mercado. Y en el 'crack' de la inolvidable historia de amor de su novela resuena otro 'crack', más amplio. Y en la crisis de la mediana edad y de esta pareja, la crisis de los cuidados y la socioeconómica. Y en esta novela, tantas vidas.

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