Ir a contenido

EL LIBRO DE LA SEMANA

Un Carver a la escandinava

Nórdica recupera en 'No soy así' los cuentos del noruego Kjell Askildsen, una voz fría, dura y afilada como el hielo de los glaciares

Olga Merino

Zona cercana al glaciar noruego de Blomstrandbreen. 

Zona cercana al glaciar noruego de Blomstrandbreen.  / AP / GREENPEACE

Igual que el hielo de los glaciares, así es la voz del noruego Kjell Askildsen (Mandal, 1929): fría, dura, afilada y transparente, como solo puede serlo la verdad literaria. En los 36 cuentos que componen la antología 'No soy así', escritos entre 1953 y 1996, este orfebre del relato breve, que merecería mayor predicamento fuera de sus fronteras, no desarrolla tramas trepidantes ni pasiones ni elevadas digresiones ni finales sorpresa con el artificio de la pólvora. Tampoco abundan los paisajes bucólicos, más allá de un bosque o una granizada repentina, ni las descripciones físicas de los protagonistas, en su mayoría hombres que beben café y cerveza, encadenan cigarrillos, salen a caminar por quitarse de en medio y desean a las mujeres con prevención, sin terminar de comprenderlas. Varones solitarios a esa edad -quizás a partir de la cincuentena- en que el desencanto ya ha hecho nido.

Aunque la producción de Askildsen, a punto de cumplir los 90 años y casi ciego, abarca aquí cuatro décadas, el tono de sus cuentos, a veces escuetos como fotogramas, es sorprendentemente lineal y el universo narrativo casi idéntico: la desidia, el aburrimiento de la cotidianidad, reuniones familiares de alto voltaje, un funeral, silencios embarazosos, parejas incapaces de comunicarse, la rutina, los rencores fermentados tras años de relación y algún latigazo de humor sulfúrico. Son historias de fantasmas sin fantasma, de seres instalados en el ya qué más da: “Y allí estaba, en la acera de enfrente, el viejo profesor Storm, del instituto. Félix, grité, pero estaba tan poco acostumbrado a usar la voz que no me salió gran cosa. Nos separaba un denso tráfico, y ni él ni yo nos atrevimos a cruzar la calle, habría sido estúpido perder la vida de pura alegría, cuando me había aguantado sin ella durante tanto tiempo” (del cuento 'Vaya'). 

Algo terrible a punto de estallar

El sentido de su obra lo sintetizó con mucho acierto el argentino Roberto Fogwill en el prólogo a una colección previa de los cuentos del noruego, editada por Lengua de Trapo en el 2010, donde escribió que Askildsen había construido, hace ya medio siglo, “la imagen de una decrepitud solitaria y desesperanzada en el estado de bienestar postcapitalista”. Pero, bajo la superficie del pantano, en apariencia tedioso, acecha siempre la amenaza, un temblor, el pálpito de que algo terrible estallará en el próximo instante, como si alguien fuese a arrimar una cerilla a un bote de acetona: “Noté dentro de mí una especie de desgana por volver a casa, y de repente pensé, y fue un pensamiento nítido y claro: ojalá ella estuviera muerta” (de 'Los perros de Tesalónica').

Askildsen consigue atmósferas de factura impecable con diálogos tensados como alambres, con una prosa sobria, donde no sobra ni una coma, y un estilo deudor de Ernest Hemingway y sobre todo de Raymond Carver en la contención. El pesimismo del suburbio norteamericano trasladado a los fiordos. Sin embargo, el lector se queda en ocasiones con hambre, con la sensación de haber sido expulsado de la sala de cine antes de que terminara la película, tal vez porque el autor escandinavo ha confesado que su mayor propósito es crear desasosiego. Y la existencia suele prodigarse más en interrogantes que en certezas.

item

'No soy así'

Kjell Askildsen
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Nórdica
310 páginas
19,50 euros