RECONOCIMIENTO

El Veláquez premia el arte comestible de Antoni Miralda

Creador de la plataforma FoodCultura, el artista plástico catalán lleva años reflexionando sobre la vertiente antropológica y cultural de la gastronomía

Antoni Miralda, en la sede de FoodCultura, en el 2012.

Antoni Miralda, en la sede de FoodCultura, en el 2012. / ELISENDA PONS

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

Escribe desde Barcelona

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Comida. Ritual. 'Happening'. Y Miralda. Cuatro sustantivos que suelen ir juntos, no en vano la capacidad creativa de Antoni Miralda (Terrassa, 1942) tiene una mirada antropológica sobre el mundo gastronómico, algo de ritual cultural, mucho de participación, y todo de Miralda. Quizá por  eso -"por una trayectoria artística sólida y transdisciplinar, desde los años 60 a la actualidad, en la que ahonda en el concepto de ritual y fiesta, con un sentido lúdico y participativo que evidencia el carácter político y crítico de su obra", a juicio del jurado- se ha convertido en el nuevo Premio Velázquez, el galardón que el Ministerio de Cultura, dotado con 100.000 euros, otorga anualmente a un creador cuya obra sobresale en las artistas plásticas.

Un premio que ha sorprendido gratamente al artista y que le permitirá embarcarse en "proyectos que están encima de la mesa pero que están estancados". Y que no deben ser pocos ni menores. Ya que suya fue la idea de casar, simbólicamente, a la Estatua de la Libertad y Colón, el del monumento de Barcelona. El proyecto se llamó 'Honeymoon', duró de 1986 a 1992, incluyó banquete, regalos anillos... y participaron miles de personas en más de 40 por ciudades de todo el mundo. Fue después de otra de sus sonadas ideas: El internacional, que fue la máxima expresión de la fusión entre comida y arte, y también participación. Fue el primer bar de tapas que se abrió en Nueva York, pero no uno al uso, pues el lugar no lucía jamones sino bacalaos secos, y exhibía porrones. Y se comía, por supuesto. Estuvo en activo entre 1984 y 1986, y fue fruto de la corriente que imperó entre los artistas conceptuales en las décadas de los 70 y 80 de extender su arte creativo hacia las cocinas.

Primer bar de tapas en Nueva York

En el internacional compartió autoría con la chef Montse Guillén con quien Miralda también puso en marcha otro de sus proyectos más ambiciosos: el Food Cultura Museum, que nació en el Food Pavillion de la Exposición Universal de Hannover en el 2000. La idea de un museo dedicado a la comida, no solo como alimento sino también como tradición, ciencia, superstición, experiencia, placer, memoria, conocimiento... La comida como nutrición, sí, pero la comida también desde la práctica artista y antropológica. Nació con ambición y espacio físico, la Casa de la Premsa, un edificio de la Exposición de 1929 en estado de ruina y que el artista no consiguió rehabilitar por falta de inversores. Así que acabó menguando de museo a plataforma.

De ahí han salido algunos de sus últimos trabajos como 'Sabores y lenguas' (1997-2014) y 'FoodCultura Satélite Boquería' (2014-2018). El primero, presentado en el Macba en el 2013, giraba en torno a la preservación de tradiciones culinarias locales de diferentes partes del mundo y en la codificación de una memoria poética sobre las maneras de la comida. El segundo tenía como base el mercado de la Boqueria, la parada 437. Ahí el artista abrió un oratorio dedicado a san Stomak en el que durante tres años trabajó en proyectos creativos relacionados con la realidad del mercado.

Pan azul y arroz coloreado

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El tema de la comida empezó a aparecer en las obras de Miralda a finales de los 60, como la alquimia de las metamorfosis con sus "objetos comestibles. Ahí está 'Breadline', una instalación con de hogazas de pan azules, amarillas, rojas y verdes metáfora de la Gran Depresión de EEUU y ‘Food situation for a patriotic banquet’, ocho platos de arroz coloreado con las banderas de las, en 1972, ocho potencias mundiales. La descomposición del arroz simboliza la desaparición de los colores nacionales y la lógica colonial. Antes de poner su mirada en la comida, la puso en el arte conceptual más duro. Y antes de residir con un pie en Miami y otro en Barcelona, se instaló en París en los 60 y en Nueva York en los 90. Su obra se atesora en las colecciones más importantes. Y cuenta entre sus últimas grande exposiciones con una retrospectiva en el Reina Sofía (2010) y otra, 'MiraldaMadeinUSA', en el Macba (2017).

Ahora se vuelve a EEUU para participar, el 1 de noviembre en Nueva York,  en una gala en honor a Christo y Jeanne-Claude, fallecida en el 2009. Además de una próxima exposición en la galería Senda de Barcelona y una intervención en Miami. Una amplia y variada actividad para uno de los artistas más creativos, divertidos e irónicos del panorama actual al que le gusta reflexionar sobre la capacidad de transformación que el arte posee más allá de los recintos museográficos cerrados.