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CINCELADOR DE LA FIGURA HUMANA

Las figuras filiformes de Giacometti invaden Bilbao

El Guggenheim dedica una monumental retrospectiva al escultor suizo con piezas tan difíciles de ver como 'Mujeres de Venecia'

Natàlia Farré

La instalación Mujeres de Venecia, realizada por Giacometti para la Bienal de Venecia de 1956.

La instalación Mujeres de Venecia, realizada por Giacometti para la Bienal de Venecia de 1956. / EFE / LUIS TEJIDO

Era un hombre solitarioangustiado por su obra pero firme en sus convicciones. Nunca cambió de idea porque tenía la certeza de que iba por el camino correcto. Una actitud que le hizo tomar conciencia de la fragilidad del ser humano y de cómo eso le abocaba al fracaso. Concepto entendido en sentido positivo. Lo suyo "no era el fracaso que impide continuar, sino el fracaso que empuja cada día a volver al taller para hacer una obra mejor". Palabra de Catherine Grenier, directora de la Fundación Giacometti. Y es que el hombre 'fracasado' no es otro que Alberto Giacometti (Suiza, 1901-1966), si no el mayor escultor del siglo XX, sí el más valorado crematísticamente hablando. Suya es 'El hombre que camina', el bronce que batió todos los récords de venta en el 2010. 

Al suizo le angustiaba su obra, tanto que acabó renunciando al proyecto que más ilusión le hacía, el que hubiera supuesto su gran intervención en el espacio público. El lugar ideal para poder trabajar con la escala y con la relación de la obra con el espacio. No en vano para Giacometti la escultura no era tanto el objeto en sí como el vínculo que este establece con el vacío que la rodea, también con el espectador. Era una de sus obsesiones, como lo eran la escala, la perspectiva y el pedestal, y los dos motivos recurrentes en su obra a lo largo de toda su trayectoria: la figura humana y la cabeza. El caso es que esa angustia y esa idea de fracaso fueron lo que le llevó a renunciar al diseño de la explanada frente al Chase Manhattan Bank de Nueva York. Dejó el proyecto porque el hecho de no haber estado nunca en la ciudad de los rascacielos le hizo dudar de que su escala, perspectiva y relación espacial fueran las correctas. Pero antes del no, trabajó en ello, y sus pruebas dieron como resultado tres de las piezas más icónicas del escultor de las figuras filiformes: 'Hombre que camina I', 'Mujer alta I' y 'Gran cabeza'.

'Figurita entre dos casas' (1950), bronce pintado de Giacometti. / luis tejido (efe)

Cubismo y surrealismo

Las tres obras cierran la gran retrospectiva, más de 200 trabajos, que le dedica el Guggenheim de Bilbao. La apertura de la muestra también tiene una mirada obligada: la llegada a París, en 1922, con sus inicios cubistas y su adscripción al surrealismo. Fue antes de decidir tomar su propio y solitario camino volviendo a los modelos y a la figuración. El retorno al taller fue en 1933, antes le dio tiempo a crear obras consideradas magistrales, como la totémica 'Mujer cuchara' (1927), suma de la geometría cubista, al estilización del arte africano y simplicidad formal moderna; y 'Bola suspendida' (1930), una pieza que subyugó a los surrealistas: el prototipo de "funcionamiento simbólico" surrealista, con un contenido violento y erótico, según Dalí.

 Lo mismo vale para 'Mujer degollada' (1932), síntesis de su periodo surrealista que muestra el cuerpo de una mujer sin cabeza que, a la vez, es una mantis religiosa. Diosa y monstruo. Vida y muerte. Hombre y mujer. Pero el imaginario surrealista acabó en tela de juicio en la mente de Giacometti y decidió volver a la realidad y observar. A partir de aquí, el orden cronológico de la muestra despliega un ejercito de figuras filiformes de todos los tamaños posibles: algunas de apenas 2 centímetros, otras de más de 2 metros, muchas solas y las menos compartiendo pedestal: hombres y mujeres en grupo que se asemejan a árboles en el bosque y que se ignoran. "No son hombres ni mujeres míticos, sino hombres y mujeres anónimos de la calle. Símbolos de la humanidad, más auténticos que los retratos", apunta Grenier, que añade: "Están juntos, pero no se comunican". Y es la búsqueda de lo esencial, por esto resulta tan moderno y contemporáneo.

Yeso cincelado y pintado

Sorprende que mande el yeso cincelado o pintado. Pero es que para Giacometti no se trataba de un material de trabajo previo paso al bronce sino de un elemento noble para trabajar. Como sorprende la cantidad de dibujos que hay en la exposición: "Dibujaba compulsivamente, para ejercitar la mano y como ayuda para pensar en sus esculturas", aclara la comisaria. Y el gran número de pinturas, "su obra pictórica es menos conocida pero igual de importante que la escultórica". Merecen una atención especial, por raros, sus lienzos influenciados por los retratos de El Fayum; y por difícil de ver, el conjunto de ocho esculturas 'Mujeres de Venecia, una pieza que desde la muerte del artista solo se ha visto en su fundación, en la Tate Modern el año pasado y, ahora, de la mano de Iberdrola, hasta el 14 de febrero, en Bilbao.