04 jun 2020

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ENTREVISTA

Clara Peya: "Debemos generar nuevas maneras de querer"

La pianista y cantante presenta 'Estómac', un disco de "deconstrucción del amor romántico", en la sala Apolo

Jordi Bianciotto

Clara Peya.

Clara Peya. / ASLI YARIMOGLU

Clara Peya se rebela ante la imagen idealizada del corazón como símbolo romántico y desplaza la mirada a un lugar del cuerpo menos poético en ‘Estómac’, su nuevo disco, el octavo ya de su trayectoria. Lo presenta este viernes en Apolo, dentro del Curtcircut (21.00 horas, abrirá Paula Grande).

En este disco, ¿qué fue primero, el concepto o las canciones?

Yo quería hablar de temas sociales, sobre qué significa ser blanca, privilegiada, blablablá, pero vi que no me surgía nada, que de lo único que sé hablar es de amor. Desde las entrañas, y del amor romántico. Eso me molestó porque soy una gran víctima del amor romántico y estoy enfadada con el sistema. Entonces, lo único que podía hacer era darle la vuelta a la tortilla y deconstruirlo en un disco de canciones de amor.

¿A qué se refiere cuando habla de amor romántico?

Al imaginario de Hollywood, Disney... Vivimos en el sistema capitalista y el amor romántico es también una forma de control: si centras tu vida en él, se te lleva mucha energía. Es piramidal: el amor romántico está arriba y de ahí se sujetan otros vínculos. Si nos hubieran enseñado que todos los vínculos son importantes, que una sola persona no puede saciarnos completamente, que somos sociales y necesitamos otros tipos de amor... Se trataría de ponerlos en horizontal y potenciar el amor hacia las hermanas, las vecinas...

¿Ahora estamos en contra del enamoramiento?

No, en absoluto, pero sería más sano enamorarnos en libertad si hubiera otros referentes. La idea de que vendrá alguien a salvarte es mentira. Solo podemos salvarnos a nosotros porque somos personas completas. Tampoco estoy de acuerdo con que si no encuentras a una persona con la que estar es que has fracasado en la vida. Yo lo he pasado mal, he tenido rupturas muy duras, soy muy pasional e intensa, y estoy trabajando para cambiarlo.

Ha dicho que es una víctima del amor romántico. ¿Eso es así porque se creyó los clichés?

¿Cómo no vas a creértelos, si ves que Blancanieves muere y viene un príncipe y la salva, o que la Sirenita decide perder la voz para poder estar con el hombre que ama? Y la Cenicienta, que pierde el zapatito, y películas como ‘Notting Hill’, ‘Tienes un e-mail’... Personas que se encuentran, se separan y se reencuentran, y la película acaba así. Pero no nos explican qué pasa después de ese momento. Y ser mujer no es lo mismo que ser hombre. Las mujeres antes tenían que llegar vírgenes al matrimonio, pero ellos ya habían podido irse de putas. Los hombres están educados en la confianza en sí mismos, en la seguridad y con más referentes que nosotras.

El romanticismo no lo inventa Hollywood. Viene del siglo XIX, de la literatura, de la música…

Y me parece superinteresante. Yo soy fan de Chavela Vargas, que no paraba de hablar del amor y del dolor que provoca, y me encantan las rancheras y los boleros, pero tenemos que contextualizar. Todos estos referentes nos han hecho daño por el papel que juegan el hombre y la mujer. El capitalismo se aprovecha de esto para tener una sociedad mucho más controlada. No sé si usted estará de acuerdo con esto o en total desacuerdo...

Bueno, lo que el entrevistador piense no es importante: interesa saber qué desea expresar a través de su música, considerando que los motivos de inspiración son ilimitados y todos muy legítimos.

Claro, desde luego.

Ahora hay una tendencia a pensar que la música debe reflejar necesariamente materias como esta, que tienen ver con el ‘nosotros’ y con cuestionar convenciones.

Aparte de que el feminismo esté de moda, estamos empezando a darnos cuenta de lo que significan muchas cosas. Yo tengo claro qué significa ser pianista: tener un piano en casa, haber hecho clases particulares toda la vida, que alguien me ha pagado esas clases... He tenido unos privilegios y me siento responsable de eso. Entonces, hago de altavoz para generar un poco de pensamiento crítico. No tengo respuestas, soy una víctima y no tengo soluciones. Pero sí expreso una queja y planteo preguntas. Intento generar nuevas maneras de querer. Sin conseguirlo, porque a mucha gente no le irán bien esas maneras mías de querer.

De hecho, las emociones y los sentimientos son troncales en su música.

Yo creo que la revolución cultural es la de las emociones. Una cosa no quita la otra. Tenemos que generar nuevas maneras de querer. Piense que a muchos hombres casados ya les va perfecto tener a su mujer en casa, que lo hace todo y no se han de preocupar de nada más, y mientras, ellos tienen sus amantes o se van de putas. No hablo de todos, claro.

¡Menos mal! ¿No exagera un  poco?

Pero hay muchos hombres que van de putas, ¿eh? Quizá no todos, pero sí es cierto que la mayoría de hombres de mi alrededor tienen amantes. Todos los padres de mis amigas han tenido amantes. El mío no, que yo sepa. No sé si mi padré habrá tenido amantes.

Quizá no.

Podría ser que no, no lo sabemos. También hay muchas mujeres que los tienen, aunque no es lo mismo. El rol es distinto. ¡Ojalá estuviera igual de bien visto que una mujer tuviera amantes! ¡Tienen que cambiar tantas cosas! Las mujeres recibimos una gran presión estética a través de la publicidad. Hay ‘gordofobia’, por ejemplo. ¿Y qué problema hay con tener unos kilos de más? Yo decido sobreponerme a esos clichés y procuro transformarlos.

Bien, ¿y cómo ha trasladado todo eso a la composición musical?

Yo tenía el disco casi acabado cuando le dije a Vic Moliner, bajista y productor, que le faltaba algo. Los dos estuvimos de acuerdo. Le dije que debíamos hablar de la deconstrucción del amor romántico. Dejé fuera la mayoría de canciones y comenzamos un nuevo proceso. La idea me vino con el libro ‘M’estimes i em times’, de Júlia Bertran.

¿Qué les faltaba a aquellas canciones?

Les faltaba verdad, les faltaba algo que realmente yo quisiera decir. Yo estaba buscando un concepto sin encontrarlo, pero, de repente fue el concepto el que me vino a buscar a mí.

En las fotos del disco da una imagen andrógina o incluso robótica.

Sí, con un punto aséptico, de hospital, que tiene que ver con la víscera, porque yo aquí lo que hago es cambiar el corazón por el estómago. Digo que las cosas no las tenemos que sentir con el corazón sino con todo el cuerpo, que está lleno de corazones. Yo las cosas las siento en el estómago y creo que se trata de buscar la belleza en otro lugar. Dejar de hacer del corazón un producto con el que hacer almohadas, pegatinas, pósters, piruletas y camisetas.

Se ha definido como ‘punky romántica’, y en este disco hay canciones melódicas y líricas, y luego incursiones más duras y urbanas, incluso un rapeado.

Sí, es que yo vengo de lugares muy distintos y me gusta pensar que todos ellos pueden convivir. El mundo del hip-hop está lleno de clichés y de machismo, pero hay también gente muy politizada, y mujeres empoderadoras como Aída o Machete en Boca. Y Keny Arkana, y una inglesa de la que soy muy fan, Kate Tempest. La recomiendo mucho.

La cantante solista es ahora Magalí Sare. Una voz de una fragilidad inquietante.

Me encanta, tiene un punto como de niña diabólica, y de madurez a la vez, que me recuerda un poco a Björk. Esta como desamparada, no es la cantante típica, y tiene un divismo un poco ‘freaky’ que me interesa mucho. Ella también es creadora; ha sacado un disco propio. La he podido tener conmigo pero más adelante ya no podré, porque crecerá mucho. Seguro.

También está Alessio Arena, un creador con su mundo y sus discos propios. ¿Qué tienen en común?

Creo que los dos nos situamos en un lugar muy vulnerable a la hora de exponernos. No es bueno ni malo, es así. Él se coloca en un punto de dolor y va hacia allá. Me gusta Alessio. Me emociona de una manera muy loca.

Lleva ya ocho discos a su nombre y ha ganando reconocimiento y popularidad poco a poco. ¿Está contenta?

Sí, mucho, estoy donde creo que debo estar, y estaré donde deba estar, y no espero nada. Sigo mi camino, mi lucha, y mientras tenga la suerte de poder dedicarme a lo que me gusta, ¿qué más quiero?

Y seguro que ya tiene en mente el siguiente disco.

Ya lo tengo, casi. Son procesos muy lentos. Amortizar un disco requiere tiempo para poder generar bolos y recuperar el dinero. Pero tocar el directo me flipa. Creo que nuestro directo mejora el disco, es mucho mejor.

¿Cree que es un poco exhibicionista, le gusta dar espectáculo?

Sí, es verdad. Cuando estudiaba ya me decían que me movía demasiado al tocar. Quizá diría que me gusta provocar, pero, atención, le doy mucha importancia a lo que hago y me gusta que la gente escuche y participe de la música, que es la verdadera protagonista.

En el Mercat de Vic, en pleno concierto, cedió el escenario a una reivindicación laboral, de un trabajador despedido del matadero Le Porc Gourmet, de Santa Eugènia de Berga. ¿Puede pasar algo parecido en Apolo?

Puede no, ¡pasará seguro! En cada bolo se abrirá un espacio para voces silenciadas, para alguna entidad, colectivo o asociación del lugar.  

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