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A PARTIR DE UN HILO EN TWITTER

Pillaje en la gala del Premio Planeta 2018

Numerosos invitados se llevaron a casa los centros de mesa, creados a partir de libros antiguos de una pequeña librería especializada

Luis Benavides

Dos de los centros de mesa creados por la fundació Fupar para el Premio Planeta 2018.

Dos de los centros de mesa creados por la fundació Fupar para el Premio Planeta 2018. / JORDI COTRINA

La noche que el escritor Santiago Posteguillo se llevó a casa el Premio Planeta 2018, algunos invitados a la prestigiosa cena literaria organizada por el gigante editorial decidieron que no podían irse de vacío. Los centros de mesa realizados expresamente para la ocasión por la Fundación Fupar fueron objeto de pillaje, como retransmitió Llucia Ramis en su cuenta de Twitter. “Los estamos rapiñando”, escribió la periodista y escritora, de 41 años, en riguroso directo. Su hilo en la red social del pajarito azul levantó la liebre.

Si hubieran sido unos adornos florales cualesquiera, su desaparición no habría supuesto ningún problema. Llevarse los centros de mesa de las bodas, bautizos y comuniones es un clásico. Sin embargo, los centros de la gala celebrada este lunes eran valiosos porque la base de estas creaciones ornamentales eran libros antiguos, algunos verdaderas rarezas. “Estos centros de mesa han sido elaborados por nuestra fundación gracias al convenio de alquiler con una librería especializada en libro antiguo”, respondió Fupar en la misma red social. "Sabíamos que estábamos cometiendo una pequeña gamberrada, pero nunca pensamos que fuera un robo", explica Ramis a EL PERIÓDICO.

Ramis, que encontró “obras maestras” como ‘La esfinge maragata’ (1914) de Concha Espina e ‘Història d’una pobre noia’ (1928) de Folch i Torres, se comprometió a devolver su botín e incluso hizo un llamamiento en las redes sociales para que el resto de asistentes que también se agenciaron joyas de papel "como un suvenir" los devuelvan cuanto antes. "No eran un regalo", advierte.

Fuentes de Planeta responsables de la organización del acto consultadas por este diario desconocían hoy este incidente. Ahora mismo, los únicos perjudicados son los propietarios de la librería especializada, que únicamente los habían cedido para embellecer las mesas de los invitados durante la gala. El número de libros desaparecidos es importante, según explica Ramis. “Yo estaba en una mesa de prensa, y todos pensábamos que solo nosotros nos habíamos llevado algún libro. Algunos, no diré nombres, son muy 'frikis' de los libros antiguos... Pero cuando estábamos haciendo una copa en el Juan Carlos vimos llegar a muchos invitados, y no solo escritores, con uno o más libros en las manos", cuenta Ramis, quien procederá a la devolución en cuanto pueda acercarse a la librería, situada en el Eixample de Barcelona. "Iré el lunes, como muy tarde. Algunos ya lo han hecho. O eso me han dicho", apostilla.

Un encargo peculiar

La petición de libros antiguos para decorar la gala del Premio Planeta llegó la semana pasada a la asociación Gremi de Llibreters de Vell de Catalunya, que la derivó a sus agremiados, por si alguno estaba interesado. "Personalmente no me interesaba. Alguna vez he alquilado libros para algo parecido y he tenido una mala experiencia. Si necesitan libros para una obra de teatro o similar, prefiero hacer un precio especial y venderlos", explica el vicepresidente del gremio, Albert Casals, también librero.

Finalmente, un agremiado se prestó a alquilar cientos de libros para la cena literaria. En total, 500 ejemplares antiguos. El propietario, que prefiere mantenerse en el anonimato, desconoce el alcance del pillaje. Todavía no ha podido reunirse con la fundación para hacer un recuento real. Solo quiere que los asistentes tengan en cuenta el "gran trabajo que hace Fupar" por la inclusión de personas con alguna discapacidad, "que recapaciten y devuelvan esos libros".

Economía social 

El día después de la gala, la Fundación Fupar, cuando todavía no era consciente de la desaparición de tan preciados volúmenes, agradecía en su cuenta de Twitter que Planeta cuente con ellos "desde hace siete años" contribuyendo así a la inclusión laboral de personas con alguna discapacidad. 

Constituida el 23 de septiembre de 1985, Fupar cogió el relevo de los Talleres Protegidos Amat Roumens, fundados en 1971, para "dar continuidad al proceso de formación e inclusión sociolaboral de las personas adultas con diversidad funcional". Entre los productos y servicios que ofrece se encuentran el lavado de coches, el manipulado, la estampación y la limpieza, entre muchos otros.

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