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EXPOSICIÓN EN MADRID

Bartolomé Bermejo, el genio que huía de la Inquisición

El Prado dedica una antológica a un pintor tan enigmático y virtuoso, el mejor del siglo XV por técnica e innovación, como olvidado por el público

Natàlia Farré

La Pietat Desplà, la gran obra maestra de Bartolomé Bermejo, en el Museo del Prado.  

La Pietat Desplà, la gran obra maestra de Bartolomé Bermejo, en el Museo del Prado.   / EFE / MARISCAL

Nació en Córdoba pero su trayectoria la desarrolló en los territorios de la Corona Catalano-aragonea y probablemente murió en Barcelona. Aunque no es seguro, pues poco o nada se sabe de los últimos años de su vida. Tampoco del resto, aunque posiblemente fue un judío converso obligado a tener una vida itinerante, que fue acosado por la Inquisición permanentemente (su mujer llegó a ser condena). En todo caso, de lo que no hay duda es de que en Barcelona pintó 'La Pietat Desplà', su obra maestra. Una pieza que nunca ha salido de los aledaños de la catedral pero que ahora luce en el Prado en una antológica a él dedicada.

En febrero volverá a Barcelona, al Palau Nacional, para luego irse a Londres, a la National Gallery. Una excepción, la de viajar, que vale la pena pues será la mejor embajadora de la obra de Bartolomé Bermejo (1445-1501), el gran artista gótico o renacentista, depende de quién le ponga la etiqueta, que fue la quintaesencia de la pintura flamenca en la Península y que no goza de la popularidad que merece su talento. "Su calidad innegable se sustenta en su excelente dominio de la técnica pictórica de raíz flamenca y en una capacidad sorprendente de innovar temas tradicionales que él representa y configura de una manera muy personal y original". Palabra del historiador Joan Molina, comisario de la exposición.

"Fue el mejor pintor de la Península del siglo XV y uno de los mejores en el ámbito europeo. Sin exagerar. Trabajaba la pintura al óleo con una destreza, habilidad y virtuosismo que no practicaban sus coetáneos de aquí. La manera como refleja la brillantez de los dorados, las piedras preciosas, la transparencia de las gasas, el cromatismo intenso que otorga a los colores... Es un hecho que no se puede encontrar con ninguno otro pintor de la península y solo tiene paralelo con los grandes pintores del norte", léase Jan van Eyck, Roger van der Weyden y Petrus Christus.

'La Virgen de la leche', en la exposición que el Prado dedica a Bartolomé Bermejo. / MARISCAL (EfE)

Noble, mercader y corsario

Su supuesto mal carácter y su fuerte personalidad (llegó a ser excomulgado por romper un contrato que no le satisfacía) y constante itinerancia (Valencia, Daroca, Zaragoza y Barcelona) provocaron que su "corpus de obra sea muy reducido aunque esplendido", apunta Molina. Así que cayó en un olvido del que no se recuperó hasta principios del siglo XX, dato que atestiguan las copias y falsificaciones que cierran la muestra y son una evidencia del renacimiento que vivió por entonces, aunque el reconocimiento se quedó en el ámbito académico y de coleccionista. Aunque en vida nadie le discutió la corona del mejor. Dato que certifica, por ejemplo, que fuera el mejor pagado de todos los pintores que trabajaron para un retablo de la catedral de Zaragoza.  

Su condición de nómada le obligó a asociarse con artistas con habilidades muy por debajo de las suyas, así que no todas sus obras son geniales; rasgo, el de la genialidad, que sí comparten las que fueron encargadas por gente que apreciaba su talento, como Antoni Joan de Tous, noble, mercader y corsario que fue el comitente de otra de sus obras maestras, también presente en la exposición 'San Miguel triunfante sobre el demonio', conservada en la National Gallery de Londres.

"Era un genio. Los  genios son aquellos que traspasan un modelo, una época, una moda, que son capaces de fascinar a un espectador del siglo XIX, del siglo XX y del siglo XXI. Y Bermejo es esto, un tipo capaz de fascinar", concluye Molina.