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CRÓNICA DE TEATRO

Rusiñol superstar, el TNC se ríe de Catalunya

Cuesta recordar tanta carcajada como en la aparición mariana de 'Els Jocs Florals de Canprosa'

Manuel Pérez i Muñoz

Un momento de la obra ’El Jocs Florals de Canprosa’.

Un momento de la obra ’El Jocs Florals de Canprosa’. / DAVID RUANO

Un antídoto. Felicitémoslo porque el TNC ha cumplido uno de sus propósitos con la primera obra de la temporada, el de leer la tradición desde el presente, y lo mejor, sin caer en el gesto paleontológico. El Santiago Rusiñol que emerge de la amalgama de registros teatrales presentes en 'Els Jocs Florals de Canprosa' no es un fósil, al contrario, es una fiera viva que araña con fuerza la idiosincrasia de la catalana 'terra'. Poder reírnos con y de nuestros símbolos más intocables, un lujo que cura en los tiempos que corren. 
En 1902 el estreno de esta parodia causó un gran escándalo porque se mofaba de los Jocs Florals, vehículo propagandístico del catalanismo más pedante. Fiel a la crítica original, tirando de gamberrada pero sin llegar a la transgresión pura, el director Jordi Prat i Coll ha ampliado su versión con otros de fragmentos del Rusiñol más actualizable –por ejemplo, el monólogo 'La feminista'–, y ha trasformado una obra de pocas páginas en un musical de gran formato. Se han añadido canciones de la tradición catalana, desde la más popular 'Marieta de l’ull viu' hasta el Paral·lel más cuplé-canalla de 'El tango de la cocaína'. Resultan delirantes el prólogo de verbena de los 70 y el entreacto de los escoltas, con quina-bingo y  sorteo de cava y ¡un jamón! Y lo más genial es que el loco alioli liga gracias a un sano despiporre en las convenciones escénicas, que enraíza en el sainete decimonónico y llega hasta los tics microfonados de nuestros días. Es como si el corpus del TNC de Albertí hubiera cristalizado en el trabajo de su alumno más aventajado. 

Patria, Fides, Amor

De esta obra se hablará, y mucho. Será recordada la expresividad más picante de Anna Moliner, plumas incluidas, que merece el primer premio de la Flor Natural. Accésit para Àngels Gonyalons i Rosa Boladeras por sus parodias del provincianismo elegíaco. Mención de honor para el petulante jurado que preside Oriol Genís, y así nos quedaríamos sin violas y englantinas para honrar al soberbio conjunto de casi 30 artistas. Cuesta recordar tanta carcajada en la Sala Gran –también algún indignado– como en la aparición mariana, negra por supuesto. Y aunque en la segunda parte sobra algún intento de relacionar el contexto con la actualidad y hay vaivenes de ritmo por abusar del 'nostrado' canto coral, no hay duda que la misma 'Moreneta' ha obrado el milagro en este montaje. 'Els Segadors music hall' y publico en pie para ovación final. ¡Amén!