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QUÉ HACER HOY EN BARCELONA

El Microteatre ofrece pequeñas grandes obras a dos metros de distancia

Cada tarde y noche pueden verse cuatro piezas cortas diferentes que cambian mensualmente

Dedican los jueves a los cortometrajes y en su bar pueden degustarse pizzas caseras y originales bocadillos

Eduardo de Vicente

Fachada exterior del Microteatre, un local pionero.

Fachada exterior del Microteatre, un local pionero. / ÁLVARO MONGE

Una de las tendencias más en alza en el mundo de la escena reciente es el microteatro, piezas cortas de un cuarto de hora aproximadamente de duración que se representan varias veces al día en espacios reducidos. Últimamente muchas muestras gastronómicas o festivales de distintas disciplinas lo incorporan a su programación. En Barcelona, el primer y único espacio destinado exclusivamente a ello es el Microteatre de la calle Bailén que ofrece una programación variada y muy atractiva que cambia, aproximadamente, cada mes.

Su clientela suele estar compuesta por gente joven, muy fiel, casi adictos a este local que aprovechan la visita para ver cada tarde o noche dos o tres obras. Gente seducida por su ambiente desenfadado que aguarda en los sofás del vestíbulo el momento de la entrada. Un joven nos avisa por la megafonía que va a iniciarse tal o cuál montaje y nos pide amablemente que guardemos silencio tanto al entrar como al salir porque el resto de obras están en marcha, así como nos ruega que apaguemos los móviles. Entramos en un pequeño pasillo con puertas a ambos lados que esconden, cada una de ellas, un misterio diferente.

La representación tiene lugar a escasos metros de los espectadores. / ÁLVARO MONGE

El primer microteatro se celebró en un prostíbulo

El inicio de esta moda tuvo lugar en el 2009, cuando un grupo de artistas ocupó las 13 habitaciones de un antiguo prostíbulo madrileño para mostrar allí sus creaciones. Un poco así te sientes al traspasar la primera puerta, da la impresión de que estás en un lugar secreto y prohibido en el que todo puede ocurrir. Las salitas son muy similares, todas tienen aire acondicionado y una capacidad para unas 15 personas, poco más. Los actores son jóvenes y veteranos, hay un poco de todo, más famosos y desconocidos y, en algunos casos, son los mismos autores y/o directores de sus propios montajes. Con los géneros pasa lo mismo, podemos pasar de un minimusical a un drama, una de intriga o una comedia. Y las hay en castellano y en catalán.

La actual oferta de tarde es una buena muestra. Los kiwis no vuelan combina la intriga, el drama pero tiene también algo de lectura social y de humor. Una mujer madura con mucho dinero descubre que un joven ladrón enmascarado se ha colado en su casa. Su conversación revelará los anhelos de cada uno de ellos. Algo más compleja sería Dialéctica sublunar, microteatro de autor si esa definición existe. Es la conversación entre dos hombres que mezcla los términos científicos con el amor, los juegos de palabras con las esdrújulas y todo ello al ritmo del Vals nº 2, jazz nº 2 de Shostakovich que popularizó Stanley Kubrick en Eyes wide shut.

"Dialéctica sublunar", una pieza de microteatro de autor. 

La ternura es el tema de fondo de las dos restantes piezas, ambas con final sorpresa. Cartrons  muestra la incomodidad de una mujer que queda encerrada en un cajero automático y debe compartir un rato con un indigente que duerme allí. Por cierto, si nos fijamos en el anuncio del banco (Microcaixa) veremos las fotos de gran parte del equipo del Microteatre. La más divertida es Pizza Girls donde una joven repartidora de comida a domicilio se ve obligada a permanecer un rato junto a la clienta, una mujer multifóbica. Las risas se suceden entre el público, que también puede ser señalado por las actrices sin que nadie se ofenda. Y es que aquí las distancias son tan y tan cortas que casi sin moverse podrían susurrarte al oído.

La divertida conversación entre una repartidora y una clienta en "Pizza Girls".

En las sesiones nocturnas pueden verse Érase una vez y muchas veces, un musical que parece de Disney, pero con elementos de misterio y poco infantil; Memòria digital, un drama sobre el Alzeheimer con voces y piano en directo; La pecera, en torno a una pareja que hace una metáfora de su relación con la pecera que acaban de comprar e Hijos de Rorschach, una comedia sobre dos actores que ensayan una obra.

Entre una y otra función, los espectadores acostumbran a tomarse una cervecita en el bar (también puede entrar con ella a las obras) y consumir productos del microbar donde pueden escoger entre unas tapas (miniburguers de butifarra, triángulos de brie, nachos o hummus, entre otros), los bocadillos (todos con nombres de autores, Shakespeare, Molière o Sartre) y el plato estrella, las pizzas caseras de diferentes sabores. Y acabar con un combinado con alcohol y todo ello a precios bastante razonables. Esta misma política se aplica a las entradas, ya que ofrecen descuentos si ves más de una obra y también hay promociones junto a platos y/o bebidas.

En el vestíbulo también se puede cenar, tomar una copa o ver cortometrajes.

Las representaciones de tarde tienen lugar de jueves a domingo cada 25 minutos aproximadamente, mientras que las de noche solo se celebran los fines de semana. Para cubrir el hueco nocturno, los jueves se proyectan cortometrajes que cambian semanalmente. Microteatre lleva tan solo dos años en funcionamiento en los cuales han intentado potenciar este formato relativamente nuevo. Quieren consolidar este espacio de experimentación, creación y exhibición. Aunque solo sea por el cariño que sus artífices ponen en el proyecto y porque trabajan sin ayudas oficiales vale la pena apoyarles. Y la mejor manera es acercarse a descubrirlos. Seguro que nos sorprenderán.


   

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Microteatre Barcelona

Lugar: Bailén, 194.

Horarios: jueves (sesiones de tarde) y viernes a domingo (tarde y noche).

Precio: 4,5 euros por función. También hay abonos y promociones especiales.

Más información: www.microteatrebarcelona.cat