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ESTRENO EN BCN

Imanol Arias se pone flamenco en vivo y en directo

El popular actor regresa a los escenarios catalanes tras cinco lustros de ausencia con 'La vida a palos', un montaje en clave jonda, en el Coliseum

Marta Cervera

El actor Imanol Arias, en Barcelona.

El actor Imanol Arias, en Barcelona. / RICARD CUGAT

Desde que interpretara ‘Calígula’ en el festival Grec hace 28 años, Imanol Arias (León, 1956) no había vuelto a pisar un escenario barcelonés. Tras una dilatada carrera donde ha sido desde El Lute hasta Anacleto, agente secreto, recupera el contacto directo con el público en el Teatre Coliseum con 'La vida a palos'. El montaje basado en un texto autobiográfico de Pedro Atienza (1955-2014), escritor, poeta y periodista apasionado del flamenco, estará en cartel pocos días, a partir del próximo viernes. 

Arias narra en ella la historia de El Alcayata (alter ego de Atienza), un personaje muy alejado de Antonio Alcántara, de la popular serie ‘Cuéntame cómo pasó’. 'La vida a palos’ -un montaje musical, teatral y visual de estética minimalista- surge de "un regalo maravilloso y envenenado" que le brindó el propio Atienza. "Es un texto muy personal. El original era muy largo y carecía de estructura", recuerda Arias, que ya lo ha presentado en Bilbao, Madrid y Buenos Aires. José Manuel Mora creó una dramaturgia paralela para hablar de la vida, de la paternidad y de la creación.

"Los palos a los que alude el título son los del flamenco, no las partes malas de la vida sino definiciones de un sentimiento -cuenta Arias-. La obra es un fresco de los años 80 donde se canta, se recita, se cuenta y se actúa". Dirigida por Carlota Ferrer, la puesta en escena huye del costumbrismo, buscando la esencia del flamenco a partir de varios personajes. Algunos aparecen en imágenes proyectadas, Guadalupe Lancho interpreta a diversas mujeres y Aitor Luna, al hijo de El Alcayata. Completan el reparto Raúl Jiménez al cante y Batio al violonchelo.

"Siempre he tenido contacto con el flamenco. Empezó en los 80 con el reverdecer del género. Y desde que hice el Lute siempre ha habido una conexión con ese mundo", comenta Arias, que encarnó al gitano Comisario Flores en la serie ‘Brigada Central’. De todos los palos del flamenco, sus preferidos son los fandangos y las nanas, aunque admira la fuerza y profundidad "aterradora" del martinete. 

Menos libertad

Puestos a comparar la época actual con los años de 'la movida', señala: "Ahora, en general, hay una actitud más reaccionaria. Somos todos más aristotélicos. Hay la sensación de vivir la libertad con más control. En los 80 la libertad producía enfermedades malditas. Fue una época convulsa". En este momento lo que peor lleva son las redes sociales. "Estamos multiinformados. Las redes son un tribunal al que te expones continuamente. No quiere decir que no haya actitudes libres pero ahora es más complicado".

"En Catalunya la solución al conflicto no llegará ni deshaciéndolo, ni encarcelándolo, tampoco comprándolo"

No ha sido fácil volver a las tablas. Él es el primero en reconocer esa falta de ductilidad en escena tras tantos años acostumbrado a la cámara. "Al teatro no lo puedes abandonar nunca. Has de mantener cierto contacto porque salir a escena no es como ir en bicicleta. Lo notas en lo que tardas en ponerte, en manejar la función y los ritmos. Es como cambiar de alimentación. Pasas de sentir palabras y sentir momentos que es lo que haces en el cine y la televisión a tener que rumiar y estar continuamente enfrentándote con el texto, no solo para decirlo bien sino para hallar un equilibrio". El montaje llega a Barcelona más afinado y rodado, "más asentado", destaca satisfecho tras la buena acogida en Argentina.

El actor, que pronto seguirá con nuevos capítulos en 'Cuéntame' y 'Velvet Colección', ha participado este verano en Catalunya en la segunda y tercera entrega de la 'Trilogía del Baztán', que llegará a los cines en diciembre del 2019. Le preocupa la situación política con gobernantes más pendientes de "la guerra de tuits diarios para derrocar al enemigo" que de hacer política. "Se ha sufrido porque todo lo que tiene que ver con el sentimiento y la nacionalidad produce quiebras. Pero la gente quiere ir a lo práctico. Tiene que haber una forma de solucionar el conflicto. Y eso no llegará ni deshaciéndolo ni encarcelándolo, tampoco comprándolo".