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festival de san sebastián

Isaki Lacuesta: "Me cabrean los catalanes que dicen que están oprimidos"

El director se reencuentra en 'Entre dos aguas' con Isra y Cheíto, personajes "sin salida" a quienes ya retrató en 'La leyenda del tiempo'

Nando Salvà

Isaki Lacuesta, en San Sebastián.

Isaki Lacuesta, en San Sebastián.

Tras ganar la Concha de Oro del Festival de San Sebastián gracias a 'Los pasos dobles' (2011), regresa a la competición del certamen con 'Entre dos aguas', su séptimo largometraje y probablemente el mejor. En esta ficción documental se reencuentra con Isra y Cheíto, los personajes que ya retrató en 'La leyenda del tiempo' (2006), y se sirve de ellos para meditar sobre el paso del tiempo y las ilusiones rotas.

¿Por qué decidió reencontrarse con los protagonistas de 'La leyenda del tiempo'? ¿Por qué ahora?

Desde que hicimos aquella película, en la que contemplábamos su paso de la infancia a la adolescencia, hemos estado fantaseando acerca de la posibilidad de seguir contando su historia. Hace unos años nos dimos cuenta de que ya había pasado un lapso de tiempo suficiente, y además estaban ocurriendo una serie de cosas en sus vidas que me parecían potentes a nivel dramático.

Por su propia naturaleza, el díptico que componen 'La leyenda del tiempo' y 'Entre dos aguas' funciona como ejercicio de captura del tiempo. ¿Qué le atrajo de ello?

Ver a alguien creciendo es algo que nunca fue posible en la historia de la humanidad hasta la llegada del cine. No solemos pensar en ello, pero las películas han cambiado la percepción que tenemos del tiempo, de la vida, de nuestros cuerpos, nuestras familias… Que veamos películas en las que aparece caminando gente muerta, que veamos vivas a Janis Joplin y Amy Winehouse a través de los documentales que se han hecho sobre ellas, es una anomalía fascinante.

A lo largo del tiempo transcurrido entre ambas películas, ¿cómo siente usted haber cambiado?

'La leyenda del tiempo' no fue mi primera película, pero la viví como si lo fuera. Ahora, inevitablemente, esa sensación ha desaparecido. Por otra parte, en todas mis películas anteriores había muchas ganas de aprender, y eso las convertía en obras más camaleónicas, que jugaban con estilos muy distintos. 'Entre dos aguas' es la más sintética y despojada. En realidad, sigo aprendiendo.

¿Cuánto diría usted que participar en sus películas ha cambiado las vidas de Isra y Cheíto?

No lo sé, pero puedo explicar cuánto me ha cambiado a mí la vida hacerlas. Mi visión del cine y de la vida sería muy distinta de no haber rodado 'La leyenda del tiempo'. Descubrí que lo que más me gusta de hacer películas es la posibilidad de entrar en contacto con gente con quien, por origen y clase social, de otro modo no habría convivido. De hecho, el cine nació para eso: ponernos en contacto con otros mundos.

La última vez que vino a este festival lo hizo presentando 'Murieron por encima de sus posibilidades', que era una película muy cabreada. ¿Cómo lleva usted el cabreo estos días?

'Entre dos aguas' no es una película cabreada pero sí triste, porque retrata a unos personajes para los que no hay salida. Recuerdo que la rodé en verano del año pasado, y al volver a Catalunya en septiembre, y ver que aquí todos se quejaban por lo oprimidos que estaban y lo mal que vivían, no supe si reír o llorar. Eso me cabrea. En Catalunya hay muchas cosas que mejorar, y es inconcebible que a la gente le den porrazos en la cabeza. Pero vivimos muy bien. Hay zonas de Cádiz en las que la esperanza de vida es mucho menor que la nuestra, y están casi al lado.