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ENTREVISTA

Marc Parrot: "Recrear el pasado tiene un punto patético"

El músico estrena 'Refugi', su disco más confesional e interiorista, en la jornada inaugural del Mercat de Música Viva de Vic

Jordi Bianciotto

Marc Parrot.

Marc Parrot. / JUAN MIGUEL MORALES

Marc Parrot habla de “nueva etapa” al referirse a ese flamante ‘Refugi’ que presenta este miércoles y jueves en la primera jornada del Mercat de Música Viva de Vic. Un disco sin fabulaciones, confesional, ideado para ser expuesto en un escenario singular, la yurta, pequeña carpa que se levantará estos días en Vic. Dani Ferrer (teclista de Love of Lesbian) y Lluís Cartes acompañan a Parrot en este espectáculo coproducido por el Mercat y otros dos festivales, el (a)phònica, de Banyoles, y el Grec.

Un disco distinto a los anteriores.

Quería reflejar lo que soy ahora, centrándome en la sencillez de las canciones y buscando conectar a través de su parte esencial y de la letra. Haciendo un esfuerzo más grande por comunicar. Hay una voluntad de contar cosas y de que las letras sean comprensibles.

¿Sus canciones de otras épocas eran difíciles de entender?

Había una poética que servía para esconderme, y aquí he intentado no hacerlo y tratar de comunicar momentos especiales. Como en ‘Misteriosament feliç’, que cuenta con un arreglo de cuerda de Blaumut, y en la que hablo del momento en que piensas: “Estoy bien, aunque no haya un motivo aparente”. O ‘Química’, que refleja el entendimiento personal y sexual con alguien, o ‘Perdre el temps’, sobre nuestras prisas diarias, en las que llegamos a olvidarnos de los motivos por los que estamos corriendo tanto.

¿Por qué ‘Refugi’?

Viene de la puesta en escena del disco. Fui a ver a Los Galindos, su espectáculo medio poético medio acrobático, que encontré muy emotivo por su proximidad. Pensé que quería hacer algo así y les propuse que me ayudaran, para intentar trascender un poco el guion del espectáculo musical. El concierto solo se escenificará en ese espacio. Iremos a todas partes con la yurta.

Una complicación.

Y un atractivo: nos permite jugar con la idea de dentro y fuera, con dos equipos de luces. El público estará dentro y fuera ocurrirán cosas que no puedo revelar.

¿Cree que hay que transformar la noción de concierto?

No, no, funciona la mar bien, pero me estimula probar cosas nuevas; hay algo de reto. Me resisto a que las cosas deban hacerse con un guion determinado. ¡Lo más patético es cuando se hacen así y encima no funcionan! Cuando yo lo he hecho, ha funcionado: El Chaval de la Peca era una parodia, copiar los tópicos de la estrella del rock, hacer lo más cutre del mundo… ¡y funcionó!

El Chaval de la Peca cumple ahora 20 años. Todo vuelve, pero no el Chaval. Pero habrá tenido ofertas para resucitarlo.

Algunas, sí, desde hace años. No sé por qué la gente vuelve a hacer las cosas que hizo en el pasado. A mí me parece que eso de recrear tiene un punto patético. Es como celebrar tus 20 o 25 años de carrera: lo mejor que puedes hacer para celebrarlo es con trabajo nuevo, que demuestre que estás vivo y que sigues sintiendo pasión por lo que haces.

Pero, ¿en su momento lo disfrutó?

Sí, porque salió como una gamberrada y se hizo muy grande. Disfruté su parte teatral, incluso en las entrevistas había una parte de ‘performance’ que me divirtió mucho. Descubrí qué significa triunfar a un nivel masivo y cómo acaba siendo poco interesante, porque ya era igual si cantaba mi repertorio o el de la tuna. Me pregunté: “¿qué es lo que quiero?”. Y quería disfrutar de lo que hacía en conciencia. Y en aquella época se vendían discos: 150.000 en dos semanas, y en total de los tres se vendió casi medio millón.

Con su versión de ‘Libre’, el éxito de Nino Bravo, para aquella campaña de Amena.

Sí, estoy muy agradecido por toda la experiencia. Me dio mucha seguridad y me ayudó a saber lo que quería hacer. Luego mandé al personaje a Miami, adonde van todos los cantantes melódicos.

Un poco a lo Sisa-Ricardo Solfa.

Sí, yo estuve en el adiós de Sisa en la Bodega Bohemia, y cuando el Chaval marchó a Miami se despidió en ‘El séptimo de caballería’, de Bosé, y de invitado vino Ricardo Solfa. Cantamos juntos, con Mont Plans, que hacía de madre del Chaval. Sisa me ha iluminado en muchos aspectos: cuando te sientes un poco enjaulado y te das cuenta de que puedes ser otros personajes, adoptar otros perfiles. Eso es liberador.

¿Le atrae no encajar con ninguna corriente, ni tan solo la de un pop alternativo?

Yo pienso que soy alternativo, pero no siento que forme parte de una corriente; no he querido estar en ninguna. Procuro que mis influencias estén muy destiladas y me siento libre de afrontar cualquier estilo que ayude a explicar una canción, lo cual va reñido con ser ‘indie’, donde tienen que gustarte determinados grupos y vestirte de cierta manera.