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CRÓNICA

Margareth Menezes, ritmo contra la 'saudade'

La cantante bahiana desplegó su conciencia africanista en un arrollador concierto que coronó el Día de Brasil en el Poble Espanyol

Jordi Bianciotto

Margareth Menezes, en el Poble Espanyol.

Margareth Menezes, en el Poble Espanyol. / MIGUEL LÓPEZ MALLACH / FESTIVAL DÍA DE BRASIL

Contra las turbulencias políticas y el abatimiento colectivo, un ritmo arrollador y una batería de éxitos populares. Esa fue la receta de Margareth Menezes para llevarse por delante, este domingo, un Poble Espanyol lleno de compatriotas en la, una vez más, vivificante celebración del Día de Brasil. Canciones festivas pero también peleonas, llenas de mensajes que apelaban al orgullo ‘afro’. “Música para matar la ‘saudade’”, apuntó Menezes en alusión a ese sentimiento de melancolía tan bien tipificado por la cultura lusófona.

La cantante y compositora de Bahía culminó un programa de casi doce horas, regado por exhibiciones de batucada, axé y samba por parte de escuelas y asociaciones radicadas en Barcelona, en un Poble Espanyol dominado por el amarillo y el verde de la bandera del ‘Ordem e progresso’. Entre las atracciones de la tarde hay que citar a Tulipa Ruiz, autora de cuatro discos en los que ha jugado con el legado de la bossa nova introduciendo en ocasiones señales del pop y la electrónica.

Debutante en la ciudad, Ruiz, una creadora crecida en el estado de Minas Gerais mostró un talante sensible y luminoso, además de una voz dotada que podía trepar hasta tonos muy agudos. Recital acústico, acompañada de un guitarrista, en el que partió de canciones de su último trabajo, ‘Tu’ (2017), como ‘Game’ y ‘Terrorista del amor’ (esta, en castellano, la grabó con Adán Jodorowsky), y retrocedió hasta la pieza que dio título a su bautismal ‘Efêmera’ (2010).

Atracón de éxitos

Y del minimalismo a la exuberancia con Margareth Menezes, su tropa de siete músicos (algunos de ellos reclutados en Barcelona) y un invasivo repertorio que el público conocía al dedillo, empezando por la famosa ‘Elegibô’, que abrió el concierto por todo lo alto, enlazada con su primer éxito, ‘Faraó (Divinidade do Egito)’. A la pregunta de “¿cuántos brasileños hay por aquí”?, el mar de brazos alzados la haría sentir como en casa, y aunque un problema de sonorización rebajó el impacto de las primeras canciones, a partir de ‘Dandalunda’ nada pudo resistirse a su empuje.

Cayó un ‘hit’ tras otro, de ‘Alegria da cidade’ a ‘Mama Africa’, y el clásico bahiano ‘É d’oxum’, de Vevé Calazans, que cantó con su voz vigorosa envuelta sin manías en la bandera de Brasil. Andanadas de samba-reggae reforzadas por tres percusionistas y un momento un poco más recogido pero igual de celebrado cuando Menezes se colgó la guitarra acústica y entonó ‘Passe em casa’, su aportación al popular primer disco de Tribalistas. De ahí a 'Raça negra', otra muestra de su irrenunciable africanidad, una eufórica ‘A luz de Tieta’, de Caetano Veloso, y ‘Saudação ao caboclo’, con un mensaje final dedicado a su país y al mundo: “Educação, a única solução”.

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