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FIN DE UN PROYECTO

Tàrrega cierra una etapa de altos vuelos y con el empoderamiento del espacio público

La última edición bajo la dirección de Jordi Duran acaba con un 96% de ocupación del aforo de pago, récord de programadores y excelentes espectáculos de calle

Imma Fernández

Una escena de Le nid, aclamado espectáculo de la compañía francesa Adhok.

Una escena de Le nid, aclamado espectáculo de la compañía francesa Adhok. / NÚRIA BOLEDA

FiraTàrrega ha cerrado este domingo una edición, la última de Jordi Duran como director artístico, con un balance muy positivo en cuanto a la calidad de las propuestas, y si hablamos de números, también excelente: un 96% de ocupación en los espectáculos de pago y récord de profesionales: 1.013 procedentes de 37 países de los cinco continentes. De ellos 616 eran catalanes, 172 del resto de España y 224 internacionales. 

Duran expresó su "satisfacción" por un trabajo que ha expandido a los 365 días del año con el proyecto de formación y de apoyo a la creación, y por haber logrado "empoderar un espacio público que tiene infinitas posibilidades artísticas". Guiado por la voluntad de modernizar, enriquecer y diversificar las artes de la calle, ha desplegado una gran variedad de propuestas de teatro, circo, danza, artes visuales... durante sus ocho años al frente de la Fira, que han calado en el público.

Adhok encandila

En esta edición, entre los 50 espectáculos escampados por la localidad y alrededores triunfaron las compañías francesas Adhok, con su fantástica trilogía sobre la infancia-adolescencia, juventud y vejez, el gran ‘hit’ de este año, y  Lucamoros, con su maravilloso retablo inaugural. También cautivaron  Joan Català y los payasos Titi Toronell y Pere Hosta, con ‘Escargots’, un recorrido cargado de humor y surrealismo.

Los valencianos de El Pont Flotant volvieron a seducir a un público familiar desplegando su imaginativo universo plástico, con esa pátina naif que les caracteriza, en ‘Les 7 diferències’. Una reflexión con actores de distintos orígenes sobre la diversidad, con una dramaturgia, eso sí, más previsible que sus estupendos previos montajes.  “Cuando conoces a alguien es tan diferente como tú eres”, concluían tras un recorrido multicultural en el que nos transportaban, con unas cuantas cajas como escenografía y su mucho talento poético, a una furgoneta africana a un tren de Bangladesh.  

También muy aplaudidas, en la plaza Major, fueron Les Impuxibles de la estupenda pianista y compositora Clara Peya y su hermana, bailarina y coreógrafa, Ariadna. Acompañadas por Helena Gispert, en su primera pieza de calle, 'Painball', jugaron con la libertad que tantos reveses recibe en en estos tiempos, utilizando el simbolismo de pelotas de tenis (la virtuosa Clara tocaba con una el piano) que aparecen al principio encerradas en una jaula de metal.

Mumusic Circus también voló muy alto con 'Flou Papagayo'; Núria Guiu obtuvo muchos 'Likes' Vero Cendoya salió victoriosa de su arriesgada y meritoria alianza con Becki Parker, bailarina autista, en 'Hunting for the unicorn'.

Convencieron también 'Mexicatas', que se verá en La Seca Espai Brossa, y la interesante propuesta chilena 'Hija de tigre', en la que tres actrices explicaban historias sobre la pérdida de la figura paterna y el proceso para comprender sus huidas por distintos motivos. Menos airosa salió Marta Torrents con 'Brut', que dividió a la platea, y defraudó 'La brisa', perjudicada por dificultades técnicas y un inadecuado espacio. 

Al cementerio

La Fira se propuso esta edición una relectura del espacio público, y los espectadores acabaron en el cementerio. Allí se presentaron la propuesta íntima y emotiva de Caterina Moroni, que el público siguió con auriculares, en torno a cómo nos gustaría  ser recordados, y el montaje ‘Prácticas de vuelo para acabar con el olvido’, que mezcla en una dramaturgia  con altibajos y algo confusa la memoria histórica –un homenaje a los dos brigadistas internacionales enterrados en el camposanto con ‘El Principito’.  Lo curioso es que esta pieza  tuvo que representarse en el exterior del cementerio porque algunos vecinos se quejaron pidiendo respeto a sus muertos. No pasó así con la  obra de Moroni, ya que se desarrollaba en la zona antigua, entre tumbas ya olvidadas.

El Colectivo Lamajara desplazó a los espectadores a una zona rural en Talladell para presentar 'Labranza', una original pieza coreográfica a partir de los elementos y accciones del agotador cultivo. También se metieron al público en el bolsillo las compañías británicas Chameleon y Nofit State Circus & Motionhouse ('Block') y los catalanes Eia con la íntima y participativa 'Espera'. Pero para participativas: John Fisherman y su '#Moneyforfree'. Experimento sociológico con los espectadores encaramándose a las alturas a la caza de un billete -real- de 20, 50 y hasta 100 euros que un artista, embutido en traje de ballenero y colgado en un edificio, hacía pender de una larga caña de pescar. A falta de 'castellers' en la localidad, jóvenes (y pequeños a hombros de padres) se subían unos sobre otros a la captura del botín. Delirante. El último pase fue en la fachada del Banco Popular. Y de don dinero y los rastros del franquismo hablaba 'Los bancos regalan sandwicheras y chorizos', el éxito de José y sus hermanas salido del Tantarantana.

Excursiones por el campo

También hubo un par de excursiones por el campo. La mexicana Claudia Lizeth condujo a los espectadores por un sendero que llevaba a  su propia muerte.  Un ritual colectivo muy bien construido que rescataba la sabiduría ancestral y el celebrado culto a la parca de su país natal. ‘Saunterer’,  del Colectivo Ameno, planteaba la experiencia de caminar -en la Fira se camina mucho, muchísimo- como acto de resistencia. 

Temas: FiraTàrrega

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