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LA 75ª EDICIÓN DE LA MOSTRA

Alfonso Cuarón y Netflix conquistan Venecia con 'Roma'

El filme del director mexicano, producido por la plataforma por 'streaming', gana el León de Oro

Nando Salvà

Alfonso Cuarón, con el León de Oro para su película Roma, en Venecia

Alfonso Cuarón, con el León de Oro para su película Roma, en Venecia / REUTERS / TONY GENTILE

Explicar el León de Oro obtenido esta noche por Roma es hacer la crónica de una victoria anunciada, o casi. Crónica semiautobiográfica de un año en la vida de una familia de clase media de Ciudad de México a principios de los 70, la nueva película del mexicano Alfonso Cuarón ha ido coleccionando críticas superlativas y aplausos unánimes desde que se presentó aquí durante los primeros días del certamen; que el entusiasmo unánime no tuviera un reflejo en las opiniones de los jueces era impensable. De hecho, lo único que ponía en peligro su condición de gran favorita a alzarse con el oro eran los posibles reparos morales que el presidente del jurado, Guillermo del Toro, pudiera tener a darle dar el triunfo a quien no solo es su compatriota sino también buen amigo.

En todo caso, nadie en su sano juicio se atreverá a hablar de favoritismos; esta película merece no solo este galardón sino todos los que a buen seguro recibirá a partir de ahora. En ella, recurriendo menos a estructuras dramáticos habituales que a la observación episódica y al uso de la atmósfera, Cuarón traza una completísima descripción de un tiempo y un lugar, y en el proceso nos habla de la familia y la lucha de clases y el nacimiento y la muerte y los hombres y las mujeres y la ciudad y el campo y el cine y la literatura y la tecnología y la política y los sueños y todo en esta vida. Y lo hace con tanta delicadeza y tanta modestia que hasta se hace raro llamarla una gran película, aunque no hay ninguna otra forma adecuada de hacerle justicia.

Roma, recordemos, ha sido producida por Netflix. Y resulta inevitable suponer que sus responsables se tomarán este León de Oro como una forma de reivindicarse y, por qué no, también de vengarse; de decirles tanto a todos aquellos que consideran la plataforma de streaming como el gran enemigo del cine como en concreto a los responsables del festival de Cannes –que rechazaron la presencia de la película de Cuarón en su concurso porque Netflix no sigue los canales de exhibición tradicionales- que se equivocan. A ello contribuirá también el premio al mejor guión concedido a los hermanos Coen por su relato antológico La balada de Buster Scruggs, también producida por la empresa de distribución online.

Ninguna pega puede ponérsele tampoco al Gran Premio del Jurado concedido a La favorita, también aclamada estos días por la crítica internacional. Gracias a esta comedia negrísima, que viaja a la corte de la reina Ana de Gran Bretaña para trazar un triángulo amoroso entre la inestable monarca y dos de sus consejeras, Yorgos Lanthimos no solo se consagra como uno de los grandes autores del cine europeo, sino que también calla las bocas de quienes achacaban al griego que siempre hiciera la misma película. Este sexto trabajo es su obra más completa y compleja. La mejor.

Premio al mejor director para Jacques Audiard

De hecho, el palmarés en su conjunto está lleno de decisiones acertadas; como el León de Plata para Jacques Audiard como mejor director, por ejemplo. En The Sisters Brothers, wéstern situado en la América de la fiebre del oro, el francés vuelve a hacer lo que hace siempre e igual de bien que siempre: ofrecer retratos increíblemente matizados de hombres marcados por la violencia, y preguntarse si la paz es posible en un mundo lleno de avaricia y brutalidad. Por lo que respecta al Premio Especial del Jurado concedido a The nightingale, la segunda película de Jennifer Kent, sería discutible de no ser porque, pese a que quizá no es un premio necesariamente justo, sin duda sí es una forma de hacer justicia: con él se corrige el error garrafal cometido por el certamen al incluir una sola película dirigida por una mujer entre las 21 competidoras.

Que la Copa Volpi al mejor actor iría a parar a Willem Dafoe era algo que directamente se daba por hecho. Su trabajo en la piel de Van Gogh en At eternity’s gate no es la mejor interpretación masculina vista este año en el certamen –ese honor le corresponde al magnífico papel que John C. Reily ofrece en The Sisters Brothers-, pero sí la más efectiva: Dafoe no solo es lo mejor de una película que por otra parte ofrece un enfoque incongruente del pintor holandés –es el loco más lúcido de la historia del cine-, sino que también posee un parecido físico asombroso con el pintor holandés. Por último, también al respecto de la destinataria de la Copa Volpi a la mejor actriz había pocas dudas a pesar de que esta ha sido una Mostra plagada de personajes femeninos suculentos: lo que demuestra la británica Olivia Colman en la piel de la reina Ana en La favorita –en pocas palabras, una capacidad única para resultar hilarante y hacernos polvo en el transcurso de una misma escena- es sencillamente prodigioso.

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