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FESTIVAL DE VENECIA

Natalia Portman y los sinsabores de la celebridad

La actriz protagoniza 'Vox Lux', en el que interpreta a una estrella del pop lanzada a la fama en su adolescencia tras un tiroteo en su instituto

Nando Salvà

Natalie Portman, en la presentación de Vox Lux en Venecia

Natalie Portman, en la presentación de Vox Lux en Venecia / EFE / ETTORE FERRARI

Sabemos que la celebridad es una fuente inagotable de sinsabores, más que nada porque el cine lleva toda su historia dejándonoslo claro. Billy Wilder convirtió el asunto en una de sus obras maestras, El crepúsculo de los dioses (1950); Sofia Coppola ganó un León de Oro reflexionando sobre él en Somewhere (2010), y hace solo unos días Lady Gaga se adueñó de la alfombra roja de este mismo festival rememorando algo parecido a su propio ascenso a la fama en un nuevo remake de Ha nacido una estrella.

Durante parte de su metraje, la segunda película como director del actor Brady Corbet da la sensación de tener algo nuevo que decir acerca del tema. Presentada este martes a concurso, Vox Lux recorre un par de décadas en la vida y la carrera de una joven estrella del mundo de la música, Celeste (Natalie Portman), desde que un tiroteo en su instituto la lanza de forma insólita a la fama siendo ella una adolescente hasta que, ya convertida en ídolo de masas, se ve salpicada por un nuevo suceso violento.

"Soy una chica privada en un mundo público", canta Celeste en uno de sus hits. Y Vox Lux se presenta como una historia sobre nuestro momento presente, un mundo en el que no solo son las líneas que distinguen lo privado de lo público las que se han disuelto; también las que separan el sufrimiento humano del espectáculo: las estrellas de la música instrumentalizan actos de tragedia y barbarie para vender discos o tener más descargas, y terroristas y asesinos se convierten en iconos pop.

Sin embargo, en realidad es una película menos interesada en contar algo trascendente que en convencernos de que lo está haciendo. Corbet la ha diseñado a la manera de una parábola bíblica: la narración se divide en varios actos, y aparece puntuada por segmentos de pomposa voz en off y de música solemne. Sin embargo, en última instancia Vox Lux no propone más que obviedades sobre el modo que tiene el estrellato de exacerbar el ego y la vanidad, la necesidad del público de usar y tirar ídolos y un zeitgeist en el que no importa lo que hagas sino cómo lo vendas.

Pintura y nazis

Si consideramos las canciones que llenan su banda sonora como arte –en realidad son un puñado de melodías pop fcompuestas por SIA-, entonces Vox Lux establece vínculos temáticos con la segunda de las películas que han presentado este martes su candidatura al León de Oro: Obra sin autor, el retorno al cine de Florian Henckel von Donnersmarck tras ganar el Oscar con La vida de los otros (2006) y fracasar luego en Hollywood con The tourist (2010).

Mientras acompaña a un pintor que huye del nazismo en busca de su identidad artística, el se permite el lujo de usar nada menos que tres pesadísimas horas de metraje para ofrecer una narración exasperantemente ramplona, lastrada por los personajes más unidimensionales y el más tosco sentimentalismo. Pura finura, en todo caso, si se compara con el tercer título presentado hoy a competición, Acusada, un drama judicial argentino libremente inspirado en el caso de Amanda Knox más afín al tipo de telefilmes que uno usa para coger el sueño después de la sobremesa que al cine que aspira a premios en un gran festival.

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