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la gran cita de la ópera

El festival de Salzburgo confirma el giro hacia el riesgo contemporáneo

La muestra plantea el dilema entre la razón y los sentidos con óperas como 'The Bassarids', de Henze, o 'L'incoronazione di Poppea', de Monteverdi

Rosas Massagué

Un m omento de The Bassarids, en Salzburgo.

Un m omento de The Bassarids, en Salzburgo. / AFP / BARBARA GINDL

En su segundo año al frente de la dirección del festival de Salzburgo Marcus Hinterhäuser ya ha dibujado con claridad la línea que quiere marcar. Es una línea que va más allá de la presentación de grandes obras del repertorio lírico y sinfónico con gran derroche de medios de los últimos años, pero que no  planteaban demasiadas preguntas. Por el contrario, entroncando con el trabajo que había hecho Gerard Mortier en Salzburgo años atrás, no rehúye los riesgos de planteamientos más políticos. En esta edición surge una pregunta antiquísima, y por ello mismo, de gran actualidad: ¿es el hombre dueño de sus sentidos, pueden estos dominar a la razón?

Dos de las varias óperas presentadas en esta edición plantean directamente la pregunta, ‘The Bassarids’ (‘Las bacantes’), del contemporáneo Hans Werner Henze, y ’L’incoronazione di Poppea’, de Claudio Monteverdi, padre de la ópera. La obra del compositor alemán, basada en la tragedia de Eurípides, tiene dos lecturas, la familiar y la social. Lo señalaba el director de escena Krzysztof Warlikowski intentando hacer oír su voz desde una terraza de la ciudad por encima de un concierto de campanas que parecían ponerse del lado de los sentidos.

Vista como un conflicto familiar, ‘The Bassarids’ es la historia de unos primos hermanos de Tebas, Pentheus y Dionysus, con un monumental complejo de Edipo, que quieren vengar a sus madres, que son hermanas, a Agave y Semele, lo que también implica una lucha por el poder. Pero la ópera, como el original de Eurípides, lleva en su título el nombre de un colectivo, no se llama Pentheus y Dionysus, o como por ejemplo, ‘Elektra’, que describe una cuestión familiar.

De este modo, la lectura de un conflicto social se impone. Y así tenemos a una sociedad racional que ante el anuncio de la llegada de Dionysus se entrega a un personaje que puede ser el anunciado o puede ser un impostor, pero que trastorna por completo la sociedad que de forma totalmente acrítica se entrega a su culto, el dionisíaco, basado en los sentidos, y con tanta irracionalidad que incluso Agave acaba matando a su hijo Pentheus sin ser consciente de lo que está haciendo.

Warlikowski, que ya había firmado la puesta en escena de otra obra basada en el mismo tema, ‘Krol Roger’, del también polaco Karol Szymanowsky,  relacionaba cuánto aparece en la ópera con lo que está ocurriendo en Europa: “Es como un modelo de gente que se deja contaminar”. Su puesta en escena, en una escenografía dominada por el rojo de la sangre, por tanto es muy política y, posiblemente, uno de sus mejores trabajos.

Kent Nagano, buen conocedor de la partitura (la acababa de dirigir en Madrid en versión de concierto) y de toda la obra de Henze desde su paso por Múnich, estaba al frente de una Orquesta Filarmónica de Viena, ampliada con un grupo de percusión en una plataforma lateral. Nagano mostró toda la violencia de una partitura que en realidad es muy sinfónica y que reclama un sonido muy potente, pero también con fragmentos de recogimiento religioso. En ‘The Bassarids’ el coro adquiere el papel de un personaje y el de los filarmónicos vieneses lo fue.

De todo el reparto de ‘The Bassarids’ la voz del tenor Sean Pannikar, en el papel de Dionysus iluminaba la escena con su canto limpio y hermoso. Compartía escenario con el barítono Russell Brown (Pentheus), el tenor Nikolai Schukoff (Tiresias/Calliope) y la mesosoprano Tanja Araine Baumgartner (Agave). Y lo que resultó una sorpresa muy agradable fue el veterano Willard White (Cadmus) recuperando aquella voz aterciopelada de un tiempo pasado. La bailarina Rosalba Guerrero Torres merece una mención aparte por su estremecedora danza orgiástica.

‘The Bassarids’ había sido un encargo a Henze hecho por el festival donde se estrenó en 1966. El compositor había retocado la partitura quitando y poniendo un intermezzo, ‘El juicio de Calíope’, una pieza grotesca. La versión que se ofrece ahora en Salzburg  la incluye. El resultado, medio siglo después de su estreno, fue espectacular, con un nivel interpretativo altísimo, muy apreciado por el público.

Cuatro siglos de modernidad

‘L’incoronazione di Poppea’ es una ópera con casi 400 años de vida pero nunca pierde actualidad. Es la historia de una ambición por el poder protagonizada por unos personajes, Poppea y Nerone, sin el más mínimo atisbo de moralidad, entregados a los placeres, y que triunfan contra toda razón. El flamenco Jan Lauwers firma una producción centrada en mostrar cómo la política  va dejando cadáveres por el camino. El suelo del escenario está plagado de ellos en una reproducción artística. El peso de la puesta en escena lo tienen los bailarines del grupo Bodhi Project and Sead que utilizan sus cuerpos de una forma incansable para resaltar coreográficamente las tensiones entre los personajes y el dolor que causan.

La idea es buena, pero al final, el constante y duro movimiento perjudica el desarrollo de las tensiones entre algunos personajes y deja en la penumbra una de las perlas de esta producción. El protagonista musical de esta ‘Poppea’ es un no-protagonista. Es William Christie, que deja la batuta y se transforma en un músico más de Les Arts Florissants, en este caso en una versión muy reducida hecha de pocos solistas y de un bajo continuo amplio en el que él también participa con el clavicémbalo. Christie deja que la música fluya y sean los propios cantantes quienes la marcan. El resultado es una gran experiencia musical. Sonya Yocheva (Poppea) está un poco fuera de papel. Kate Lindsey es un Nerone debidamente histérico. El contratenor Carlo Vistoli da vida a Ottone, y una magnífica Stépahnie d’Oustrac es una Ottavia poderosa en su desgracia.

Tanto Christie como Nagano llegaron por primera vez a Salzburg de la mano de Mortier. Ahora Hinterhäuser los ha reclamado de nuevo.

Otras óperas de este edición del festival que acaba el próximo 30 de agosto plantean también el dilema entre razón y emoción, o racionalidad e irracionalidad, como son ‘La dama de picas’, de Chaikovski, ‘Salomé, de Richard Strauss, o ‘Der Prozess’ de Gottfried von Einem.

‘L’incoronazione di Poppea’, vista el 15 de agosto. ‘The Bassarids’, el 16.

Temas: Ópera

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