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EL ANFITEATRO

Una ópera antigua, pero menos

El Festival de Innsbruck que dirige Alessandro De Marchi presenta 'Didone abbandonata' de Saverio Mercadante

Rosa Massagué

Viktorija Miskunaité (Didone) y Katrin Wundsam (Enea) con miembros del coro en la ópera Didone abbandonata, de Saverio Mercadante, en el Festival de Música Antigua de Innsbruck. 

Viktorija Miskunaité (Didone) y Katrin Wundsam (Enea) con miembros del coro en la ópera Didone abbandonata, de Saverio Mercadante, en el Festival de Música Antigua de Innsbruck.  / INNSBRUCKER FESTWOCHEN / RUPERT LARL

Había un motivo poderoso para asistir al Festival de Música Antigua de Innsbruck (Austria) y era la representación de una ópera del casi nunca representado Saverio Mercadante (1795-1870), de ‘Didone abbandonata’. Había una razón menos poderosa pero que igualmente contribuía al interés y era la presencia del veterano Jürgen Flimm como director de escena. Y había un interrogante, ¿por qué un festival de música antigua programa una ópera que pertenece a otro periodo? Vista la ópera en el Teatro Nacional del Tirol, el primer motivo estaba muy acertado. El segundo, para nada. Y el interrogante sigue abierto.

Mercadante, napolitano, fue condiscípulo de Bellini y contemporáneo de Rossini quien le impulsó a componer óperas siendo también muy prolífico. Compuso más de 60 siguiendo el modelo del compositor de Pésaro. Mercadante hizo dos aportaciones a la ópera que después serían desarrolladas por otros autores y culminarían en la obra de Giuseppe Verdi. Son la fuerte presencia del coro y el haber dotado de gran sentido dramático a los protagonistas.

‘Didone abbandonata’ es la historia de la reina Dido que ha fundado Cartago a cuyas costas llega Eneas, el derrotado héroe de Troya. Surge el amor entre ambos, pero el troyano acata la llamada de los dioses que le envían a fundar una nueva ciudad y abandona a Dido, lo que es aprovechado por el rey moro Jarba, pretendiente de la tiria. Esta le rechaza y el despechado prende fuego a la ciudad. Todos mueren (excepto Eneas que funda Roma, pero hasta aquí no llega la ópera).

El tema de la desgraciada Dido ha sido muy frecuentado en la ópera. A finales del siglo XVII Henry Purcell estrenaba la suya en Londres. El poeta Pietro Metastasio escribió un libreto sobre los desgraciados amores de la tiria y el troyano que fue utilizado en al menos 60 óperas distintas durante el siglo XVIII. La ‘Didone abbandontat’ de Mercadante fue una de las últimas que lo utilizó aunque debidamente modernizado por Andrea Leone Tottola (que sería libretista de Rossini)  porque el libreto original ya tenía un siglo de vida.

Y esta es la explicación que da Alessandor De Marchi, director del festival tirolés y director musical de esta ópera al frente de su formación barroca Academia Montis Regalis, la de la relación musical existente entre el siglo XVIII y el inicio del romanticismo a principios del XIX a través del libreto de Metastasio. De Marchi decía en una entrevista que un festival debe ofrecer cosas distintas. Si bien es verdad que las fronteras temporales son siempre flexibles, la que propone lo es excesivamente para un festival que en sus cuatro décadas de historia ha hecho grandes contribuciones a la investigación y difusión de la música y antigua barroca de la que quedan todavía tantas cosas por descubrir.

De soprano ligera a dramática

Musicalmente ‘Didone abbandonata’, estrenada en Turín en 1823, es una obra en dos actos que depara sorpresas muy agradables. Sigue habiendo el recitativo ‘secco’ propio de la época, pero ya muy recortado. La presencia del coro es notabilísima y ciertamente anticipa a Verdi. Además de las arias hay unos concertantes magníficos. Los personajes están muy definidos. El de la protagonista, por ejemplo, que pasa de la alegría despreocupada del enamoramiento con una vocalidad de soprano ligera y acaba en una dramática ‘spinto’ cuando todos la han abandonado desde Eneas que se ha ido, su hermana Selene que la ha sido infiel, Jarba que la ha insultado, y el confidente Osmida que la ha traicionado.

Jürgen Flimm ha convertido este ‘drama musical’ en lo que nada más alzarse el telón parece una comedia fuera de lugar para acabarlo de manera grotesca. Los personajes están dibujados de una forma excesivamente primaria, sin profundidad, primando la violencia. Apenas hay dirección de actores, aunque la figura de Jarba, el rey moro, es la que parece más trabajada con una gestualidad que si primero es ridícula acaba siendo de una gran vulgaridad. La idea escenográfica es una plataforma de cemento giratoria en un edificio en construcción, de la que sobresalen unos hierros forjados (más adelante aparecerá una hormigonera) en un escenario abierto y un constante lanzamiento de humo como telón de fondo.

El coro, cuando se trata de tirios o troyanos, va disfrazado como soldados de la legión extranjera francesa con el típico quepis como un ‘Beau Geste’ pasado por el humor de Gila, y cuando son soldados del rey moro, con sus turbantes desaliñados parecen salidos del ejército del Mahdi durante el sitio de Jartum.

El haber dirigido un gran festival como es el de Salzburgo o la Ópera de Berlín, o haber firmado producciones en los grandes teatros como ha hecho Flimm a lo largo de su carrera no parece compatible con una propuesta tan pobre y de ideas tan escasas.

El escenario abierto y la plataforma casi siempre en movimiento perjudicaron el rendimiento vocal de los cantantes. Destacó la soprano Viktorija Miskunaité en el papel de Didone con las mutaciones de carácter que reclama el papel bien resueltas. La mesosoprano Katrin Wundsman fue un buen Eneas. Completaban el reparto Carlo Allemano (Jarba), Pietro di Bianco (Osmida), Diego Godoy (Aaspe) y Emile Renard (Selene). Merece una mención especial el Coro Maghini, una formación de Turín, que hizo gala de una gran calidad, con las voces bien empastadas, sin desajustes. La orquesta especializada en el barroco se desempeñó bien en esta obra de otro tipo de repertorio con la salvedad de varias imprecisiones en los metales.

Ópera vista el día 12 

Temas: Ópera

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