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EL ANFITEATRO

Una mágica noche madrileña en el Tirol

La Accademia Ottoboni interpreta 'Musica notturna delle strade deiMadrid', de Boccherini, en el Festival de Música Antigua de Innsbruck

La Accademia Ottoboni interpreta Musica notturna delle strade di Madrid, de Boccherini, en la Sala Española del castillo Ambras, en Innsbruck.

La Accademia Ottoboni interpreta Musica notturna delle strade di Madrid, de Boccherini, en la Sala Española del castillo Ambras, en Innsbruck. / INNSBRUCKER FESTOWOCHEN / LEA KURZ

El peso de los Habsburgo que reinaron mucho en Austria y menos en España, es muy presente en Innsbruck, la capital del Tirol. La espectacular Sala Española del castillo renacentista de Ambras empequeñece al visitante con sus paredes recubiertas de retratos a tamaño natural de los 27 gobernantes tiroleses, coronados cada uno de ellos con una cornamenta de venado. Luigi Boccherini fue sirviente de la corte española. No de los Habsburgo, pero sí de los Borbones. Las cuatro paredes recubiertas de pinturas se hicieron oscuridad para su ‘Musica notturna delle strade di Madrid’ interpretada por la Accademia Ottoboni dentro del Festival de Música Antigua de Innsbruck. Lo hicieron con la sala totalmente a oscuras, solo con las luces que iluminaban las partituras de los músicos. El resultado fue mágico.

Boccherini llegó a España en 1768, con 25 años, en donde vivió hasta su muerte a los 62. Fue uno de los protagonistas de la España ilustrada bajo Carlos III. Desde Madrid o desde Arenas de San Pedro (Ávila) a donde acompañó en su exilio al infante Luis Antonio, hermano del rey, a quien servía, el compositor italiano aportó novedades a la música de cámara del clasicismo. Consumado violonchelista, sus mayores innovaciones fueron el quinteto de cuerdas con la variante de doblar aquel instrumento (compuso más de cien), y la inclusión de la guitarra gracias al patronazgo del marqués de Benavent, el noble catalán aficionado a dicho instrumento que le encargaba piezas para su lucimiento y para quien compuso una serie de quintetos de cuerda con guitarra.

‘Musica notturna delle strade di Madrid’ fue escrita lejos de la corte, en la localidad abulense, en 1780, seguramente desde la nostalgia por el bullicio matritense. Es una obra programática que describe lo que su título indica, unas escenas nocturnas que empiezan con el tañido de unas campanas en la hora del Ave Maria, y sigue con el tambor del cuartel militar; el paso de unos mendigos ciegos; el rezo del rosario; el desparpajo de unos chulos madrileños, Los Manolos, que pasean por la calle, y acaba con la retirada de la guardia nocturna, la célebre ‘Ritirata’.

La obra se hizo famosa en vida de Boccherini, pero el compositor consideraba que no era indicada para ser publicada porqué según él: «La obra es absolutamente inútil, incluso ridícula, fuera de España, porque el público no puede esperar entender su significado, ni los artistas que la desempeñan cómo debe ser interpretada». La obra se publicó en Berlín en 1822, casi 20 años después de su muerte.

La formación romana Accademia Ottoboni y el público que llenaba la Sala Española de Ambras demostraron lo equivocado que estaba el compositor. El concierto, dedicado todo a la obra de Boccherini, había empezado con un divertimento para flauta, dos violines, viola y dos violonchelos y siguió con dos quintetos, uno para guitarra y otro para flauta. Hasta aquí, todo bien. En realidad, muy bien. Afinación, ritmo, transparencia, dinámicas, todo estaba en su sitio. Pero el concierto ganó más altura todavía con el 'Quinteto para guitarra, dos violines, viola y violonchelo', G. 448, conocido como ’Fandango’ porque su último movimientos es eso, un fandango, acompañado de castañuelas.

La culminación llegó cuando se apagaron las luces para interpretar la ‘Musica notturna’ en do mayor. La versión más conocida de esta obra es la que el propio compositor hizo para cuarteto de cuerda y guitarra. La Accademia Ottoboni optó por la original, el quinteto para dos violines, viola y dos violonchelos, G 324. En el ambiente oscuro y bastante caluroso, la formación transportó al público a un balcón de Madrid desde el que escuchar el discurrir del final de una noche también calurosa que acaba con el sonido primero lejano de la guardia nocturna, luego más cercano, para alejarse de nuevo y desaparecer. Pura magia.

El concierto tuvo lugar el día 11.

Temas: Música