Ir a contenido

crónica de DANZA

La frialdad siberiana del mito Zajarova

La gran bailarina rusa debuta en Catalunya con una ejecución perfecta de 'Amore', en el Festival de Peralada

Valèria Gaillard

Svetlana Zajarova, durante un momento de su actuación el lunes en el Festival de Peralada. 

Svetlana Zajarova, durante un momento de su actuación el lunes en el Festival de Peralada.  / EFE / Robin Townsend

Era para frotarse los ojos: un mito viviente de la danza, Svetlana Zajarova, en el escenario del Festival Castell de Peralada, ante las narices, a tocar de las manos, un lunes de agosto, concretamente el día 13. La sensación de acontecimiento en la primera visita de la bailarina a Cataluña flotaba en el ambiente y la expectación era máxima. Y, como pasa a menudo cuando las expectativas son tan altas, la realidad se queda rezagada. Zajarova es la quinta esencia de la escuela rusa y tiene un talento natural para los papeles dramáticos de mirada baja y expresión doliente. Su físico atlético, con unas extremidades quilométricas y etéreas, es su principal valor. Destacan el elegante trabajo del torso, unas extensiones vertiginosas y unos ‘développés’ de juzgado de guardia. Cuando baila recuerda las proezas de la gimnasia rítmica. Pero, claro, la danza no es solo técnica y virtuosismo, es también expresión, y aquí se echa de menos la fuerza, el nervio que espolea el genio. Zajarova es una bailarina perfecta, de esto no hay duda, pero emana una frialdad algo siberiana. 

Juguetona y pícara

Dicho esto, el espectáculo giraba todo él alrededor de la protagonista, que se supo rodear de un grupo de buenos bailarines (las cinco bailarinas, del mismo aspecto arácnido que la diva, apenas pisan el escenario). Las dos primeras obras presentan un trío amoroso –‘Francesca da Rimini’ y ‘Rain before it falls’– en las que Zajarova se mueve en el registro dramático que domina. Pero mientras que en el primero se percibe un desajuste entre la intensidad de la música (de Chaikovski) y la del baile (de Possojov), en la segunda, la bailarina vibra junto al veterano Patrick de Bana, que coreografió la obra expresamente para ella. La última pieza, ‘Strokes through the tail’, de Marguerite Donlon, es un ‘divertimento’ al ritmo de Mozart. La ucraniana se acompaña de cinco bailarines fantásticos del Bolshoi que representan las notas traviesas de la partitura, y emerge tímidamente otra cara de la artista, juguetona y pícara. Este es el ‘Amore’ de Svetlana en Peralada: un espectáculo de calidad con una gran dosis de divismo que empuja a cuestionar el trabajo de la escuela rusa, centrado en una exigencia y un rigor extremos a nivel físico que, a veces –no siempre– diluye la personalidad del intérprete.

0 Comentarios
cargando