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CITA CON LA IMAGEN

Xavier Miserachs, el ojo de la Costa Brava

La Biennal de fotografía de Palafrugell dedica una muestra al autor de las instantáneas más icónicas del Empordà de los 60

El fotógrafo recorrió el litoral de 1958 a 1966 y documentó los cambios provocados por la llegada del turismo de masas

Natàlia Farré

Carteles de ofertas de cruceros en la playa de Tossa de Mar, en 1965. 

Carteles de ofertas de cruceros en la playa de Tossa de Mar, en 1965.  / XAVIER MISERACHS

Xavier Miserachs (1937-1998) y Costa Brava van unidos. Mentar uno es casi mentar el otro y viceversa. No en vano, uno de los trabajos más conocidos del fotógrafo es un fotolibro con 155 imágenes, prólogo de Josep Pla y escritos de Manuel Vázquez Montalbán y Peter Coughtry, que muestra cómo el turismo de masas invadió las playas del Empordà allá por la década de 1960. Lo que eran pueblos de pescadores tocados por la tramontana se convirtieron de la noche a la mañana en objeto de deseo de hombres y mujeres ataviados con menos ropa que los lugareños y que, a diferencia de estos, no buscaban la sombra sino que se pirraban por el sol. Llegaron los turistas, los biquinis, las cremas solares, los utilitarios y el ladrillo. Y los contrastes entre la vida tradicional y la modernidad que se imponía. Un ‘show’. El ‘show’ de la Costa Brava. O el ‘Costa Brava Show’, que así es cómo título Miserachs el libro.

Camino de ronda

Un documento publicado por la Editorial Kairós en 1966 que pasa por ser uno de los fotolibros más importantes de la historia de la fotografía del país, y un gran trabajo documental sobre cómo los cambios en el consumo llegaron a la pacata España franquista de la mano de la popularización del turismo y de los veraneantes de allende los Pirineos. Hay cierto neorrealismo en las imágenes pero lo que hay es, sobre todo, ironía y el peculiar sentido del humor de Miserachs. El libro ha ligado el nombre del fotógrafo con la Costa Brava para siempre, por supuesto, pero no es ni mucho menos lo único que relaciona al artista con la zona. Miserachs adoraba ese pedazo de litoral. Playas y pueblos que conocía de sus veraneos adolescentes en Sant Feliu de Guíxols, en casa de unos amigos, y de sus escapadas juveniles a Cadaqués, refugió por excelencia de la ‘gauche divine’ de la que Miserachs no solo formó parte sino que también fotografió. Ya de adulto compró Can Vilanova, en Esclanyà, cerca de Palafrugell pero municipio agregado a Begur, y también de adulto montó una tienda de fotografía en Llafranc.

Imagen tomada en Roses en 1965. FOTO: XAVIER MISERACHS

Por Palafrugell se paseó largas temporadas. De hecho, allí se instaló, en Esclanyà, a partir de la década de los 80. Y en Palafrugell le querían. No por su renombre sino por su sencillez, simpatía y bonhomía. Tanto es así que el camino de ronda entre Calella y Llafranc lleva su nombre. Y tanto es así que desde su repentina muerte en 1998, con solo 61 años, se celebra una bienal en su honor. Primero hubo un funeral en la plaza de su pueblo de adopción: amigos, copa de cava, jazz y parlamentos. Así lo quiso Miserachs. Y al año hubo exposición homenaje: sus obras y las de sus colegas. Ahí estaban las fotografías de Colita, Català-Roca, Maspons, Pomés... De esta manera improvisada empezó la cita fotográfica que este año cumple 10 ediciones: la Biennal de Fotografia Xavier Miserachs. No es el único aniversario, también se celebran los 20 años de la muerte del fotógrafo.

En moto y con la Leica

Tanta efeméride ha llevado a los organizadores de la cita (Maria Planas, Enric Bruguera y Lluís Català) a romper una norma no escrita y dedicar una de las muestras del encuentro a Miserachs. De hecho es la segunda exposición con imágenes del maestro que programa la bienal: en el 10º aniversario de su muerte también hubo homenaje con retrospectiva incluida. Ahora, como no podía ser de otra manera, la muestra reúne una selección de fotografías de la serie ‘Costa Brava Show’. Veinticuatro imágenes que respetan el formato y el encuadre que Miserachs escogió para su publicación, y que muestran los contrastes y el impacto que el turismo producía en unas poblaciones aún tradicionales. Una mirada muy personal y muy diferente a las proyectadas hasta el momento. Tiempos en que los objetivos enfocaban el paisaje y el tipismo. Las postales de siempre. Miserachs dio la vuelta a todo esto buscando a las personas y todo aquello que pasaba inadvertido a las cámaras: multitudes en la arena, edificios a medio construir, publicidad a gogó, precarios chiringuitos, carteles taurinos y pescadores faenando.   

Un hombre y un policia municipal paseando por Tossa de Mar, en 1965. FOTO: XAVIER MISERACHS

Tampoco fijó su mirada en los famosos que en esa época poblaban la costa. Se relacionó con ellos, desde Carmen Amaya hasta Salvador Dalí, pasando por La Chunga, el Gitano de la Costa Brava y Albert Puig Palau, el ‘Tío Alberto’ de la canción de Serrat, pero no los convirtió en protagonistas de la serie de instantáneas de la Costa Brava. Ciento cincuenta y cinco publicadas pero más de 4.000 disparadas. Lo hizo en ocho veranos recorriendo la costa de norte a sur, de Cadaqués a Blanes. De 1958 a 1966. Y lo hizo con su moto y su Leica. El resultado fueron "las mejores [fotografías] que se han hecho sobre lo que suele llamarse la Costa Brava". O eso dejó escrito otro de los grandes conocedores de la zona: Josep Pla. 

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