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CRÓNICA

Estopa, superhéroes de barrio en Porta Ferrada

Los hermanos Muñoz ofrecieron un arrollador concierto en Sant Feliu de Guíxols en su única actuación de este verano en Catalunya

Jordi Bianciotto

Concierto de Estopa en el festival de Porta Ferrada, el domingo por la noche

Concierto de Estopa en el festival de Porta Ferrada, el domingo por la noche / XAVIER CASALS

Ya sea en la gira promocional de un disco o fuera de temporada, en invierno o en verano, caigan chuzos de punta y luzca el sol, Estopa logra, como quien dice chasqueando los dedos, que su gente cierre filas cada vez que anuncia uno de sus conciertos. Que, últimamente caen con cuentagotas: solo seis este verano, entre ellos el que ofrecieron este domingo, único en tierras catalanas, en el recinto de mayor aforo del Festival de la Porta Ferrada, el Guíxols Arena, al que acudieron 5.800 personas según la organización.

Introducción hard rock de la vieja escuela y ‘Cacho a cacho’, “gramo a gramo”, David y Jose Muñoz acelerando el paso rumbo a ‘Vino tinto’ y anunciando un concierto de guion “no especificado en la revista ‘Science’”, bromearon. Repertorio maquiavélicamente pensado para poner el recinto del revés, con un atracón de éxitos y algunas curvas cerradas en forma de canción menos transitada pero vitoreada por el sector más ‘connaisseur’ de la afición: de ‘Pastillas para dormir’, con su doble ración de estribillos envueltos en palmas (“amunt la rumba catalana!”) a un ‘Nasío pa la alegría’ que David Muñoz tuvo a bien adaptar a la sensibilidad familiar de la concurrencia. “Aquí al final decimos ‘a follar’, pero como hay niños no lo hemos dicho”.

Recesos emocionales

Y qué decir del diálogo de puertas adentro de ‘Hemicraneal’, medio tiempo volcado “en un vaso vacío”, en contraste con el subidón de ‘Tu calorro’ y ‘La raja de tu falda”, con las guitarras españolas aleteando y la multitud alborotada y disponiendo el televisivamente conocido como “efecto fideuà”. “Nosotros somos poco impresionables, pero ustedes nos han visto desde que nacimos”, suspiró David, que después de otros sustanciosos recesos, con la enigmática ‘Mundo marrón’ y el desolador ‘momento Jose’ de ‘Ya no me acuerdo’, se puso las ‘Gafas de rosa’ para ironizar con los apoyos al “partido impopular”. De ahí a ‘El del medio de Los Chichos', a través de su introduccion con suspense, tenso rasgueado de guitarra de Jose y la desesperada invocación onírica de David.

Nadie diría que han estado un año sin dar conciertos: allí había naturalidad, conocimiento íntimo de cada inflexión del repertorio y bastante cachondeo, como cuando Jose se refirió al “festival ese de Ponferrada”. Mucha complicidad con los músicos y con sus orígenes: “el barrio de la Trini” en el caso de Nacho Lesko, el teclista, que David comparó con Cornellà. “Hay algo ahí, algo periférico”, destacó dándole luego la vuelta a la idea y proclamando Barcelona como “periferia de la Trini y de Cornellà”.

Fans 'destrangis'

De hecho, las canciones de estos 'superhéroes de barrio', como diría Kiko Veneno, sonaron más allá de los límites del Guíxols Arena: las siguieron, como dirían ellos, ‘destrangis’, vecinos de la zona arremolinados en atalayas cercanas o, algunos, sentados en ciertos balcones con vista directa al escenario. “Como en casa en ningún lado, ¿verdad, colegas?”, bromeó David observando el festín que estos se habían montado en la zona ‘vip’ de su salón.

Y así, con ‘Me falta el aliento’ y ‘Fuente de energía’, rockeando y rumbeando, fundiendo pensamientos íntimos y locas historias, los Muñoz caminaron a ritmo ligero hacia un bis que abrieron a solas, como en los viejos tiempos, recorriendo ‘Mi primera cana’, ‘Bossanova’ y ‘Demonios’. Propina que, tras ‘Ojitos rojos’, tocó techo con su clásico de clásicos, ‘Como Camarón’, la pieza que cierra los repertorios de Estopa “desde el concierto número cero”, quizá porque, además de ser una canción arrolladora, es la brújula de la que nunca se querrán desprender.

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