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CRÓNICA

Cécile McLorin Salvant, teatro del bueno

En el Barts, la joven figura de jazz cantó cada canción como si la hubiera vivido

Roger Roca

Cecile McLorin, en su concierto en la sala Barts, este miércoles.

Cecile McLorin, en su concierto en la sala Barts, este miércoles. / FERRAN SENDRA

Da cuatro pasos, se acerca al borde del escenario y su voz se hace cómica, burlona. Cuatro pasos atrás, otra vez en el centro de la escena, y la voz es otra vez firme. Parece que quien canta sea otra persona. Y no es teatro, es un concierto, pero Cécile McLorin Salvant sería una actriz de primera. Tiene una voz extraordinaria, claro. Llega a donde quiere y como quiere. Pero lo que hace especial a la joven cantante de Miami, ganadora de dos Grammy en los últimos tres años y figura del jazz por derecho, es que cuenta historias. Solo que lo hace en forma de canciones.

Muchas las ha encontrado en el repertorio clásico del jazz y las ha hecho suyas como si las hubiera escrito ella misma. Mejor aún, como si las hubiera vivido. Cuando enfila la inocente 'Guess who I saw today', oímos a una chica tímida que no se atreve a declararse al chico que le gusta. La canción se está acabando y la chica tímida de las primeras estrofas se ha envalentonado, le brillan los ojos de otra manera. ¿Se atreverá? ¿Le dirá al chico que está enamorada de él? Lo deja ahí, en suspense, para que imaginemos nosotros el final. 

No es amor sino abuso

Muchas de las canciones que McLorin cantó este miércoles en el Barts, en un concierto organizado por el Grec y el Festival de Jazz de Barcelona, hablan de relaciones amorosas. Preferentemente, de la variedad de amor no correspondido. En 'Wives & lovers', de Burt Bacharach, se asomó a una forma de amor que antes era la norma y que hoy, cantada por ella, se hace incómoda porque suena realmente sexista. Bajo la apariencia de una música amable y armónica McLorin explora roles, relaciones de poder. Incluso explicó ese amor que no es amor sino abuso en una balada tradicional norteamericana, 'Omie Wise', que relata el brutal asesinato de una mujer a manos de su amante y que McLorin interpretó sola, sin el trío que la acompañó perfectamente el resto de la noche. Fue un final de concierto estremecedor. Más aún porque costaba creer que solo un momento antes, y en perfecto español, cantaba 'Gracias a la vida'. Cécile McLorin Salvant tiene dos Grammy pero quizás habría que pensar en darle un Oscar. 

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