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CRÓNICA

María Pagés, pulso victorioso con Cronos en Peralada

La artista sevillana triunfó el viernes con su nueva coreografía 'Una oda al tiempo', un viaje personal, potético y profundo

Valèria Gaillard

María Pagés, vestida de rojo, rodeada de sus bailarines en una escena de Una oda al tiempo.

María Pagés, vestida de rojo, rodeada de sus bailarines en una escena de Una oda al tiempo. / MIQUEL GONZÁLEZ

Circular, como la esfera del reloj o como el péndulo que corona el escenario. Así es el último espectáculo de María Pagés,'Una oda al tiempo', presentado el viernes en el Festival de Peralada. La obra concibe el tiempo como los antiguos griegos, un devenir cíclico que avanza al paso de las estaciones. Un árbol hecho de brazos y manos marca el inicio y el final de este viaje tan personal de la artista sevillana. El árbol representa la tradición que, con sus raíces y ramas, se impone a Cronos. "Tú y yo somos pura euforia, somos el árbol de la memoria".

El tiempo desfila en diferentes cuadros que siguen los palos del flamenco, el primero, marcado por el repiqueteo en aceleración que recuerda el arranque de las locomotoras de vapor. Los cuatro bailaores y las cuatro bailaoras de la compañía corren sobre el escenario para atrapar los segundos que se escapan: ¿Quién no se ve reflejado? 

Estamos ahora en primavera y cuando la lluvia amaina se expande la alegría. Músicos y bailaores hacen un corrío y bromean: "Vivimos rodeados de números, todo es uno, dos, tres". Las bailaoras sacan sus chales en un estallido de color y movimiento. El verano son olas al latido del cajón; una guitarra indolente que gorjea ajena al tic-tac.

Movimientos sabios

Pero el otoño ya está aquí y las flores que llevan las bailaoras caen al suelo, marchitadas. Este es uno de los momentos más impactantes: Pagés –con la cabellera suelta– afronta un solo bajo la luz de un foco mientras la cantaora se lamenta del tiempo implacable que malogra el cuerpo e inocula el miedo por el futuro. Sabia en sus movimientos, y con un poderío que se deshace en ruegos, Pagés es la viva imagen –paradójicamente– de la impotencia. "Mi cuerpo son alas rotas; la calle está vacía". 

Con el invierno llega la violencia, y los bailaores, armados con bastones, se convierten en un ejército, se golpean y caen. Crean instantáneas que recuerdan imágenes de torturas y guerras. Con los acuerdos del 'Lascia qu’io pianga' se forma la Pietà sobre el escenario. "La muerte ensucia las estrellas; el odio es nuestro libro".

Pero en el ciclo vital todo se renueva y el árbol, símbolo de la memoria, cierra el espectáculo con el respiro de la redención. 'Una oda al tiempo' es la propuesta poética y profunda de una bailaora madura que conserva todo su poder –un brío casi masculino de tan salvaje– sobre el escenario. Basada en textos de su marido, el escritor marroquí El Arbi El Harti, desgrana la textura de un tiempo que no juzga, sino que deja fluir para que vaya a su favor, modelando un talento inquieto, cada vez más libre y osado. María la filósofa.

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