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CRÓNICA

Coque Malla, disfrutando del momento

El cantante impuso en Barts el renovado cancionero plasmado en su reciente disco en directo 'Irrepetible'

Jordi Bianciotto

Coque Malla, en la sala Barts

Coque Malla, en la sala Barts / FERRAN SENDRA

Coque Malla vive un momento pletórico y había motivos para acercarse esta semana a sus pases en Barts, un año después de que presentara allí mismo su disco de renacimiento, ‘El último hombre en la Tierra’. Aunque su reciente grabación en directo, ‘Irrepetible’, no aporta canciones de estreno, Malla se ha tomado la molestia de modificar notablemente su repertorio desde entonces: ocho de las 19 canciones del miércoles no sonaron en su visita del 2017.

Y resulta edificante el espectáculo de una veterana estrella del rock sacando pecho y haciendo saber al mundo que después de todo tenía razón. Porque el cancionero de ‘El último hombre en la Tierra’ ha servido a su vez para realzar piezas estimables publicadas en discos anteriores, como ‘El sombrero’, ‘Una moneda’ o ‘Despierto’, que suministraron momentos de intensidad en Barts aunque en su día a aquellos álbumes no se les hiciera mucho caso.

Sutilezas y rock’n’roll

Pero en el centro de la imagen estaban esas canciones marcadas en parte por el influjo de un esteta pop como es Neil Hannon (The Divine Comedy): hacía ahí apuntó ‘La señal’, una inspirada pieza que, como la misma ‘El último hombre en la Tierra’, con su serpenteante melodía de carrusel de feria, apunta hacia un Malla distinto. De cara a su próximo disco, el madrileño deberá decidir si potencia esa línea más delicada o se decanta por su sustrato de rock’n’roll enredado con soul y blues de canciones como ‘Escúchame’ (elegida para abrir el concierto) o ‘Todo el mundo arde’. Quizá siga quedándose con todo a la vez.

Sin los arreglos discográficos de cuerda y metal, el concierto transmitió energía y aspereza. “Vamos a ser vuestra banda de rock’n’roll en los siguientes minutos”, anunció Malla, que modulando su papel de tipo duro con corazón supo combinar las fibras rockeras de ‘She’s my baby’ con la sutileza de ‘Berlín’, y el ritmo troglodita a lo Bo Diddley de ‘Este es el momento’ con un pequeño tramo de recogimiento y taburete coronado por la ranchera tabernaria ‘Hace tiempo’. 

Guiño a Los Ronaldos

Aquí hay recursos para componer canciones de muy variada factura y que suenan con todo ello a Coque Malla. Y ánimo para recuperar con cuentagotas el legado de Los Ronaldos en un aislado ‘Guárdalo’ que, todo hay que decirlo, encendió la sala (“¡hubo una época en que todo el concierto era así!”, exclamó Malla vista la efervescente acogida), y en otro rescate fibroso, ‘No puedo vivir sin ti’, pieza adoptada por la banda en su etapa tardía pero que Malla asocia a su carrera en solitario.

Al final, se diría que el cantante seguía pellizcándose para confirmarse íntimamente que todo aquello real. Perro viejo, sabe de los vaivenes del éxito y de los favores del público, y antes de cerrar con ‘Me dejó marchar’, con las luces de Barts encendidas para que todos nos viéramos las caras, anunció que el grupo tardaría en volver (su próxima gira, ya con disco nuevo, no llegará hasta principios del 2020) al tiempo que deslizó una petición prudente con velados aires de súplica: “¡No nos olvidéis, por favor!”.

Temas: BARTS