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FESTIVAL GREC

'Belgian Rules', la patria según Jan Fabre

El polifacético creador estrena 'Belgian rules' en el Lliure, "una crítica declaración de amor" a su país, de cuatro horas de duración, cargada de ironía

Marta Cervera

Jan Fabre, en el Teatre Lliure.  

Jan Fabre, en el Teatre Lliure.   / ELISENDA PONS

Cuando hace unos años en Europa se empezó a distinguir el auge de los nacionalismos de ultraderecha el polifacético director Jan Fabre (Amberes, 1958) gestó ‘Belgian rules’, una obra de cuatro horas de duración interpretada por 15 increíbles actores, músicos y bailarines de diversas nacionalidades. “La ultraderecha flamenca quería romper mi país y soy probelga”, recuerda el artista, también proeuropeo en un momento "en que muchos parecen olvidar que la construcción de Europa ha permitido 70 años de paz". El espectáculo ha sido premiado en muchos países, menos en el suyo. El montaje, uno de los platos fuertes del Grec, recala en el Teatre Lliure este viernes y sábado.

"'Belgian rules' es una crítica declaración de amor a mi país", dice Fabre. Humor, ironía y denuncia se mezclan en este montaje de aire surrealista que revisa la historia y está lleno de guiños a famosos cuadros pintados por artistas belgas. Sus cuatro horas de duración no son nada comparadas con la polémica bacanal de ‘Mount Olympus’, una brutal inmersión en las tragedias griegas que dura un día entero.

Pero volvamos a Bélgica. “Somos un pequeño país bastante surrealista. Con flamencos, valones, una pequeña parte de alemanes, cada uno con su televisión, su radio, sus políticos... Tenemos la mayor cantidad de ministros imagino. Es kafkiano, pero a la vez estas tres comunidades dan ese aroma común de los belgas”, señala Fabre.

El montaje repasa todos los clichés: desde la afición a las patatas fritas y la cerveza a las bandas de majorettes, el ciclismo y la colombofilia. Desde la afición a dialogar para buscar acuerdos a subvertirlo todo en Carnaval. Pero también descubre otra cara, la de un país con 170 años de historia con un pasado colonial en el Congo y una estrecha relación con la venta de armas.

'Beligian rules’ también es “una declaración política”. Aunque el amor de Fabre por Bélgica no es ciego, pues conoce perfectamente los puntos fuertes y débiles de una patria que ama con todas sus contradicciones. “Mi país es fantástico. Solo hay dos o tres extremistas de derechas pero, aparte de eso todo funciona. ¡Si tenemos el récord de estar sin Gobierno y no pasó nada!", bromea.

Agredido mental y físicamente

Al cabo de un rato, en la misma rueda de prensa, reconoce sus problemas con los extremistas flamencos, nacionalistas de ultraderecha que le agredieron mental y físicamente. “La primera vez fue hace 15 años, tras la instalación ‘Heaven of Delight’ en el Palais Royal de Bruselas. En seis meses tuve que cambiar de dirección cinco veces", recuerda. "Hace dos años me pegaron porque había sacado una película que recoge mi trabajo”. No le hacen ninguna gracia, pero no lograrán apartarle de su filosofía: “Ser artista comporta la responsabilidad de ser independiente. Nunca represento una ideología en mis obras pero cuando me entrevistan sí me posiciono y siempre a favor del color de la libertad".

Son muchos los palos que toca la obra, que también incluye una reflexión sobre qué es el teatro. ¿Qué significa para él? “Como artista plástico mis obras se cotizan más cada día y sería más rico si solo me dedicara a ella. Pero en el teatro hay pasión. Han pasado 40 años y si sigo trabajando con la compañía es porque me encanta esa entrega y generosidad de los actores y bailarines”. Han dedicado seis meses a crear esta pieza, un gran trabajo de equipo con Johan de Boose, autor del texto, y los compositores Raymond Van Het Groenewoud y Andrew Van Ostade, percusionista y también actor de la compañía. “Me gusta el teatro porque es el arte de lo efímero, algo que requiere su tiempo y que reúne a la gente. Está alejado de la rapidez e instantaneidad de lo que se lleva en Instragram, Twitter y Facebook".