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ESTRENO EN CATALUNYA

María Pagés se alía con el tiempo en Peralada

La coreógrafa sevillana se enfrenta al inexorable paso de los años en 'Una oda al tiempo', su aclamado último espectáculo

Marta Cervera

María Pagés en una escena de Oda al tiempo, su nuevo espectáculo.

María Pagés en una escena de Oda al tiempo, su nuevo espectáculo. / DAVID RUANO

El tiempo, infalible e inexorable, centra la nueva propuesta creativa de María Pagés, su acalamdo 'Una oda al tiempo'. Su estreno en Catalunya será este viernes, en el Festival Castell de Peralada, un espacio de sobras conocido por la magnífica bailarina y coreógrafa sevillana.

A sus 54 años, Pagés ha querido reflexionar sobre las diferentes aspectos relacionados con el paso del tiempo en uno de sus espectáculos más ambiciosos. Acompañada de cuatro bailaoras, cuatro bailaores y siete músicos en directo, medita sobre lo efímero y lo eterno. La memoria del flamenco y los pasos hacia el arte del mañana se mezclan en una propuesta surgida de un trabajo profundo y con muchas capas.

'Utopía', un  espectáculo anterior,  terminaba con un poema de Charles Baudelaire sobre la idea de la eternidad. 'Una oda al tiempo' sigue esta senda. También el momento vital de la aclamada artista se cuela en la dramaturgia de El Harbi El Harti, su principal colaborador tanto en sus proyectos artísticos como en la vida, y en la música creada por su guitarrista de cabecera, Rubén Levaniegos, que intercala palos flamencos con melodías de Vivaldi y Händel.  

No es su pieza más intelectual, aunque sí la que más periodo de reflexión y ensayos ha necesitado. Es una propuesta muy elaborada, llena de detalles y referencias tanto en la coreografía como en la música y los textos. "Estuvimos seis meses ensayando con los bailaores, que es un hito para una compañía privada". Afinaron movimiento, música, sonido y luces trabajando un mes en el teatro Tomás y Valiente de Fuenlabrada. Todo un lujo para una compañía que aún no dispone de sede estable pese a su gran proyección. 

"La pieza muestra muchos registros. Tocamos hasta doce palos diferentes". Los intérpretes juegan con el tiempo. Bailan a cámara lenta en alguna escena, en otras de forma muy rítmicas. Taconean con y sin zapatos, utilizan mantones, bata de cola y hasta bastones en un número lleno de intensidad.

"En danza el cuerpo es el instrumento pero el alma es más rica a medida que pasan los años. Al contrario que el físico, baja menos y gana en valor"

María Pagés

No todo el mundo logra relacionarse bien con el tiempo, aunque no parece ser su caso. "El tiempo es un aprendizaje constante", afirma. Recomienda no luchar contra él, sino asumirlo "como elemento de transformación, como parte de la vida y no como algo que se te pone en contra porque no lo puedes parar". Imposible modificarlo, viajar hacia atrás o intentar avanzar más rápido. En este sentido este nuevo trabajo le ha servido para madurar. "Hay que acompañar al tiempo. No sabemos valorar la experiencia. En la danza el cuerpo es el instrumento pero el  alma es más rica a medida que pasan los años. Al contrario que el físico, con el tiempo baja menos y gana en valor".

Vida y muerte se unen en este viaje en el tiempo que Pagés emprende en este espectáculo circular para mostrar que todo surge de algo.  "Sin tradición no hay modernidad", recuerda. Escénicamente se empapa de imágenes y músicas relacionadas con la naturaleza, otro elemento que el ser humano no puede controlar. "Vivimos de una manera frenética y nos despegamos de la naturaleza como si fuera una cosa que tenemos superada. El ser humano es muy pretensioso y vanidoso. Vive como si no estuviera sometido a ella cuando es algo enorme y superior. Por eso no la valoramos y la contaminamos. ¡Dentro de poco habrá más plástico que peces en el mar!".

Tal vez desarrollará esta idea en su próximo espectáculo.

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